sįbado, 13 de agosto de 2022Director: Carmelo J. OjedaISSN 1885-5636
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Política -05/01/2022 - Actualizada a las 07:54

QuƩ grande es Almudena

TA ofrece la columna diaria de Rafael Ɓlvarez Gil
QuƩ grande es Almudena
Rafael Ɓlvarez Gil

Almudena Grandes fue una galdosiana confesa. Y la desesperación que ha causado en la derecha madrileña es un tributo más a la memoria de Benito Pérez Galdós y, de paso, catapulta y renombra a la escritora en la Primera División que de por sí merece. Es lo que tiene el poder intelectual: exaspera e incomoda a los otros poderes. Cuando fueron a inaugurar en la calle Cano de la zona de Triana en Las Palmas de Gran Canaria la Casa-Museo de Pérez Galdós, el obispo de la época, Antonio Pildain y Zapiain, que lo fue durante tres décadas, nada más y nada menos, se opuso. Estamos hablando aún en plena dictadura franquista.

 

No hay dinero que pueda apresar el poderío de las ideas y su transmisión. Por eso la Revolución francesa triunfó amén de la Ilustración y el contenido de la Enciclopedia se expandió por Europa. Lo que hoy viene a ser internet y la digitalización, a efectos prácticos. El PP y Vox rechazan a Grandes por sus novelas y por sus columnas y tribunas periodísticas, por su republicanismo y su capacidad de retratar las desigualdades sociales y, por ende, del capitalismo de casino y la castiza corrupción. Similar herencia dejó Galdós en la España del siglo XX.

 

Las declaraciones lamentables de José Luis Martínez-Almeida sobre la novelista no dejan de ser una nueva confirmación de la influencia y el triunfo de ella en vida y de las obras que ha dejado para el universo de lectores. Cuando el alcalde comete semejante dislate es, por retorcido que suene, un rocambolesco certificado de la grandeza de la madrileña. Significa que ahondó en la conciencia popular, denota aquel “ladran, Sancho, señal que cabalgamos”. La derecha más reaccionaria no supo qué hacer entonces ni ahora.

 

Cuando al poder establecido de turno no le gusta le pensamiento, el poder intelectual en definitiva de quien se tercie, intenta censurar, excluir y obviar por los hechos consumados. De hecho, existen ‘listas negras’ en los medios de comunicación, con independencia de si son de titularidad privada o pública, donde también se han ejecutado vetos. Porque puestos a honrar a la verdad: los mismos soportes mediáticos que en el presente salen a defender a Grandes han caído en la tentación en ocasiones de silenciar otras voces. Lo que, siguiendo el argumento, no deja de ser, a su vez, un reconocimiento al que han vetado porque no tienen razones que contraponer desde su línea editorial. Con todo, el episodio de Grandes con PP y Vox nos recuerda que no hay caudal que detenga el poder de las ideas, el predominio intelectual. Este acaba por despuntar, antes o después. Hoy Galdós es indiscutible y todas las envidias y celos que concitó por parte de los mediocres no han podido evitarlo. En otro ciclo histórico acontecerá por igual con la narradora. Y volverá a confirmar la tesis de que el poder intelectual es irrefrenable. De hecho, un medio de comunicación sin él es inofensivo, es una hoja parroquial. Y los nervios de los políticos, de los sectarios, se desataron y reconcomieron primero con Galdós y ahora con Grandes. Al final, estos últimos (sus ideas) son las que resultan victoriosas.