21/09/2022 - 15:53

El volcán despertó de su letargo

El colaborador Jesús Ruiz Mesa firma este poema

El volcán despertó de su letargo
Imagen de archivo del volcán / EFE
JESÚS RUIZ/Telde

Hace justo un año, cuando en la tarde del domingo 19 de septiembre de 2021, a las 15.12 horas un espantoso rugido con una intensa y densa columna de gases se elevaba sobre las crestas de Cumbre Vieja en la isla de La Palma, la espectacular y dramática escena de fuego, lavas y coladas expulsadas desde aquella primera boca comenzaban a cambiar la fisonomía y perfiles geográficos de la Isla Bonita, La Palma.

 

Se iniciaba la tragedia revestida de cierta curiosidad y peligro inminente por lo que iba a suceder en los siguientes 85 días y 8 horas hasta su definitiva parada eruptiva.

 

Casi sin llamar su flamígero puño golpeó la ladera,

las puertas reventaron y al cielo nubes de gas y polvo ascendieron,

y con salvajes dentelladas erupcionando el fuego de sus entrañas,

como hidra de cabezas gigantes sus bocas hambrientas rugieron,

la roja fiera bestia del abismo vomitaba y entre sus fauces alocadas

arrasaba el bello paisaje del valle en calma, de celeste firmamento.

 

De natural y primigenia cuna de raíces y magma levantada,

la isla se revuelve en su propia sangre de volcán, pino, drago y palmera

bramando en constantes estertores sobre la montaña de muerte herida.

Desolación, terror, huida, las lenguas de calientes coladas, lentas descienden,

desde el averno, Vulcano en su fragua a destajo muestra su poderío.

 

Sobre la mítica leyenda de natural y real esencia de nuestro cósmico hogar,

bajo el atlántico afortunado de la isla bonita, despierta la Cumbre Vieja,

reclama como las otras hermanas su derecho a renacer y crecer,

y de realengo corazón la fuerza anclada al abismo origen de su lugar.

 

Bella, niña de los ojos del Atlante, joven y enamorada de tu destino te ves,

de rocas y basaltos, corrientes de lavas, cenizas, fuegos y malpaíses,

tu piel decoras y como tatuajes del tiempo sobre ti se dibujarán nuevos paisajes,

que devolverán el verde a ese atribulado valle que hoy Benahoare llora.

 

Cerca, las oceánicas aguas como naos deambulan serenas orillando el litoral,

y en las sombras de la noche perdura el rugido de la desafiante antorcha

como faro cumbrero sobre tempestades de ríos y tejares encendidos,

la explosiva descarga del fracturado manto su energía derrocha.

La esperanza de un pronto retorno en llenar los espacios

vitales que el empuje de las escorias no pudo cubrir,

el otoño, sobre el calendario, humilde se dejó caer,

allí, enterrados, quedaron sueños y ventanas por abrir,

pleno de historias, recuerdos e ilusiones perdidas.

Sin más señal, cruz, epitafio, oración y tumba,

las penas y glorias entre ardientes ascuas fundidas,

como hojas muertas se dejaron las gentes del lugar,

y, aún, en el fragor encarnizado de tu naturaleza ígnea,

el ronco y violento geiser de fuego en todo el valle retumba.

 

¡Ay! mi isla bonita, isla verde, hoy lloramos tus desgracias,

el silencio se tornó en llanto y el gigante quebró tu letargo,

tus presagios y premoniciones delataban tus temblores,

dolorosos partos fisuran tu frágil cuerpo por sendero amargo,

acertados en tu secular historia se revelaron tus temores.

 

Isla preciosa occidental de Las Canarias baluarte,

que al universo nos acercas en la noche de los tiempos,

y aunque el fuego funda tu cuerpo perdura tu alma,

más allá del océano del poeta que de ese mar eres parte,

la otra orilla de mejores horizontes con tu sangre regaste.

 

Contigo, nuestras lágrimas de impotencia sufrimos y

mientras dure este episodio de tamaña gravedad,

afloran los sentimientos palmeros de otros tiempos,

fuerza, resignación, lucha y voluntad ante la adversidad,

en la palabra y en la acción nuestra entrega y solidaridad.

Hoy, desde el corazón, a tus pueblos y gentes abrazamos,

y, en este tránsito por este mar de zozobra, juntos navegamos,

isla verde, isla bonita, eternamente, isla de La Palma.

