domingo, 09 de mayo de 2021Director: Carmelo J. OjedaISSN 1885-5636
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Opinión -27/02/2021 - Actualizada a las 19:50
Colaboración

El reino de los mediocres

Nieves Rodríguez

El único trabajo que no se necesita demostrar oficio es la política, por lo que se podría pensar que no es un trabajo, pero sí un servicio público, no obstante, como se recibe un sueldo volvería a ser un trabajo.

 

Fuera de disquisiciones inútiles, sea trabajo o servicio, estaremos todos de acuerdo en que no se necesita saber de nada ni demostrar oficio ni titulación alguna; de esto tenemos numerosos ejemplos; políticos nefandos que cuando la ocasión lo propician, falsifican títulos. Pero, al menos, se les debería presuponer, como autoridad moral y pública, cierto sentido común.

 

Sin embargo, en el reino de la mediocridad, vivimos rodeados de políticos ignorantes, sin sentido común, muchas veces ausentes de la realidad y con escaso interés por el bien público. Aunque nadie estudia unas oposiciones para entrar en política, cumplen un servicio, y por ello, se les debería requerir, al menos, un mínimo de conocimientos generales y nociones básicas que deberían conocer, o que alguien les debería hacer entender. Aspectos como que las costas son de todos y no se puede dar licencias a empresas privadas y arrebatar las playas a los vecinos o que no se puede dinamitar un barranco para instalar torres para beneficio de las hidroeléctricas; nociones de sentido común que deberían conocer todos y todas.

 

Un juez cogido infraganti en una fiesta en su casa, un alcalde conduciendo borracho, una concejala que se vacuna antes de su turno; cerrar un centro de acogida de personas sin hogar en plena pandemia, o permitirse derrochar dos millones de euros en una fiesta de carnaval que no se ha celebrado, son solo algunos ejemplos del nivel de estulticia y falta de ética de nuestra clase política.

 

El que nadie dimita cuando se ha abusado de su cargo es un mal síntoma. Luego, nos quejamos del desapego de la gente, de la poca participación, de la desidia, del vandalismo de los jóvenes, de la rabia de los extremismos.

 

Si quienes deberían dar muestras ejemplarizantes actúan como gánsteres, si se rigen bajo la creencia de que nunca podrán dormir en un banco del parque, o se muestran incapaces de proteger el suelo de los deseos de las grandes corporaciones, mal vamos.

 

Si la clase política se piensa, se cree imbuida de una suerte de halo mágico que los inmuniza, que vayan despertando, serán desterrados por las urnas, mientras tanto, confórmense con el desprecio de un pueblo que guarda memoria.

 

Nieves Rodríguez Rivera es profesora de Lengua y Literatura y escritora.