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Política -29/12/2021 - Actualizada a las 07:39

Frustración nacionalista

TA ofrece la columna diaria de Rafael Álvarez Gil
Frustración nacionalista
Rafael Álvarez Gil

Lejos queda aquel cántico que aún retumba: “Escuela canaria, maestros canarios”. Lo abanderó el STEC, ligado a Intersindical Canaria, y que por muchos años fue la pesadilla de cualquier titular de la Consejería de Educación. Hoy el STEC ya no es a nivel autonómico el primer sindicato en la enseñanza pública, fue superado (por poco) por Anpe; sí lo es aún en la provincia de Las Palmas. No hay nacionalismo isleño con horizonte de progreso si no dispone de lazos organizativos y afectivos frecuentes con centrales sindicales de similar naturaleza ideológica. EH Bildu está plantando una feroz batalla contra el Gobierno de coalición de izquierdas precisamente porque en la sociedad vasca hay dos organizaciones muy poderosas y con influencia social: ELA-STV (Eusko Langileen Alkartasuna-Solidaridad de los Trabajadores Vascos) y LAB (Langile Abertzaleen Batzordea; algo así como Comisiones de Obreros Abertzales). De hecho, en Euskadi ambos superan, con creces, a UGT y CC OO. Hasta el PNV se ha tenido que sumar al frente abierto por EH Bildu ante La Moncloa. Salvando las distancias, no es casualidad, por tanto, que Vox quiera tener un sindicato próximo a sus ideas.

 

En la caldera de Tirajana, en el mismo casco de Santa Lucía de Tirajana, feudo histórico de la izquierda canaria, se ve en sus fiestas banderolas españolas mezcladas por igual con las canarias desplegadas en la vía pública. Algo inimaginable en los municipios electorales por antonomasia del nacionalismo vasco y catalán. En los días festivos en Agüimes sí se ve tan solo la enseña canaria. Pero en Gáldar, donde ostenta Nueva Canarias una holgadísima mayoría absoluta, se observa en verano en la misma plaza al calor de su festividad la bandera española. Con todo, es lo que tiene haber predominado históricamente el nacionalismo instrumental (las partidas presupuestarias y la calculadora) sobre el nacionalismo identitario que es, en última instancia, el que forja la identidad, empodera y eleva la autoestima como pueblo.

 

El nacionalismo canario no puede ser un nacionalismo de parques y jardines. Ceñirse al papel de gestoría. Es necesario, es requisito imprescindible, pero se requiere mucho más como proyecto político que aspira a ser sólido e intergeneracional. En Telde sigue habiendo una calle con la denominación: 29 de abril. También existe en Las Palmas de Gran Canaria, pero Telde sí ha sido (y es) gobernada por el nacionalismo. Un honor indebido que el consistorio le hace a la rendición frente al conquistador imperial en Gran Canaria. Y en el Parlamento sigue estando dos grandes cuadros presidiendo el salón de plenos conmemorando episodios de la conquista castellana.

 

En lontananza se divisa una regresión democrática y una amenaza al autogobierno por parte de PP y Vox. La ultraderecha no tendrá miramientos en expandir su concepción identitaria. Es más, a su favor tiene un ecosistema mediático instalado en Madrid que hará de altavoz llegado el caso. Catalunya y Euskadi sí atesoran su universo mediático con el que oponerse a las tentaciones recentralizadoras. En las islas el abanico mediático propio, unido al terruño, se ha desdibujado y a distancia de su máximo nivel potencial. Este es, en fin, el diagnóstico identitario con todas sus derivadas que tiene pendiente el nacionalismo canario. De lo contrario, será otra cosa, nunca podrá competir con el neoespañolismo y, cómo no, acabará por sucumbir frente al poderío mesetario.