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El Majadero -25/12/2010 - Actualizada a las 21:04

El deterioro de la joya de la corona de Telde

La ciudad echa abajo su imagen de cara al exterior
Puede que sea una majadería más de las que se nos viene a la mente de vez en cuando, como también puede ser, que no tenga razón alguna para pensar mal y sentir repulsión ante lo que veo cotidianamente.Puede que no sea justo hacer estados comparativos entre unos grupos de gobierno de legislaturas anteriores y el que ahora nos mangonea, perdón… nos gobierna o nos estafa.
 
Pero lo que si es cierto, es que los refranes suelen ser como versículos de la Biblia, pletóricos de razón y sabiduría, siendo este el motivo por el cual para encausar esta crónica, sin que ello suponga una majadería, tomamos aquel que versa:… “Otro vendrá que bueno me hará”.
 
No es menos cierto aún, que cuando esta crónica sea leída por aquellos a quienes afecta directamente su contenido, éstos queden tal cual, en el molde, sin inmutarse, o sea, como si con ellos no fuera la cosa, ya que, a fin de cuentas es el pueblo el que paga sus sueldos y sus caprichos, como es también el mismo pueblo el que sufre la vergüenza de la imagen que se da al exterior, a los turistas o simple y llanamente a cualquiera que nos visite.
 
Recuerdo que hace algo más de una década, era muy fácil oír fuera de nuestro municipio alabanzas y críticas constructivas o cuando no positivas, respecto a nuestros parques, jardines, rotondas o plazas, respecto a la belleza que les tipificaba y a la limpieza que les caracterizaba. Telde, se mentaba como una hermosa ciudad ideal para vivir por su estratégica situación geográfica, limpia y bonita, con un pujante crecimiento urbanístico y de un clima benigno ameno y sano.
 
De todo ello, sólo nos queda la situación geográfica que no han podido cambiarla y el clima benigno, que a veces, con esto de la negativa incidencia medioambiental en el planeta, también a veces nos la juega, pero que de ello no podemos culpar a nadie en exclusiva, dado que la responsabilidad es de todos nosotros.
 
El punto de partida, casualmente se sitúa en la declaración de “Gran Ciudad” y todos los fastos que al respecto se perpetraron, que ni fueron pocos, ni económicos, aunque seguimos sin saber para que rayos se hicieron y menos aún por qué tuvieron que suponer una suntuosa inversión económica protocolaria, cuando bien se pudo mitigar parte de la deuda que ya existía y que hoy nos ahoga.
 
Lo cierto es que, te das un paseo por cualquier sitio que pueda tener la consideración de espacio de dominio público y te avergüenzas de decir que eres de Telde, sientes repulsa ante la suciedad, la falta de cuidado o el maltrato sufrido por parte de los vándalos urbanos en unos espacios que nos pertenecen a todos los ciudadanos y que nuestros políticos someten a un total abandono, con dejación de sus obligaciones, dando un claro ejemplo de la inoperancia, incapacidad e incompetencia en el ejercicio de las funciones propias del cargo que ostentan y por cuyo motivo cobran mensualmente algo más que cinco padres de familia juntos, siempre y cuando éstos no estén cobrando el paro, ya que, en ese caso habría que hacer otros cálculos numéricos y multiplicar por no sé cuánto.
 
Las fuentes que no funcionan con aguas estancadas y malolientes, la basura cubriendo los parterres (hojas secas, plásticos, latas de refrescos, falta de poda en palmeras y otros árboles…), los graffitis de los gamberros de turno, las bolsas de basura llenas y arrimadas a un lado, como si no hubiera dado tiempo a retirarlas dentro de la jornada de trabajo, mobiliario urbano destrozado y otras tantas muestras de abandono es la imagen que nuestra Gran Ciudad ofrece hoy a los visitantes. Que conste que no son hechos puntuales, han prevalecido las dos últimas semanas y algunos datan de hace más de seis meses, para nuestra vergüenza, aunque estoy seguro que no es la misma vergüenza de todos, los hay que no la tienen, es decir que son unos sinvergüenza.
 
