12/01/2023 - 18:26

Atlántico crepuscular desde Las Canteras

El colaborador Jesús Ruiz plasma en una crónica y reportaje gráfico el atardecer del 6 de enero en la capital

Atlántico crepuscular desde Las Canteras
Imagen del atardecer del pasado 6 de enero en Las Canteras / Jesús Ruiz
JESÚS RUIZ/Telde

Asomados al paisaje de uno de los espectaculares ocasos arrebolados de nuestro bello litoral insular, uno de los más impresionantes de este rincón del Atlántico, el de la playa urbana capitalina de Las Canteras y su entorno. La mirada a la caída de la tarde sobre la gran bahía, playa y cumbres grancanarias, dos pirámides volcánicas se alzan a los cielos, tras vislumbrar en primer plano la formación de la Montaña de Ajodar, atalaya de los municipios norteños de Guía y Gáldar, y como el espectro de su propia sombra nos aparece el gran Teide, elevando su grandeza sobre los perfiles de la isla hermana de Tenerife.


El horizonte de esta natural belleza crepuscular, nos permite captar la oportunidad artística para fijarlo en la memoria y admirarse de este fenómeno panorámico que engrandece y es orgullo de los canarios que de esta playa de Las Canteras nos invita en muchas ocasiones a reflexionar sobre su cuidado y conservación como legado de su entorno medio ambiental marino.


Cerca, sin apartar la mirada del plano general las huellas sobre las arenas que suaves dispersan las infinitas olas que, por este multitudinario paseo en estos días en los que la Navidad toca a su final, el clima, la luminosidad de los días con cielos limpios, alto grado de visibilidad y el mar totalmente en calma, aunque propio de nuestro clima templado, no se diría que estamos en la estación invernal, cruda en otras latitudes, en la nuestra se presta al disfrute de nuestra natural posición geográfica y climática.


Y el mar, siempre el mar que nos abraza y orienta los rumbos de los sueños que isleños, marineros de profunda magua por su medio marino, los de tierra adentro, caminantes, poetas, paisanos con el latido a flor de piel del paisanaje que les acoge, el romántico ascenso a las cumbres e integrarse en los altares de las cumbres y montañas sagradas, o dejarse llevar por el susurrar del eco profundo de las mareas que ascienden desde los abismos por los acantilados y riscales, dejarse acariciar por olas que suaves besan las playas, bahías y refugios de volcánicos edificios testimoniando las geológicas raíces principios de nuestra singular cuna magmática.


Allí, en esta hermosa tarde de un día de Reyes perdido entre la multitud que no dejaba de captar el espectáculo de una inspiradora y cromática puesta de sol, admirar este escenario que nuestra estrella solar nos permite con sus últimos rayos despedir el día en nuestra cósmica orbita que, cotidiana en nuestro viaje, me siento desde mi pequeñez y fragilidad humana parte de un todo creativo.


Desde la grandeza que admiramos en la belleza crepuscular hasta la humildad de las solitarias barquillas que, en silencio, custodian sus aventuras marineras, nos regalan y recuerdan la pincelada tradicional de la pesca local en esta zona de Las Canteras, que hoy la ingente corriente de visitantes locales, turistas y animación festiva, toma carácter de pintura llevada de la mano por el gran artista, la propia naturaleza vital, que nos permite gozar de este escenario sin la pretensión de conquistar o descubrir nuevos mundos, sosegados y en calma, ante tal marco sentir lo que nuestra naturaleza insular nos ofrece e inunda el alma.


Y no lejos, a unos metros y en ocasiones desde este mismo emplazamiento he saludado la presencia y memoria del poeta Saulo Torón (Telde, Gran Canaria, 1885 – Las Palmas de Gran Canaria, 1974) que con Tomás Morales y Alonso Quesada, forman, entre otros destacados escritores, la intelectualidad literaria modernista de nuestro mundo atlántico insular del siglo XX. A la sombra del escultórico busto de Saulo Torón obra del artista Juan Jaén, ubicado sobre el pétreo pedestal en la plaza que honra al poeta, de este capitalino paseo de Las Canteras, cerca de donde viviera años de su vida, y por trabajo en torno al Puerto de La Luz, su mirada fija, profunda, eterna sobre el horizonte de mar y tierra nos lleva a recordar y recitar, entre su diversa obra literaria, los versos dedicados desde su más profundo sentimiento y amor, que por su mar siente, de la serie poética del poemario El caracol encantado (1926), dedicado a Tomás Morales, en Tristezas y oraciones del crepúsculo, escribe:
¿Quietud, quietud hondo reposo, / sueño del mundo! …; / el mar dormido, el aire en calma, / el sol caído en el crepúsculo …? / ¡Silencio y soledad! ...Nada perturba / la transparencia del ambiente mudo …/ ¡Solo tú, alma, en el espacio errante, / indagando el enigma del futuro! …/


Del poema Preludio:
El mar es a mi vida / lo que al hambriento el pan; / para saciar mi espíritu / tengo que ver el mar. / El mar del mediodía / radiante en claridad, / es un influjo activo / de vida y ansiedad. / Y en el ocaso de oro / y en la mañana azul, / el mar es siempre norma / de fuerza y de salud. / Yo al mar le debo entera / mi vida, que es un mar: / un mar de sentimiento / y de serenidad. / Por eso el mar ejerce / en mi tanta atracción …/ Lo que hay dentro de mí / es mar y corazón. / 


Y haciendo honor a los versos de don Saulo Torón a través de su mirada y su poesía, en la tarde crepuscular que describimos, de la serie poética Las Monedas de cobre (1916), el poema Playa de Las Canteras, dedicado a Montiano Placeres: 
Playa de Las Canteras en la paz del verano: / un cielo transparente cubierto de zafir, / y un mar cuyo horizonte orla el Teide lejano, / que en un lecho de arenase recuesta a dormir. / De vez en cuando un vuelo pausado de gaviotas / se eleva, como un triunfo, sobre el azul del mar, / y surca un trasatlántico las distancias remotas, / reflejando en sus mástiles la irradiación solar. / Un hálito de brisa se extiende mansamente / sobre las aguas, cuando la tarde lentamente / el cielo va tiñendo de un rojo bermellón … / Y surge, allá, a lo lejos, donde la luz declina, / la gallarda silueta de una vela latina / que avanza silenciosa como una aparición. /


Una tarde para recordar y retener no solo en la memoria de las cámaras y móviles sino en los recónditos rincones de nuestro espíritu que en la despedida a los Reyes Magos de Oriente, nos dejen para seguir en la ruta de la esperanza, de la paz, de la comprensión y tolerancia humanas, la misma estrella que les guio hasta estas islas de la fortuna, y al caer el día identificarla sobre los bellos perfiles de nuestras cumbres en la profundidad del inmenso universo que nos acoge, y como el poeta, indagar el enigma del futuro. 


Que desde cualquier punto de nuestras islas nos acompañen siempre los bellos crepúsculos en nuestro temporal viaje bajo los celajes de nuestro Atlántico sonoro. Para ese camino, salud, buena suerte y ánimos. Gracias.

 

Jesús Ruiz Mesa, colaborador cultural de TELDEACTUALIDAD.

 

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