10/12/2018 - 13:28

"La Cinsa nunca debió montarse en Salinetas"

Un extrabajador de la fábrica de abono desgrana cómo contaminaba la que durante décadas fue una de las empresas más importantes de Gran Canaria

Este era el taller de la Cinsa donde trabajaba Alemán (Foto Canarias7 / Borja Suárez)

TELDEACTUALIDAD

Telde.- Juan Alemán Boissier dedicó más de 20 años de su vida a la Cinsa, la fábrica de abono que estaba en Salinetas, y salvo que le permitió aprender un oficio, hoy está en condiciones de afirmar con rotundidad, desde la perspectiva que da la jubilación, que aquella industria «nunca debió montarse en Canarias». Y enumera varias razones: porque fue un negocio especulativo, porque pagó mal a sus trabajadores y porque, lo más importante, «fue una máquina de contaminación tremenda», tanto para el medio ambiente como para la salud de sus propios empleados. 

 

No en vano, Alemán accede a hablar para el diario Canarias7, que este lunes publica un reportaje del periodista Gaumet Florido, a raíz de una denuncia del cronista oficial de Telde, Antonio González Padrón, en la que protestaba porque 33 años después de que cerrara la Cinsa, todavía queda en el polígono industrial de Salinetas, en una ladera que da a la costa, un vertido de varias toneladas de pirita, el mineral altamente contaminante, del grupo de los sulfuros, que contiene hierro y azufre y que usaba esta industria para fabricar abono agrícola, en concreto, sulfato amónico.

 

«Y lo peor es que cuando llueve, ese material acaba en el mar, no me explico cómo Medio Ambiente aún no ha actuado». Es más, sabe por un submarinista que en los fondos de la playa de Silva se observan todavía grandes cantidades de ceniza, que es a lo que, según comenta, quedaba casi reducida la pirita tras pasarse horas al fuego en el inmenso horno con el que era procesada en la Cinsa. La pirita se traía de Huelva, de las minas de Río Tinto, y con este mineral fabricaban ácido sulfúrico. Lo tostaban durante horas y, tras recurrir a varios procesos químicos, obtenían ese ácido, que, al mezclarlo con el nitrógeno, daba como resultado el abono agrícola. La nave Polifemo, de la que solo se conserva su estructura y que figura en el catálogo municipal de bienes arquitectónicos, era el silo donde se almacenaba el producto una vez acabado.

 

Estos restos de pirita y de ceniza, según cuenta Alemán, se estuvieron arrojando directamente al mar durante años, de forma impune. Es más, recuerda que al principio la vertían manualmente unos operarios en la terrera que denunció el cronista y que, por tanto, se exponían a sus efectos contaminantes sin apenas filtros. Hasta que un buen día, el comité de empresa denunció esa práctica en un organismo en la capital que velaba por la seguridad y la higiene en el trabajo y obligó a cambiar ese procedimiento. Se construyó entonces una acequia donde pasaba una corriente de agua salada que era bombeada desde el mar. La Cinsa estaba al lado de la costa. «Ya no salieron más con la vagoneta, sino que volcaban la ceniza en esa acequia, en la nave, y el agua se la llevaba hacia el mar».

 

Pero lo peor, asegura, eran los efectos perniciosos para los trabajadores. «Jugaron con nuestra salud». Tenían hasta centro médico donde se les hacían analíticas y hasta radiografías, «y eso era por algo». Los que más en contacto estuvieron con la pirita han padecido luego enfermedades muy serias, tanto, que familias y empleados las vinculan a la contaminación de este mineral. «Cuando la cerraron (1985), nos hicieron un favor a los trabajadores y a Canarias».

 

«Fue un negocio especulativo y nos pagaban muy poco»

La Cinsa es, en realidad, el acrónimo de Compañía Insular de Nitrógenos, Sociedad Anónima, una fábrica de abono nitrogenado que, según Alemán, echó a andar entre 1958 y 1959 gracias al empeño del entonces presidente del Cabildo, Matías Vega Guerra. «Aquello fue un negocio especulativo; no tiene razón de ser traer un producto que se extraía de unas minas a 1.500 kilómetros de distancia, en Huelva, para luego elaborarlo y volverlo a mandar para allá». Y se explica. «Producía al año 140.000 toneladas de abono, y aquí se quedaban solo 40.000, el resto lo mandaban otra vez para la península». ¿Y dónde estaba la clave? En lo que Alemán llama subvenciones al transporte y que otras fuentes denominan ventajas fiscales.

 

Dice Alemán, que fue miembro del comité de empresa y manejaba información, que la ayuda del Ministerio de Industria llegó a ser de 100 millones de pesetas al año. Eso les permitía vender a un precio competitivo en el resto de España. Y dio trabajo, sí. Llegó a 400 empleados. Después, algo más de 300. ¿Pero qué trabajo? Alemán advierte, primero, de que se exponían a una fuerte contaminación. Y, segundo, que estaban muy mal pagados. Cuando empezaron a negociar los convenios en 1979, como secretario general de Química en Canarias de la UGT, Alemán se reunió con la secretaria de organización de Química, Matilde Fernández, más tarde ministra con Felipe González. «Y me dijo: pero Juan, ¿me tomas el pelo? Los sueldos en las filiales de Cinsa son un 40% más altos que los de ustedes». Las filiales estaban en la península.

 

Fuente: Gaumet Florido / Texto: Gaumet Florido.

 

Comentarios

  • Francisco
    11/12/2018 - 18:50

    Paco: La jaulas marinas deben desaparecer de ese enclave y colocarlas en altamar. La fábrica de la Cinsa dio trabajo a mucha gente y no se tuvo encuenta la contaminación. El cultivo de droga también da trabajo, pone rico a algunos, contamina poco PERO ESTA PROHIBIDO.

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  • Paco
    10/12/2018 - 21:25

    Si quieren ver barrula bajen al fondo de las jaulas marinas que tienen todo contaminado de los pienzos de las luvinas y cuando está el tiempo del sur las playas se llenan del aceite de dichas jaulas, y de eso no desis nada .

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  • Paco
    10/12/2018 - 18:07

    pero de que carajo estamos hablando gracias a esa fabrica mi padre pudo hacer su casa y murio con 95 años, esa fabrica mato mucha hambre.

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  • Vicente
    10/12/2018 - 15:47

    Quienes quieran saber cómo está el fondo marino de toda esa zona que " eleve una nasa del fondo". A la altura de Tufia ayudé a unos marinos (hace más de 20 años) a elevar unas nasas y tuve que tirar a la basura toda mi ropa. Yo creo que hay más de 25 cm de "barrula" en todo ese fondo marino.

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