18/10/2020 - 17:46

José Luis González-Ruano, el escritor (III)

TELDEACTUALIDAD ofrece la tercera entrega de diez artículos del ecologista y docente José Manuel Espiño dedicado a su amigo José Luis González Ruano, fallecido el pasado mes de enero

José Luis González-Ruano, el escritor (III)
Portada del libro de José Luis González-Ruano y de José Manuel Espiño, autor del artículo/TA.

JOSÉ MANUEL ESPIÑO

“Gracias, José Luis, y continúa con esa tarea que invita a la imitación. Sabes que también una solitaria hierbamuda te felicita y agradece a ti y a tus compañeros ecologistas vuestros esfuerzos por protegerla. Aunque ya lo sabemos nosotros, que recuerden otros también que nunca antes la Naturaleza necesitó tanto protección y nunca antes hubo tanta esperanza”.

 

Eran las palabras de un botánico excepcional, Günter Kunkel, a quien tanto debemos en su pasión, estudio y divulgación de la flora canaria. Hace ahora veinticinco años, se comprometió con su amigo José Luis para realizar el prólogo de su obra: “El bosque de Tara. Andando por los Espacios Naturales de Telde”. Sabía Günter de la defensa a ultranza que mi amigo y yo llevábamos a cabo en aras a la protección de esa especie, pues en el Proyecto del Parque Marítimo de Jinámar, el corazoncillo era un endemismo exclusivo, una fortaleza botánica que proteger.

 

“Telde es aún, en su geografía natural, el eco sostenido de un paisaje plural. Algo así como un bosque indefinido que temporalmente acaricia la poesía de la nieve efímera, los anillos del tiempo en los árboles honorables, el canto permanente de las aguas libres por el barranco, la sombra húmeda de las sendas selváticas, el ardiente silencio de los volcanes recientes, la serena soledad de las estepas del cereal, el frágil encanto de las flores silvestres, la venturosa eternidad de las arenas fósiles o la grandeza azul del basalto en el océano.”

Capítulo: “El bosque de Tara”, página 25

 

No me consta, hasta la fecha, semblanza más enriquecedora, más bella y con más pasión y cariño que sobre nuestro territorio municipal haya escrito persona alguna, de un modo tan preciso como entrañable.

 

“Todo el entorno del agua es vida. Vida que se manifiesta en toda su belleza en la variedad florística del barranco. Así irá descubriendo el caminante multiformes bejeques, matos de risco, fragantes salvias, cardos amarillos, perennnes senecios, venenillos, solitarias y estrelladas malvas de risco, húmedas cruzadillas y malfuradas, altivas cerrajas, los densos racimos de la nevadilla, la elegancia botánica del tajinaste azul coronando el gran tajo de agua saltarina, o esa hermosa flor de campana roja que cuelga de la bicacarera, la que pudiera y debiera ser nuestra flor nacional. Quizá la belleza infinita de este jardín natural pudiera sorprender también al caminante con dos de sus más preciados tesoros: el arbusto caducifolio oro de risco y el acuático botón de oro.”

Capítulo: “El barranco de los Cernícalos”, página 49

 

Descubrimos aquí su versión más naturalista, aquella en que, mochila a la espalda, nos llevaba a recorrer cada uno de los rincones que esconde esta hermosa isla. La musicalidad de su narrativa en la descripción de las aves, las flores, los insectos que cohabitan nuestro entorno en las diferentes estaciones es única. Sus capítulos suponen un canto a la belleza, a la paz y al amor, al inmenso placer de sentirse vivo.

 

“Es éste un paisaje con alma de piedra. Piedra que perfila el círculo de una era para trillar y aventar el grano, actualmente abandonada y cubierta por las tabaibas; piedra que cierra cadenas de tierras de cereal delimitando cercados centenarios; y piedra también abriendo caminos empedrados, cañadas o centenarias sendas de tránsito. Porque aquí la piedra adquiere un valor etnográfico fundamental que no debiera escapar a la observación del caminante”.

