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22/11/2020 - 17:32

José Luis González-Ruano, el escritor (VIII)

TA ofrece la octava entrega de diez artículos del ecologista y docente José Manuel Espiño dedicado a su amigo José Luis González Ruano, fallecido el pasado mes de enero

José Luis González-Ruano, el escritor (VIII)
Portada del libro de José Luis González-Ruano y José Manuel Espiño, autor del artículo/TA.

JOSÉ MANUEL ESPIÑO

Azul Diario

“Sobre la costa hundida

arde una estatua de salitre

para los pájaros pacíficos

que me piden palabras

con su aleteo humilde.” Página 9

 

Con este poema inicia el libro Últimos pájaros del océano galardonado con el Accésit Premio de Poesía Pedro García Cabrera, en 1998.

 

Los pocos poemas presentes en este artículo estarán íntegros, tal cual los escribió, pues en este caso sería imperdonable mostrarlos incompletos. Serán muy breves los comentarios que realice sobre los mismos. El peso de un jurado y su aprobación unánime reconociendo su valía, apagan mi voz dejándola en un suave murmullo.

 

“En siete palmos de tierra

voy a levantar mi casa,

en siete playas de arena

con maderas naufragadas.

 

Como un pájaro del agua

traeré piedras a la orilla,

mis huellas sobre la lava

serán carne y sal de la isla.

 

Y pondré techo de espinas

a la casa entre las olas,

ojos de peces que miran

mientras la llenan de sombras.

 

Por el jardín de algas rojas

sembraré furiosa espuma

bajo los arcos de conchas

que coronarán la luna.

 

Y en un rincón de medusas

ancladas en las paredes

pondré libros de aventuras

y un cielo de estrellas verdes.

 

Tendré del escualo un diente

para tallar mascarones

con perfiles de mujeres

que busquen el horizonte.

 

Yo voy a guardar las voces

que derrama el oleaje

para delfines sin nombres

que me alegrarán las tardes.

 

Siete piedras litorales

colocadas en racimo

serán caracola y nave

soñando el fuego marino. Páginas 21/22

 

Goza este poema titulado: Casa del mar de un ritmo tan vivo, desprende tanta armonía, despierta en uno tantas ganas de vivir que es extraño que no haya sido musicado por cantautor o grupo alguno. Desde este artículo hago un llamamiento a tal posibilidad. Me vienen a la memoria: La nube gandula , adaptación del cuento La nube y el sol de la escritora canaria Isabel Medina o La maleta del escritor canario Pedro Lezcano, y la belleza de este poema que les traigo en este preciso momento, no les va a la zaga en cuanto a fuerza, calidad y belleza.

 

“Yo soy el hijo de José,

la cicatriz azul de Cecilia,

un cruce de océano y pez

que me semeja a cualquier isla.

 

Sólo escucho el mar que me inunda,

sus brisas espirales, sangre

que a lo salvaje me vincula,

viento de aisladas tempestades.

 

Y más que un ser soy un estar

ornando el nombre la arena,

un eco de profundidad

desde la orilla a la cabeza.

 

Hombre repleto y derramado

como fruta marina, cuerpo

que invoca la espuma en sus rasgos

hundido en las sales del fuego.

 

Y aún por el mundo sobrevivo

respirando gotas azules,

mordiendo hierbas del abismo

hasta que el agua me desnude. Páginas 48/49

 

Biografía inacabada de un hombre azul es el título del poema, un cruce de océano y pez que sólo escucha el mar que le inunda.

 

“La séptima ola es la más grande

advierte el hombre oceánico.

 

Y llega la ola del oro,

la de la plata y la del hierro,

la del mercurio llega,

y la ola del plomo,

la del estaño y la del cobre.

 

Los siete cuerpos de la ola

a la orilla llegan,

líquidos pesados los siete

que traen la alquimia de la espuma

cada día siete a la semana.”

 

La séptima ola así nos inicia el autor este poema de tintes filosóficos y alquímicos. La ola más grande de la serie, es un canto a la majestuosidad del mar, a la grandeza del océano y a la simplicidad de lo cotidiano, habla de la alquimia del vivir cada uno y con los demás, de sentirse parte de un todo siempre, cada día de la semana, de esa vida que debemos disfrutar cada segundo pues se nos va, sin remedio, con la última ola. Culmino esta rápida visión del poemario con uno que le da título a la obra: Últimos pájaros del océano.

 

“De los hombres comiendo pájaros

en cavernas acantiladas

quedó sólo un rumor oceánico

teñido con sangre de lava.

 

Fueron los que extirparon vísceras,

grasas y plumas cenicientas,

los antiguos recolectores

cuyas pieles cubren la arena.

 

Untados de fuego y honduras

volaron miserables llantos

sin vientos de mar que dejasen

gotas de noche resbalando.

 

Trajeron orillas atlánticas

las aves de cruces salinas

golpeando las rocas amargas

que el grito de la luz derriba

Sonoras calaron la altura

frías ráfagas de aves blancas

mordiendo islas sumergidas

sus sombras de cólera alada.

 

De los pájaros comiendo hombres

en las azules espesuras

quedó sólo un temblor volcánico

vivo en la carne de la espuma.”

 

José Manuel Espiño Meilán, lector agradecido de su obra, amante y defensor de la vida y del camino, ecologista y docente, buen amigo.

 

Comentarios

  • Jesús Ruiz Mesa
    23/11/2020 - 00:11

    Como bien dices sobran comentarios. Hay que saber escuchar, mirar y sentir hasta lo más profundo el mar, como lo vivió José Luis para escribir estos versos. Leer en cada ola más allá de la séptima, el mensaje de todos los océanos del mundo y, como un último pájaro, sin decir adiós, volar a la inmortalidad. José Manuel, buen trabajo y,¡ya lo creo! los poemas para musicar, por su gran sensibilidad.

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