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Política -11/01/2022 - Actualizada a las 07:48

La edil Auri Saavedra

TA ofrece la columna diaria de Rafael Álvarez Gil
La edil Auri Saavedra
Rafael Álvarez Gil

No se puede ser edil de Participación Ciudadana y Voluntariado, Protección Animal, Salud, Sanidad y Consumo y Desarrollo Agropecuario (Agricultura, Ganadería y Pesca) sin un mínimo de medios humanos y materiales. La nomenclatura podría sonar para algunos tan atractiva como rimbombante, una especie de ‘superministerio’, para los que piensan que la actividad política puede ser un mero paseo dominical durante un mandato. Pero Auri Saavedra no es así, ni tiene necesidad de ello.

 

La concejala es, ante todo, una activista social y lo que podría constituir para otros un cargo superlativo con el que pavonearse es para ella, en realidad, una responsabilidad a ejecutar bien pertrechada administrativamente pues atesora tantas ganas e ilusión por mejorar la vida de los teldenses y, aún más si me apuran, de los peludos que siempre son los grandes olvidados.

 

Es un dislate que justo ahora que se modificó el Código Civil reconociendo a los animales como seres sintientes y, a efectos prácticos, parte de la familia, el Ayuntamiento de Telde pierda la entrega (vocación de vida incluso) y el afán por trabajar de Saavedra. Por tanto, está a tiempo de revocar su renuncia al acta antes del pleno en que proceda formalizarse y se reconduzca la situación. Y si es hoy mejor que mañana. Que Saavedra sea arropada, se le dispense lo que necesite y pueda llevar a cabo todas las ideas y planes que tiene para el universo de perros y gatos. Porque no quiere ser una edil al uso en el que el albergue de Bañaderos (Arucas) sea el destino habitual de los animales abandonados. Saavedra no quiere que su concejalía sea una gestoría en la que se acumule la impotencia y rabia. No solo es prevenir sino fomentar la cultura de la protección animal, y tantos otros aspectos.

 

A buen seguro, será un deseo compartido por la alcaldesa y el resto del equipo de gobierno. La tarea desplegada por Saavedra, a veces ingrata por las envidias y recelos dentro del sector, permitiría que Telde fuese pionera en las políticas públicas en esta materia. Precursora y ejemplo para el conjunto de municipios de Canarias en relación a nuestros amigos los peludos. Ella no ha desperdiciado ni un solo momento en intrigas políticas ni batallas por el estilo que se dan en las administraciones.

 

El día que tomó posesión del acta Saavedra, en el verano de 2019, en el salón de plenos junto a la plaza de San Juan, lo hizo portando a su perro Tobillo. Fue una de las instantáneas más singulares de la jornada. Y con ese gesto, lleno de amor a Tobillo como de conciencia y respeto por los animales, trasladó su compromiso y visualizó una problemática en el municipalismo que precisa de mayores inversiones y atención. Esto es un desatino a enmendar. Que la regidora y ella se sienten a solas, dialoguen y busquen remedio. Y que el Cabildo de Gran Canaria, que querrá hacerlo, se implique para dar cobertura a las acciones a implementar que muchos teldenses aguardan. Por el bien de la ciudad que se arregle cuanto antes. Las mascotas lo reclaman. Y el resto del archipiélago miraría a Telde como lucero en este campo.