 

Casi sin llamar su flamígero puño golpeó la ladera,

las puertas reventaron y al cielo nubes de gas y polvo ascendieron,

y con salvajes dentelladas erupcionando el fuego de sus entrañas,

como hidra de cabezas gigantes sus bocas hambrientas rugieron,

la roja fiera bestia del abismo vomitaba y entre sus fauces alocadas

arrasaba el bello paisaje del valle en calma, de celeste firmamento.

 

De natural y primigenia cuna de raíces y magma levantada,

la isla se revuelve en su propia sangre de volcán, pino, drago y palmera  

 bramando en constantes estertores sobre la montaña de muerte herida.

Desolación, terror, huida, las lenguas de calientes coladas, lentas descienden,

desde el averno, Vulcano en su fragua a destajo muestra su poderío.

 

Sobre la mítica leyenda de natural y real esencia de nuestro cósmico hogar,

 bajo el atlántico afortunado de la isla bonita, despierta la Cumbre Vieja,

reclama como las otras hermanas su derecho a renacer y crecer,

y de realengo corazón la fuerza anclada al abismo origen de su lugar. 

 

Bella, niña de los ojos del Atlante, joven y enamorada de tu destino te ves,

de rocas y basaltos, corrientes de lavas, cenizas, fuegos y malpaíses,

tu piel decoras y como tatuajes del tiempo sobre ti se dibujarán nuevos paisajes,

que devolverán el verde a ese atribulado valle que hoy Benahoare llora.

 

Cerca, las oceánicas aguas como naos deambulan serenas orillando el litoral,

y en las sombras de la noche perdura el rugido de la desafiante antorcha 

como faro cumbrero sobre tempestades de ríos y tejares encendidos,

la explosiva descarga del fracturado manto su energía derrocha.

La esperanza de un pronto retorno en llenar los espacios 

vitales que el empuje de las escorias no pudo cubrir, 

 el otoño, sobre el calendario, humilde se dejó caer,

allí, enterrados, quedaron sueños y ventanas por abrir, 

pleno de historias, recuerdos e ilusiones perdidas. 

 

Sin más señal, cruz, epitafio, oración y tumba, 

las penas y glorias entre ardientes ascuas fundidas,

 como hojas muertas se dejaron las gentes del lugar,

y, aún, en el fragor encarnizado de tu naturaleza ígnea,

el ronco y violento geiser de fuego en todo el valle retumba.

 

¡Ay! mi isla bonita, isla verde, hoy lloramos tus desgracias,

el silencio se tornó en llanto y el gigante quebró tu letargo,

tus presagios y premoniciones delataban tus temblores, 

 dolorosos partos fisuran tu frágil cuerpo por sendero amargo,

acertados en tu secular historia se revelaron tus temores.

 

Isla preciosa occidental de Las Canarias baluarte,

que al universo nos acercas en la noche de los tiempos,

y aunque el fuego funda tu cuerpo perdura tu alma,

más allá del océano del poeta que de ese mar eres parte,

la otra orilla de mejores horizontes con tu sangre regaste. 

 

Contigo, nuestras lágrimas de impotencia sufrimos y

mientras dure este episodio de tamaña gravedad,

afloran los sentimientos palmeros de otros tiempos,

fuerza, resignación, lucha y voluntad ante la adversidad,

en la palabra y en la acción nuestra entrega y solidaridad.

Hoy, desde el corazón, a tus pueblos y gentes abrazamos,

y, en este tránsito por este mar de zozobra, juntos navegamos,

isla verde, isla bonita, eternamente, isla de La Palma.

 

A la Isla de La Palma y sus gentes en este trance vulcanológico de Cumbre Vieja

 

Jesús Ruiz Mesa es colaborador cultural de TELDEACTUALIDAD.

 

Comentarios

  • Javier Burón Monis
    22/09/2022 - 17:49

    A La Palma tú has nombrado, con desenfado y entereza, Sr. Ruiz Mesa. Y a esos 'halagos' me sumo con toda firmeza. No serán mis palabras como las tuyas pero pretendo agradecer tu bello poema lleno de esencia y certeza. Más no quisiera extenderme pues todo lo que se podía decir, don Jesús, tú lo has hecho con mucho 'honor' y calor humano. ¡Mil gracias, por sentirte 'palmero'! Javier Burón, 'recitó'.

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