12/06/2018 - 20:41

Yánez completa su aventura solidaria en Alaska

El corredor teldense recorrió 300 kilómetros en cinco etapas de unos 50 km cada una

Yánez completa su aventura solidaria en Alaska
Yández, celebrando el éxito de su aventura (Foto Marcos Cabrera)

TELDEACTUALIDAD

Las Palmas de Gran Canaria (Efe).- El atleta teldense Marcos Yánez ha completado la aventura de correr durante cinco días en solitario en Alaska (Estados Unidos), que tuvo como objetivo prioritario concienciar a la población mundial de la importancia de donar médula.

 

Este proyecto solidario denominado #RunForLeucemia ha consistido en recorrer un total de 300 kilómetros -en etapas de unos 50 kilómetros cada una- en la lucha contra esa enfermedad, con la finalidad de intentar conseguir 3.000 nuevos donantes.

 

Yánez, quien ya en el año 2016 realizó otra carrera en Islandia por el mismo motivo, partió en esta ocasión desde el lago Eklutna, a unos 44 kilómetros al noroeste de la ciudad de Ancorage, y finalizó su desafío en el Magic Bus de Chrisopher McCandless, que falleció justamente allí, en el desierto de Alaska en 1992, y que inspiró la película Hacia rutas salvajes.

 

Durante su aventura, el teldense ha contado con un grupo de apoyo integrado por los corredores de seguridad Nani Viadero y Eoin Flynn y por la doctora Sara Solana, además de un responsable audiovisual, un fotógrafo, un operador de dron, dos productoras y un periodista.

 

Esta aventura, que ha sido posible gracias a la colaboración del Gobierno de Canarias, Cabildo de Gran Canaria, Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria y diversas empresas privadas, podrá conocerse gracias a un documental que será exhibido el próximo año en salas cinematográficas.

 

Para quienes tengan la voluntad de llegar hasta aquí

por Magec Montesdeoca (Alaska)

Son las siete de la mañana. Más frío que ayer, 3 grados centígrados. Anoche, 10 de junio, nevó sobre las montañas de Denali donde hicimos noche. Es la imagen que sueña un esquiador en invierno en los Pirineos. La respiración del bosque se condensa en una franja de niebla sobre el skyline de pinos. Es tiempo de reflexión. Marcos Yánez y todo el equipo afrontamos la última etapa de este #RunForLeucemia hasta el Magic Bus, territorio salvaje de Alaska.

 

Los últimos kilómetros los cubriremos en helicóptero. Será un salto de diez minutos desde el final de la pista de tierra Stampede Road hasta el último refugio espiritual de Christopher McCandless. Su ejemplo vital descansa allí desde 1992. También Félix Rodríguez de la Fuente toma presencia. La estatua que lo homenajeaba en Anchorage (falleció en un accidente de helicóptero mientras grababa estos mismos paisajes y fauna) se retiró por unas obras y no volvió. El tiempo nos olvida a todos.

 

Rodeado por esta naturaleza tomo conciencia de que el paso hacia la libertad, si realmente va en esa dirección, debe dar miedo. Es un acto de fe de resultado imprevisible.

Hoy la lluvia puede ser un aliado; reduce las nubes de mosquitos y desanima a los animales para deambular en busca de alimento (así hay menos probabilidades de un encuentro crítico como el que hace dos días sufrió un ciclista con un oso, en la misma Stampede Road por la que correremos). Nuestra suerte está echada y el aire frío me despeja la mente, siempre a pleno pulmón.

 

A las ocho se produce un gran acontecimiento que ha hecho posible este proyecto: el encuentro por primera vez de Sandra Hinton, donante, con Jonathan León, 26 años, hijo de cubanos residentes en Miami y receptor de la médula ósea de Sandra. De fondo, la nevada de anoche sobre las montañas; sobre el lugar, muchísima emoción a flor de piel que el carácter anglosajón no logra contener. El frío, en contraste con el calor humano que desprende Jonathan, empaña sus gafas. Es el Mike, el marido de Sandra, quien se las limpia. Con ese gesto nace una nueva familia.

 

Ausente de la carga emocional del momento, la pequeña Paisley, de 20 meses, hija de Tess, que es hija de Mike, señala un ave que nos sobrevuela. Jonathan habla para nuestra cámara: “Estoy vivo. Estoy muy alegre y feliz”. Replica Sandra: “Mi corazón está encendido”. Marcos Cabrera, fotógrafo de la expedición, me confía un secreto a voces: “He sacado las fotos llorando”. Ahora sí tenemos la energía para afrontar la última etapa.

