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Opinión -23/05/2021 - Actualizada a las 10:17
Colaboración

La identidad lingüística también hace patria

Nicolás Guerra

Con motivo del Día das Letras Galegas miles de personas se concentraron en la Praza do Obradoiro de Santiago de Compostela. Las había convocado la plataforma “Queremos Galego” para reclamar no ya el fortalecimiento de su lengua materna sino -¡inaudito!- el interés de la Xunta, a la que acusa del retroceso en el número de hablantes.

 

Y aunque el señor Núñez Feijóo, presidente de la misma, introduzca voces aisladas en sus discursos, lo cierto es que el gallego no figura ni tan siquiera como lengua cooficial según denuncia la plataforma, no aparece en documentos administrativos por más que el Estatuto de Autonomía la reconoce como tal. (¿Temor al resurgimiento del nacionalismo extremista-ácrata-independentista?)

 

Cuando un profesor de Lengua Española canario, educado en Canarias, licenciado por una de las dos universidades canarias y ejerciente en un instituto isleño impone al alumnado el uso del posesivo vuestro, los personales plurales os, vosotros, vosotras y las correspondientes formas verbales (salid, vayáis, cogeréis…) para que aprendan a usar “el español correcto” (¡disparate, insensatez!), algo retumba en las aulas.

 

Y de paso muestra la aparente indiferencia de (i-)responsables políticos autonómicos ante la paulatina desaparición de un aspecto lingüístico y cultural caracterizador de la comunidad canaria. (¿Se busca, acaso, nuestra culturización a través del muy minoritario español peninsular? ¿Desasosiego ante una hipotética recuperación del movimiento independentista, sesenta años atrás... o, quizás, pura ignorancia?)

 

Por tanto, no es extraño que una parte de la juventud isleña haya encontrado el éxtasis lingüístico-espiritual imprescindible para empezar a ser personas cultas a la manera del profesor citado. Y en cidcampeadora acción arroje por barrancos y barranqueras malformaciones referidas a pronombres y personas verbales como los “incultismos” ustedes, les, cojan…, usados en Canarias. Construcciones, claro, heredadas de analfabetos padres, iletrados abuelos y demás indocta familia pervertidos todos lingüísticamente por escritores como García Márquez, Vargas Llosa..., premios nobel en quienes dominan los vicios denunciados por el academizable enseñante.

 

Obviamente no se trata de dos casos iguales, ni tan siquiera parecidos. Entre el gallego y la modalidad canaria -usados ambos por hablantes como instrumentos de comunicación- hay diferencias abismales, claro. El primero es una lengua surgida en la Edad Media tras la evolución del latín (como el catalán, el castellano, el provenzal...); la segunda -inicialmente estudiada como dialecto del español- no es más que una variante del andaluz impuesto en Canarias tras la conquista y el asentamiento, sobre todo, de sevillanos.

 

El gallego, pues, es una lengua, un sistema lingüístico estructurado (verbal y escrito, con proyección literaria -Rosalía de Castro, por ejemplo-), asentado en Galicia y con mucho mayor arraigo en zonas rurales. La variedad canaria, por contra -salvo algunas curiosidades léxicas-, permite la completa comunicación con los quinientos ochenta millones de hispanohablantes. No obstante, tanto la lengua gallega como nuestra modalidad son señas identificadoras de dos pueblos absolutamente ajenos desde lo lingüístico por más que en Canarias mantengamos (o, acaso, mantuvimos) ciertos galleguismos relacionados con la lluvia (biruja, birujilla…), tal como años atrás me confirmaron varios directivos -provenientes de municipios no capitalinos- de la Casa de Galicia.

 

Pues bien. A pesar de tal manifiesta divergencia desde el punto de vista lingüístico, hay un elemento común a ambas (lengua gallega y variedad del dialecto andaluz) recogido en documentos oficiales. Así, el gallego es considerado como lengua materna gracias a leyes aprobadas por el Parlamento de Galicia, órdenes y algunos decretos (¡desde 1983!) para “la recuperación […] en la Administración local, judicial y militar”. Según la Xunta, se han producido avances decisivos en el proceso de normalización de la lengua.

 

Por contra, para quienes denuncian -”Queremos Gallego”- el retroceso en el número de hablantes, la situación de la lengua es otra bien distinta. Y algo así debe de pasar, sospecho, pues palabras sueltas intercaladas por el señor presidente más parecen español con fonética gallega adaptadas casi al capricho del hablante. (Lo cual se agradece, es cierto: el mensaje al completo es claro, diáfano, preciso. No necesita traducción simultánea.)

 

Nuestras leyes autonómicas también recogen disposiciones: el currículo o conjunto de estudios y prácticas destinado a que el alumno desarrolle plenamente sus posibilidades tiene la obligación de contemplar todo lo relacionado con la historia, la antropología… e identidades canarias “y otros hechos diferenciales para que sean conocidos, valorados y respetados como patrimonio propio y en el marco de una cultura universal”.

 

Por tanto, ¿puede ser considerado como patrimonio propio e identificador de nuestra geografía el estudio, fortalecimiento y mantenimiento de peculiaridades lingüísticas ya avanzadas en 1970 por el profesor y filólogo Alonso Zamora Vicente, maestro de una extraordinaria escuela de estudiosos de la lengua y la literatura españolas y autor de veintitantos estudios críticos sobre sus peculiaridades, entre ellos nuestro libro de cabecera en quinto de carrera, Dialectología española, recomendado por el catedrático Salvador Caja, exvicepresidente de la Academia Española, la RAE?

 

Destaca el profesor Zamora Vicente (apartado “Hablas de tránsito, el canario”) la desaparición en el lenguaje general de la forma vosotros, sustituida por ustedes. A solo cincuenta años de la segunda edición (“muy aumentada”) de tan extraordinario trabajo de investigación dialectológica, ¿imagina usted, estimado lector, la perplejidad del Premio Nacional de Literatura, catedrático de la Universidad salmantina, director del Instituto de Filología de Buenos Aires, profesor de distintas universidades americanas… si volviera hoy a Canarias y se enfrentara al “Decidme qué os pido” del joven camarero en una cafetería santacrucera (le pregunté por su lugar de nacimiento: La Orotava) o al “Tenéis horno para cocer” de la jóvena introductora en el apartamento alquilado (ella es del barrio de Ofra, uno de los varios distritos de Santa Cruz de Tenerife)?

 

También en Canarias, como en Galicia, los boletines oficiales “protegen” los currículos del área de Lengua Castellana y Literatura tanto de Educación Primaria (desde 1993), Secundaria Obligatoria (1994) como Bachillerato (1995). Lo cual, contrastado con la realidad actual, confirma el dicho popular de que el papel aguanta todo lo que le pongan. (¿Se deberá al complejillo de inferioridad de algunos canarios responsables de la universalización del alumnado?)

 

Nicolás Guerra Aguiar es catedrático y escritor.