sábado, 07 de diciembre de 2019Director: Carmelo J. OjedaISSN 1885-5636
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Opinión -11/08/2019 - Actualizada a las 11:20
Colaboración

El valor de la gratitud

Segismundo Uriarte

La gratitud es considerada una virtud en casi todas las culturas, y al intentar definirla, puede tener en muchas personas diversos significados como, por ejemplo, percibir la abundancia o ser agradecidos con alguien en la vida, Expresar agradecimiento es mucho más que decir “gracias”. Esto es porque se suele asociar la gratitud con esa expresión por un regalo o beneficio recibido. La práctica de la gratitud requiere un enfoque real en el momento presente, en la apreciación de la vida tal como es hoy y que ha hecho nuestra realidad actual posible.

 

A la gratitud se la ha definido como: “una sentida sensación de asombro, agradecimiento y aprecio por la vida.” Muchas veces se estima que de todos los sentimientos humanos, el más efímero es la gratitud. Quizás haya algo de cierto en esta afirmación. Ya que el saber agradecer es un valor en el que pocas veces se piensa. Tradicionalmente se dice: “de gente bien nacida es ser agradecida”.

 

Para algunas personas dar las gracias por aquellos servicios cotidianos es muy fácil. Sin embargo, no siempre es así. La gratitud implica algo más que pronunciar unas palabras de manera automática, sino que responde a aquella actitud que nace del corazón, en aprecio a lo que alguien más ha hecho por nosotros. Ahora bien, la gratitud no es “devolver el favor”: si alguien me sirve una taza de café no significa que después debo servir a la misma persona una taza y quedar iguales. El agradecimiento no es pagar una deuda, es reconocer la generosidad ajena. La persona agradecida busca tener otro tipo de atenciones con las personas, no piensa en pagar por cada beneficio recibido, sino en poder devolver la muestra de afecto o cuidado que tuvo. Las muestras de afecto constituyen una manera visible de agradecimiento; la gratitud nace por la actitud que tuvo la persona, más que por el bien o el beneficio recibido.

 

A lo largo de nuestra vida nos rodeamos de personas por quienes tenemos especial estima, preferencia o cariño por “todo” lo que nos han dado: padres, maestros, cónyuge, amigos, jefes… El motivo de nuestro agradecimiento se debe al “desinterés” que tuvieron a pesar del cansancio y la rutina. Nos dieron su tiempo, o su cuidado. No siempre contamos con la presencia de alguien conocido para salir de un apuro, resolver un percance o un pequeño accidente. ¡Cómo agradecemos, por ejemplo, que alguien nos ayude a reemplazar el neumático averiado!

 

El camino para vivir el valor del agradecimiento tiene algunas notas características que implican: reconocer el esfuerzo de los demás cuando nos proporcionan ayuda, acostumbrarnos a dar las gracias, tener pequeños detalles de atención con todas las personas. Expresar gratitud y aprecio tiene numerosos beneficios, como una mayor felicidad, relaciones más satisfactorias y paz mental. La gratitud aumenta la autoestima y la sensación de valor personal, ayuda a construir y mejorar los vínculos con los demás, ayuda también a afrontar el estrés y la adversidad, inhibe las comparaciones negativas con los demás, nos ayuda a adaptarnos a nuevas circunstancias, ayuda a incrementar las emociones positivas, permite armonizar nuestro ritmo cardiaco y
mejora la calidad de sueño.

 

No todo el mundo puede experimentar gratitud. A diferencia de otros sentimientos, el de la gratitud no aparece como un impulso simplemente. La gratitud exige que haya un sistema de valores éticos, en donde estén resueltos los conceptos de dar y recibir, además de una renuncia a la visión egocéntrica de la vida. Las personas que no son capaces de experimentar gratitud tienen un elevado narcisismo. No solamente tienen problemas de memoria, sino que también dan por sentado que merecen toda la ayuda que reciben. De hecho, muchos de ellos se atribuyen totalmente los beneficios que obtienen y omiten por completo lo que los demás aportaron para poder lograrlos.

 

La ingratitud es propia de personas que han sido criadas con exceso de gratificaciones. No se les enseña a valorar lo que otros les dan. Sus padres le inculcan la idea de que lo merecen todo, por ser quienes son. Quien ha pasado por dificultades y las ha resuelto, sabe el inmenso valor que tiene la ayuda de otros. Nada como sentirse impedido para algo, o atrapado, o vencido, para entender que la mano que otro tiende es un verdadero regalo del cielo. La gratitud es un sentimiento sutil y sofisticado que germina sobre la convicción de que los seres humanos somos incompletos y que nos necesitamos mutuamente. Es el producto de haber desarrollado una ética de cooperación, en lugar de una actitud de competencia o confrontación.

 

Los agradecidos son también personas que difícilmente dan cabida a sentimientos negativos como el arrepentimiento, el resentimiento y la envidia. Son capaces de sentir gratitud, precisamente porque eligen ver lo mejor de las personas y guardarlo en la memoria. También son más generosos. Reconocen que la ayuda mutua es un valor importante y por eso no solamente son capaces de apreciar la ayuda que reciben, sino que también están dispuestos a ayudar a otros. Por eso no todos saben agradecer, y es que la gratitud es una virtud que solamente tienen los mejores.

 

Segismundo Uriarte Domínguez es maestro y técnico en Radiodifusión.