 

Stampede Road es una carretera hermosa que Marcos Yánez mira de lado a lado. El bosque se levanta a ras de asfalto y sabe que el ciclista escapó del oso al correr en zigzag, un movimiento que al plantígrado le cuesta seguir. Marcos corre por primera vez con el espray anti osos en la mano.

 

Pocos kilómetros carretera adentro, donde el bosque además de tupido es oscuro, Eoin Flynn se suma como acompañante de seguridad.

 

Al coronar una loma de la carretera, el ‘49th State’ desvela su belleza casi intacta. Naturaleza aún más salvaje, una locura sin fin de tonalidades verdes que prenden al tacto del sol con su postal de blancas cimas al fondo. Sobre el asfalto, en tizas de colores, ‘Run 4 Leucemia (un corazón) Vamos Marcos’. Linda Alexandre y Tori Fairhurst, representantes de Be the match, una organización estadounidense especializada en conseguir donantes, son activistas muy competentes. Más adelante ‘We (corazón) You’.

 

El final de Stampede Road se aproxima. El bosque espeso da paso a la llanura casi pelada de la tundra. Ya no hay asfalto y la emoción crece. Marcos imprime velocidad a su zancada y hace los últimos kilómetros a cuatro minutos. Sufre la acumulación de kilómetros en estos cinco días y grita. Sufre, pero no hay dolor. Hay rabia, orgullo y una recta final hasta el helicóptero en la que no va a fallar, porque su meta es la carrera por la vida, porque –como dijo ayer la superviviente Christy Youngblood- corre por los que hoy no pueden correr.

 

Una veintena de personas lo reciben en mitad de la nada, al borde mismo de donde el ser humano ha llegado como colectivo, desde donde sólo los individuos dan ese paso de fe para adentrarse en lo salvaje. Familias enteras en mitad de la nada y del todo, unidas para animar las últimas zancadas de Marcos en Alaska. El gran Mike, fuerte, animoso y bonachón, llora en libertad.

 

Entre el final de la carretera y la guagua hay una inmensa llanura de tundra anegada y ríos con el caudal crecido por las lluvias y el deshielo. La única forma de llegar al Magic Bus en esta temporada es por el aire. El piloto de Temsco Helicopters, Cameron Johnson, nos aguarda. Volamos hacia ese otro lado.

 

Aquí nada parece cómodo, ni la propia búsqueda interior que trajo a Christopher McCandless a este lugar que hoy figura en los mapas espirituales de muchas personas. Aquí no hay nada. Es decir, hay una guagua oxidada, una placa, muchos agujeros de bala en la chapa, objetos que simbolizaron cosas importantes para las personas que los trajeron y pensamientos escritos sobre la carrocería y en una libreta protegida por una bolsa de plástico.

 

Pero no hay respuestas. No las vi. O quizá es que para encontrar esas respuestas debes vencer el miedo a dar ese primer paso hacia la libertad y andar tu propio camino. No llegar, sino andarlo. Marcos lo hizo y escribió sus pensamientos sobre la piel del Magic Bus. Quienes tengan la voluntad de llegar hasta aquí por un sueño podrán leerlos.

 

Comentarios

  • J. María
    13/06/2018 - 00:59

    Un ruego a la dirección de TeldeActualidad sobre la publicación de Marcos Yánez y su reto. Está publicado en la sección de Deportes pero tendría más audiencia en la sección de Sociedad -eso creo al menos- y el proyecto deportivo SOLIDARIO bien merece una mayor publicidad. Gracias por todo.

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  • Tata, Pp y tus primos
    13/06/2018 - 00:51

    Querido Marcos: Sabemos que fisicamente estas muy lejos pero el calor que desprende tu gesto deportivo-solidario nos llega hasta aquí. Son miles de km. y gracias a nuestra querida TeldeActualidad (que felicitamos una vez más) observamos, vemos, los bonitos paisajes y de fondo un más bello ATLETA que respira "amor" por los cuatro costados. Alaska preciosa. Recordamos como tio Pp se hizo donante de médula porque lo estaban pidiendo unos padres -buenos amigos nuestros- su hijo estaba gravente enfermo. Nunca me llamaron pués mi médula sería incompatible. Aquí y en Pamplona los amigos lucharon por su hijo y que al final todo fue inutil pero yo diría que el joven dió -nos dió- una lección por su fortaleza, su lucha, su saber estar......Ahora está gozando de una vida donde ya no hay luto ni dolor en la presencia del Buen Dios. Esta tarde te oí por el audio que le enviaste a tu prima Dácil. Eres fabuloso y tu gesto más. Felicidades. Enhorabuena. Creo que los donantes no van a ser 3.000 sino 30.000, es que tus proyectos: Ayer en Islandia y hoy en Alaska lo merecen -tiempo al tiempo. Un fuerte abrazo para ti y tus acompañantes.

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