Tenemos nuestra particular opinión respecto a qué carajo pinta un segurita en estos espacios de dominio público si los gamberros campan a sus anchas, sin nadie que les denuncie por destruir lo que se construye con nuestros impuestos y más aún, si su sueldo se paga desde la misma caja, ayudando a mantener la obesidad y el acomodo de los que hace gala, culpando a no se quién de los desmanes que allí se cometen, como sin con él tampoco fuera la cosa. Creo que cuando se paga por algo, se debe exigir sin excusa alguna todas las garantías al respecto, ya que, en caso contrario la nefasta gestión de lo público parece más un cachondeo o cuando no un compadreo. No pensamos en la estafa a la propia honestidad.
 
Lo real es que se han dejado deteriorar los parques, los jardines, las zonas verdes y en general los lugares de dominio público, donde la tónica predominante es el abandono, la suciedad o la rotura de mobiliario urbano, que se ve fomentada o amparada por la incompetencia de aquellos que debieran precisamente velar por su conservación y/o protección, dado que es algo de todos nosotros y que ellos han sido elegidos para su correcta gestión. No vale echar la culpa al grupo de gobierno anterior, ni aquel a su antecesor. Tampoco es de recibo culpar a una empresa que ostente la encomienda de gestión de dichos servicios, ya que, la misma es el nido donde moran sus enchufados y adeptos prebendados.
 
Encima cobran lo que cobran por el cargo que ostentan y que en ningún caso se corresponde dentro del mundo laboral con la titulación que pudieran tener o de la cual simplemente carecen. Esta última aseveración me da pie a hacer referencia a los que les hacen la corte, ya sean Asesores, Personal de Confianza o confianzudos en general, quienes disfrutan la prebenda electoral de la campaña pasada, en la cual seguramente se vieron pegando carteles o repartiendo propaganda, labor por la cual ahora se ven recompensados cobrando más sueldo que los funcionarios de carrera y ocupando puestos similares a los empleados públicos, pero sin haber hecho la oposición correspondiente, es decir de forma dictocrática o lo que es lo mismo… a dedo, como en los mejores tiempos de la anterior dictadura franquista que ellos mismos han criticado hasta la saciedad.
 
Lo que es espeluznante, es que estas personas, llegado el momento de un cambio en el grupo de gobierno, seguramente denunciaran al Ayuntamiento y pedirán el puesto de trabajo como empleados públicos, mediante el procedimiento de la “denuncia previa”, dando el salto desde una de esas tantas empresas creadas para justificar su enchufe a la plantilla municipal, engordando así las nóminas que se han de pagar mensualmente con nuestros impuestos. Casos como éstos se ven todos los días y hace bien poco se han resuelto algunos que procedían del anterior grupo de gobierno, con lo cual se me viene a la mente otro refrán… “Dime de que presumes y te diré de qué careces”. En menos de seis meses recordaremos a cierto señor que padece de “marianitis aguada”, los argumentos de una de sus crónicas en las que criticaba estas prácticas, por ese entonces las tendrá dentro de su propia casa, con lo cual se ratificará que son todos iguales: los que estaban, los que están y los que van a estar.
 
Llegado a este punto y, ante el cabreo que me agarré estos días al encontrar en el buzón de correo la publicidad electoral de cierto grupo, que claro está… rompí y tiré a la basura inmediatamente para no leer sandeces y mentiras, es cuando se me ocurre revisar el primer refrán, sí… aquel que decía: “Otro vendrá que bueno me hará”…y pienso… ¡Coño!...espero que los que vengan no sean peores que los que están… ¡Dios nos coja confesados!... porque lamentablemente, esa es nuestra imagen al exterior.
 
Pero… de igual forma estoy equivocado, de igual forma veo cosas irreales, de igual forma… es una majadería más de las que solemos tener y, nada de ello sea cierto, la verdad es que nuestra Gran Ciudad es el sitio idóneo para hacer excursiones turísticas por los hermosos Parques, Jardines, Plazas y otros tantos lugares de dominio público, pero dense una vueltita y valoren la incidencia de sus votos en los próximos comicios, por favor tomen conciencia de la responsabilidad que ello lleva implícita, la culpa no es de ellos solamente, ya sabemos como son.