Capítulo: “Los altos de Jarcó y los Cercados”, página 40

 

A la dimensión naturalista se une la divulgadora. Toda la obra la dirige al caminante, al curioso senderista que abre su alma a la naturaleza que le envuelve, al tránsito de los seres humanos por los parajes narrados. Es ameno, cercano, buscando su complicidad, le lanza guiños de compañerismo y bonhomía -sin caer en la ingenuidad-, pues pretende con ello -ambos lo llevamos en nuestro código genético- fomentar el conocimiento y la defensa del medio natural y los seres que lo habitan a través de una eficaz y proactiva educación ambiental.

 

“El interior de este pequeño refugio del mar en la lava es sobre todo un bello jardín de esponjas, esos animales que parecen plantas, que antiguamente fueron consideradas espumas marinas solidificadas, y que en realidad son simples estaciones hidráulicas vivientes. Porque son las esponjas esencialmente filtradoras, las que impregnan de un vivo y cambiante colorido las geométricas paredes del Bufadero: la amarilla verongia, la gris y gruesa ircinia, la malva petrosia y la rojiza y extendida batzella que, entre otras, tapizan junto a algunas algas este lienzo natural de basalto, por donde también se mueven las medrosas barrigudas”.

Capítulo: “El bufadero de la Garita”, página 88

 

Es “El bosque de Tara. Andando por los Espacios Naturales de Telde” el mejor reclamo turístico para un municipio necesitado de ellos. Es también una guía de senderos, esencial para todos aquellos que pretendan desarrollar labores de educación y gestión ambiental en el municipio. Flora y fauna recogida al detalle y de un modo ameno. Descripciones geomorfológicas que con un lenguaje sencillo nos acercan la enorme variedad de paisajes que genera el volcán. Y siempre, hermanando los paisajes y los seres vivos, la presencia del ser humano.

 

“A poco que se fije el caminante irá descubriendo el mundo plural de la arena. Por un lado, algo común a la costa oriental de la isla, se aprecian areniscas calcáreas cimentadas, auténticas rocas calizas, ricas en carbonato cálcico o calcita. La calcinación en hornos de estas rocas, popularmente conocidas como “caliches”, supuso en otra época una importante actividad industrial para la zona. Aún hoy, como testimonio etnográfico de un pasado no muy lejano, se pueden observar, sobre la misma playa de Aguadulce, los restos semiderruídos de uno de estos hornos de piedra y barro.”

Capítulo: “”Los arenales de Tufia”, página 79

 

Esta obra publicada en 1995, marcaría un hito en el reconocimiento de los valores paisajísticos, geológicos, hidrográficos, etnológicos, botánicos, faunísticos, en suma patrimoniales de este municipio.

 

“Dice el refranero canario que cuando el guirre vuela, pare la cabra o hay reses muertas. Y muchas han sido las reses nacidas y muertas en estas tierras de las medianías de Telde. Aún hoy el caminante tiene la ocasión de encontrarse con algún pastor que conduce su rebaño por las cañadas del malpaís, reviviendo los duros episodios de la trashumancia interior de la isla. Pero, desgraciadamente, ya no puede verse, como se hiciera décadas atrás, a la gran rapaz blanca y negra, al alimoche, a nuestro guirre carroñero, bien dibujando su silueta mientras remontaba el vuelo sobre las lomas o bien apostado junto a las cuevas aborígenes del Morro de Calasio, como tantas otras en esta zona, reutilizadas para recoger el ganado”.

Capítulo: “Los volcanes de Rosiana y El Gamonal”, página 55

 

Una observación precisa la del ave carroñera, desaparecida de nuestras cumbres y medianías a causa del uso masivo de insecticidas. Veinte años más tarde nuestro escritor clamaría por la práctica desaparición de otra carroñera, más pequeña pero no por ello menos importante, el cuervo, de nuestras cumbres grancanarias, en su obra: El camino de Santiago en Gran Canaria, próxima ya su reedición, gracias al interés decidido del Gobierno de Canarias en recuperar tan ejemplar publicación. ¿Tan difícil es comprender que cuándo el ser humano envenena los montes y campos está envenenándose a sí mismo?

