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Canarias -24/11/2022 - Actualizada a las 13:30

Los obispos ven una "bomba de relojería" la presión migratoria que sufre Canarias

En un comunicado alertan de la situación de los menores y jóvenes migrantes extutelados
Los obispos ven una
Jovenes inmigrantes/TA.

 La Conferencia Episcopal (CEE) ha alertado este jueves de la presión migratoria que soporta Canarias, donde viven 2.235 menores tutelados que en poco tiempo van a estar en la calle sin documentación, comida ni trabajo, lo que puede suponer una "bomba de relojería social".

Los obispos de las Islas Canarias han emitido una nota informativa sobre la situación de los menores y jóvenes migrantes extutelados en la que alertan de que solamente en Gran Canaria unos mil jóvenes migrantes cumplen 18 años en los próximos meses, por lo que dejarán de estar tutelados y acabarán en la calle, en muchos casos, sin la madurez, capacitación, ni apoyos suficientes para una vida autónoma y un acceso al mercado laboral.

El obispo de Tenerife, Bernardo Álvarez, ha detallado que el próximo mes de enero al menos mil chavales cumplen la mayoría de edad, ya que al llegar a Canarias sin documentación y no poder comprobar su edad, se puso como fecha de nacimiento el 1 de enero de 2004. "El 1 de enero de 2023 ya tienen 18 años y dejan de estar tutelados por la administración, por lo que les sueltan a la calle".

Jóvenes que no tendrán comida, empleo, ni techo bajo el que vivir en Canarias, donde existe una crisis de paro y una población empobrecida. "Es una bomba de relojería social", ha alertado en un encuentro con periodistas el obispo de Canarias, José Mazuelos.

El prelado ha explicado que ya se empiezan a escuchar discursos de odio hacia la población migrante, ya que cada vez se ven más chavales jóvenes en la calle "deambulando y sin nada qué hacer".

"Es un desafío para todos", ha dicho Mazuelos, que ha emplazado a Gobierno y comunidades autónomas a colaborar para permitir el tránsito de las personas migrantes por España y hacia el resto de países de Europa porque Canarias no se puede convertir en una "cárcel sin muros donde contener a los jóvenes migrantes".

"No podemos estar lanzando jóvenes calle porque luego dirán que son delincuentes y no lo son. Cuando se les da formación, cuando se les prepara, son maravillosos. Esto es lo que tenemos que promover, no un almacenamiento de personas, sino una formación de personas, porque necesitamos a estos jóvenes", ha subrayado.

Por eso, los obispos canarios han pedido al resto de diócesis españolas que, tal y como hicieron durante la crisis de los refugiados ucranianos, se presten a acoger a jóvenes extutelados para ayudar subsidiariamente a las islas en el conocido como proyecto Corredores de Hospitalidad "y despertar así la conciencia de las administraciones públicas".

Y han instado al Gobierno y a las comunidades autónomas a poner los medios para retomar las derivaciones de menores o jóvenes migrantes ex tutelados o en situación de emergencia a programas de inserción en otras regiones. 

 

Nota de los obispos canarios sobre la situación de menores y jóvenes migrantes extutelados

Las Cáritas y los Secretariados de Migraciones de nuestras Diócesis nos hacen saber que la presión en todas las islas Canarias con respecto a los menores no acompañados y jóvenes ex tutelados es cada vez mayor.

 

En cuanto a los menores inmigrantes no acompañados, que son responsabilidad de la comunidad autónoma, según la Dirección General del Menor, son 2.235 los menores tutelados. Al cumplir los 18 años muchos de estos jóvenes, solamente en Gran Canaria unos 1000 y otros tantos en los próximos meses, terminan en situación de calle. En muchos casos, sin la madurez, capacitación, ni apoyos suficientes para una vida autónoma y un acceso al mercado laboral. Sin más plazas de acogida ni posibilidad de abrir más centros o pisos tutelados a corto plazo, la situación en las islas es cada vez más desesperada.

 

Desde las dos Diócesis canarias se favorecen varios recursos para la acogida, el acompañamiento y la inclusión social de jóvenes ex tutelados o no, que se encuentran en situación o grave riesgo de exclusión social. Trabajando con el objetivo de ofrecerles oportunidades que contribuyan a superar con éxito los obstáculos, tanto personales como del entorno, para su plena inclusión social y laboral. Pero tampoco son suficientes.

 

La Iglesia en las Islas Canarias constata con preocupación este gran desafío, agravado por el factor insular y de frontera europea del archipiélago, que puede ser utilizado como cárcel sin muros donde contener a jóvenes migrantes a los que no se les facilita el tránsito a la Península o a otros países de Europa para proseguir su proyecto de vida; sea por su falta de recursos o por las trabas burocráticas a distintos niveles de las administraciones públicas.

 

Como respuesta creyente a esta realidad, inspirados por la Doctrina Social de la Iglesia los obispos de las Islas Canarias, acordamos:

 

1. Instar a los gobiernos y administraciones públicas concernidas, a poner ya los medios para retomar las derivaciones de menores o jóvenes migrantes ex tutelados o en situación de emergencia, a programas de inserción en otras Comunidades Autónomas.

 

2. Inspirados por las buenas prácticas de acogida y coordinación con motivo de los desplazados ucranianos, apelar a la solidaridad del conjunto de la Iglesia española impulsando desde Canarias, con el apoyo de la CEE, el proyecto Corredores de Hospitalidad, que derive en la acogida integral de jóvenes ex tutelados.

 

3. Continuar ofreciendo según nuestras posibilidades una respuesta integral a los menores y jóvenes migrantes mayores de 18 años, para responder a los vacíos del sistema de protección e integración.

 

4. Promover transversalmente en la Iglesia la cultura de la hospitalidad.

 

5. Expresar a las administraciones nuestra disposición al dialogo, junto con otros actores sociales, con el fin de contribuir a todo lo que favorezca procesos integrales de inclusión de los menores y jóvenes migrantes que se encuentran ya en territorio español.

 

Con el deseo y esperanza de que la situación de estos jóvenes migrantes tenga la solución adecuada a su dignidad humana; y para que así sea, les encomendamos a la Virgen María, que también vivió la experiencia - junto a San José y Jesús niño-, de ser familia migrante y refugiada en Egipto.