11/05/2020 - 17:48

Cumpliendo una promesa

TA ofrece una reflexión del escritor José Manuel Espiño dedicada a su gran amigo José Luis González-Ruano, fallecido hace unos meses

Cumpliendo una promesa
José Manuel Espiño (2º derecha), junto a José Luis González Ruano (2º izquierda), Álvaro Monzón y un amigo del fallecido (Foto TA)

JOSÉ MANUEL ESPIÑO

Una mañana cualquiera en una playa indefinida del municipio de Telde, estábamos tú y yo, como hacía muchos años que no habíamos estado. Pendiente teníamos una inmersión en Salinetas para observar la llegada de las mantelinas. Un año tras otro, el deseo de ambos había quedado en promesa mutua y tal encuentro nunca sucedió.

 

Pero nada es eterno y llegó el día. Sin palabras, emocionado por la gran cantidad de peces que observamos y su diversidad, recuerdo cada especie y la identifico gracias a ti, a tus lecciones vivas impartidas en tantas inmersiones realizadas en el pasado a lo largo de la costa teldense.

 

Roncadores, cabrillas, pejeverdes, herreras, sargos blancos, sargos breados, tamboriles… En el fondo arenoso, hozando o descansando sobre el lecho marino, arañas, lagartos, salmonetes, pejepeines, lenguados y tapaculos. En la baja un pulpo, un par de vacas marinas, un gusano de fuego y lady Escarlata, ese cangrejo de largas patas, tan bello como recatado. Como hombre azul, nacido en San Cristóbal, el mar y la pasión circulan por tus venas.

 

Se trata de una inmersión especial, significa la vuelta al liquido elemento. La especie humana lleva largo tiempo confinada por sus propios errores y el mar, una vez más, es ocupado por quienes lo habitan.

 

Apenas unas brazadas y cardúmenes de bogas, salemas, sargos, viejas y lubinas llenan de vida las aguas litorales con sus movimientos sincronizados. Al acercarme puedo nadar entre ellos, pues no manifiestan temor alguno. Observo individuos de buen tamaño, confiados por la ausencia del predador humano. Es esta y no otra la verdadera pandemia que teme el planeta.

 

Alguien ayer, en algún rincón de esta playa, ha observado mantelinas. Me resulta extraño que a principios del mes de mayo las mantelinas adelanten su viaje de finales de verano para dar a luz a sus crias. Tal vez sean otras las razones de su presencia. La nitidez de las aguas, su transparencia y la riqueza de los fondos se recuperan a marchas forzadas, gracias a ello mi vista descubre dos ejemplares descansando sobre el fondo.

 

Me vuelvo y te observo. Estás a mi lado, siguiendo mi instinto. Esta vez soy yo el guía. Tu mirada revela, sin necesidad de vocablos, la gratitud y reconocimiento por la promesa cumplida, la dimensión de la profunda amistad que nos une. Ahondando en tu mirada comprendo que tu eres el mar.

 

Es esa la razón por la que siento que estás ahí sin estar presente. No tienes gafas ni tubo ni aletas ni cuerpo físico pero somos los dos los que descendemos, -apenas una inmersión de un par de metros-, y rozamos suavemente el cuerpo duro, elástico y resbaladizo de la mantelina que, delatada por el movimiento de sus opérculos, levanta el vuelo marino entre un halo de arena que sacude con suavidad de su cuerpo. Serena y confiada, avanza entre dos aguas en busca de un echadero más alejado y tranquilo. Tú vas tras ella, mar adentro. Yo te sigo con la mirada hasta que la mantelina y tu formáis parte del océano que os acoge.

 

Regreso a la playa con el corazón alegre, el alma esperanzada y tu grato recuerdo en mi memoria.

 

José Manuel Espiño Meilán es escritor, profesor jubilado y ecologista.

 

Comentarios

  • Jesús Ruiz Mesa
    11/05/2020 - 22:01

    Espléndido relato de una conciencia y pensamiento de no sólo ver nuestra naturaleza. Sentirla, amarla y preservarla para las próximas generaciones. Dos grandes compromisos de dos sensibilidades por la tierra, la isla y sus gentes. José Luis González Ruano, gracias. In Memoriam. José Manuel, gracias y enhorabuena por tu gratificante memoria y experiencias compartidas con Josè Luis.

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