jueves, 04 de junio de 2020Director: Carmelo J. OjedaISSN 1885-5636
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Opinión -11/01/2020 - Actualizada a las 19:12
Colaboración

¿Y su fe, cómo está?

Francisco Martel

 Amigos lectores: el Papa Francisco escribió en el año 2011 el interesante escrito Porta Fidei, Puerta de la Fe, y nos decía que “La Fe es el gran regalo que recibimos el día del Bautismo”. 

 

Sí, ella es como una Central eléctrica que nos mueve  en la vida haciéndonos más humanos y más sensibles a los que nos rodean. ¡Qué interesante lo que nos dice el apóstol Santiago en su carta Cap. 2: “Déjame ver tus obras y luego yo te diré cuál es tu fe”!

 

Hoy millones de personas buscan la Fe para poder disfrutar de esta vida y de la futura. Cuando una persona tiene verdadera Fe sabe dejar los problemas en manos de Dios y se pone en sus brazos dejándose conducir por los caminos de la vida de la forma en que un niño toma la mano de su madre.

 

Amigos, pongan la fe en manos de Dios y hagan como el niño que toma la mano de sus padres para seguir caminando a diario. Me gustó el cuento que les dejo ya que me hizo pensar: Dicen que había una vez un niño que quería conocer a Dios y que para ello hizo un largo viaje.

 

Habiendo recorrido algunos kilómetros, se encontró con una anciana que estaba sentada en el parque, observando algunas palomas. El niño se sentó junto a ella y abrió su maleta para comer un bocadillo. Notando que la viejecita estaba con hambre él le ofreció un panecillo y ella lo aceptó muy agradecida. Su sonrisa era tan bella que el niño quería ver esa sonrisa nuevamente, y entonces le ofreció un jugo. Nuevamente la mujer volvió a darle su hermosa sonrisa quedando el pequeño encantado.

 

Los dos se quedaron allí toda la tarde comiendo y sonriendo, pero ninguno de ellos decía palabra alguna. Cuando empezó a oscurecer, el niño estaba cansado y se levantó para irse. Pero, antes de haber dado unos pasos más, él corrió hacia la viejecita y le dio un abrazo y ella le dio la más grande y hermosa sonrisa. Cuando el pequeño abrió la puerta de su casa, su madre, sorprendida por la felicidad que traía, le preguntó cuál era la causa y él le contestó: “Mama, hoy he comido con Dios. ¿Y sabes qué?

 

¡El tiene la sonrisa más bella que he visto! Mientras tanto la viejecita, también con mucha felicidad, regresó a su casa y su hijo le preguntó: “Mamá, ¿qué hiciste hoy que te veo tan feliz?” Y ella le contestó: “Hijo mío. hoy yo comí panecillos en el Parque con Dios. ¿Y sabes qué?... Dios es más joven de lo que yo esperaba”.

 

Francisco Martel es sacerdote y párroco.