 

“Uno de los biotopos más interesantes que acoge esta plataforma lávica es el charco. De hecho, al sur del Corral de Las Yeguas se encuentra el Charco del Cura, alargado y semejando el molde de la obra muerta de un barco. Este charco debió formarse por el gran desgaste sufrido por una capa de roca blanda que pudo quedar entre dos capas de roca más dura. El caminante tiene la oportunidad aquí de descubrir la fascinante ecología del charco: un mundo en miniatura sujeto a condiciones extremas, donde animales y plantas especializadas intentan resistir por igual la insolación o la inundación cíclica de las mareas”.

Capítulo: “El bufadero de La Garita”, página 87

 

El binomio 1995/96 supuso una eclosión literaria sin precedentes en Telde referente a la divulgación y educación histórica, literaria y ambiental. A modo de rápido recuerdo señalaré cuatro destacadas publicaciones de autores de referencia en el panorama cultural teldense, por orden cronológico: Se publica “Breve historia de Telde” de Don Ignacio Morán Rubio, “El bosque de Tara. Andando por los Espacios Naturales de Telde” de Don José Luis González-Ruano, sale a la luz la tercera edición de: ”Telde: mito y realidad” de Don Antonio María González Padrón y a mediados del año 1996 cierra la tetralogía una soberbia obra de Doña Lucana Falcón León, Don Ignacio Morán Rubio y Don Juan Santos Peñate titulada: “San Juan y San Francisco, recorrido histórico-literario”.

 

Es en este ambiente donde se gesta la entrañable obra de nuestro autor, referente esencial para recorrer y disfrutar del patrimonio natural del municipio.

 

“La oscuridad profunda sobrecogerá el ánimo incluso del caminante más avezado que se aproxime a la chimenea abierta de esta sima volcánica, por donde debieron surgir chorros de agua hirviente al final de la erupción del volcán. A pesar del impulso vital que pretende darle la vegetación rupícola, que aprovecha la humedad de las paredes visibles desde el exterior, inmediatamente se apodera del ambiente una suerte de miedo histórico a las sombras del abismo”.

Capítulo: “El malpaís y la Sima de Jinámar”, página 70

 

Anhelo es, de mi persona, -grito sin voz-, que la alcaldía y los munícipes responsables de las áreas de Educación, Cultura, Patrimonio Histórico, Turismo, Playas, Medioambiente..., retomen la lectura de esta obra -agotada su edición hace dos décadas- y estudien la posibilidad de reeditarla pues sus textos tienen la frescura necesaria y sin duda sería una apuesta firme por la valorización de los espacios descritos -una panorámica completa de todo el territorio municipal- y no siempre tratados con el respeto que se les debe. Si conocer para conservar es un lema básico en la educación social, cultural y medioambiental de la ciudadanía, la reedición de esta obra se vuelve imprescindible.

 

Nota de su familia: Tras el último artículo donde les comentaba la imposibilidad de conseguir obra alguna del autor pues en las librerías están agotadas, el cierre de la librería Azulia que regentaba José Luis ha permitido recuperar una decena de ejemplares de sus dos últimas obras, justo las que he tratado en los artículos 1º y 2º. La familia tras la lectura me ha transmitido que si las desean, la librería está ultimando un proceso de devolución de existencias en horario de 9 a 14 horas y liquidación del lote propiedad de la librería, así que, durante pocas semanas pueden conseguir esos últimos ejemplares.

 

José Manuel Espiño Meilán, lector agradecido de su obra, amante y defensor de la vida y del camino, ecologista y docente, buen amigo.

 

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