martes, 09 de agosto de 2022Director: Carmelo J. OjedaISSN 1885-5636
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Política -04/01/2022 - Actualizada a las 07:58

El órdago de Yolanda

TA ofrece la columna diaria de Rafael Álvarez Gil
El órdago de Yolanda
Rafael Álvarez Gil

Un decreto ley es un instrumento de predominio del poder ejecutivo amparado por las circunstancias de urgencia y necesidad sobrevenida. Esa es su naturaleza. Sin embargo, en política se estila como un órdago de La Moncloa al Congreso de los Diputados que es, en última instancia, el que tiene que convalidarlo en el plazo máximo de un mes. Esta es la vía que ha utilizado Yolanda Díaz para la reforma laboral o, dicho de otra manera, la derogación parcial de la del PP en 2012. Un decreto ley es aplicar el rodillo parlamentario, con o sin mayoría absoluta. Porque se trata de poner entre la espada y la pared a sus señorías exponiéndoles que aprueban lo indicado o viene el abismo. Es natural, es maquiavélico, es lo que hay. Otra cosa es si la gallega realmente está en posición de esgrimir este todo o nada, que es lo que ha venido a manifestar en las últimas horas al señalar que aquellos que voten en contra se lo tendrán que explicar a los trabajadores.

 

Ahora bien, ¿quién le va a advertir a ella que si desea seguir siendo parte del Gabinete en la próxima legislatura, si es que los números dan, necesitará tanto de ERC y EH Bildu? La ministra de Trabajo y Economía Social no solo podría quedarse sin su medida estrella, pronto lo sabremos, sino (lo más llamativo) sin potenciales socios de cara al futuro. Así las cosas, lo que debe mascullar la gallega es a qué tipo de plataforma aspira: aumentar la representación actual de los 35 escaños de Unidas Podemos y sus confluencias o ceñirse a una especie de IU en sus mejores tiempos con Julio Anguita. Si es esto último, que prosiga en la senda del desafío institucional, si es lo primero requerirá en su estrategia de unos nacionalismos periféricos que en el presente denuncian que no han contado con ellos para la reforma laboral. Y que conste que los sondeos más recientes apuntan a un ligero descenso de las 35 actas que cosechó Pablo Iglesias en noviembre de 2019.

 

Por tanto, la vicepresidenta ha lanzado su órdago. Y este podrá salirle bien o mal. Pero las declaraciones de apelar a explicárselo a los trabajadores suenan a un estilo propio del bipartidismo de antaño. En términos coloquiales: tomar o dejar las dichosas lentejas. Si el decreto ley es convalidado amén, por ejemplo, de Ciudadanos y PNV, la ministra (el perfil institucional) habrá ganado la batalla cortoplacista pero ERC y EH Bildu tomarán nota para 2023 (o antes si hay adelanto electoral).

 

Lo suyo es que apretase el desarrollo normativo del texto al calor de las enmiendas de los socios del Ejecutivo. Y en el camino irrumpa un malestar o rechazo empresarial. Por ahora, no es lo que parece. La gallega desea prevalecer el consenso con los agentes sociales, que fácil no habrá sido conseguirlo. En fin, su tesitura es potenciar la figura de ministra o pensar en la de candidata presidencial para una izquierda sociológica que observa con asombro la creciente amenaza de la ultraderecha que demoscópicamente galopa para achicar a un PP que necesitará de Vox para gobernar. Y esto, con o sin reforma laboral, barrunta un importante conflicto social y territorial.