s醔ado, 14 de diciembre de 2019Director: Carmelo J. OjedaISSN 1885-5636
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Sociedad -07/09/2019 - Actualizada a las 09:33

El pregonero de las fiestas de la playa de Ojos de Garza apela a la unidad para defender sus "modos de vida"

Juan S谩nchez Mart铆n ley贸 un texto que buce贸 en los recuerdos de su infancia, evoc贸 estampas cotidianas y cit贸 hitos hist贸ricos en el devenir del barrio
El pregonero de las fiestas de la playa de Ojos de Garza apela a la unidad para defender sus
El pregonero Juan S谩nchez Mart铆n con un nutrido grupo de personas despu茅s del acto (Foto TA)

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Telde.- Juan Sánchez Martín respondió anoche con creces a las expectativas depositadas en él por le nuevo colectivo vecinal de la playa de Ojos de Garza para que ejerciera de pregonero de la 40ª edición de las fiestas en honor del Santo Cristo.

 

El catedrático jubilado y exconcejal de Cultura se marcó un pregón en el que no faltó de nada. Recordó con emoción a las personas que han dejado una huella especial en este rincón de la costa sur de Telde y las eternas disputas de amigos sobre qué playa era mejor. “Lo que no estaba en discusión era que a marea baja Ojos de Garza tenía el mejor campo de futbol de Telde, lo que contribuyó a que surgieran grandes futbolistas como Paco, Juan, Gonzalo y Luis Cáceres, Delfín, Pancho, etc. y el mejor futbolista de Telde de mi generación Perico Martel. Ni que Tufia, protegida del alisio del nordeste por el morro, permitía tener los barcos apotalados todo el verano sin necesidad de vararlos en la orilla”.

 

Buceó en su memoria para reconstruir episodios felices de su infancia y desenterrar estampas cotidianas durante el verano en la vida de los niños y adultos en este “maravilloso” espacio de la costa de Telde. En su recorrido no faltó las citas a la historia para recordar los naufragios de barcos en la peligrosa Baja de Gando, la construcción del Lazareto de Gando, Base Aérea o del Aeropuerto de Gran Canaria.

 

Sánchez finalizó su pregón poniendo en valor lo que representa la playa de Ojos de Garza para sus habituales moradores. “Es un modo de vida y un sentimiento, que alcanza su máxima expresión de noche, cuando desde el mar emerge esa luna inmensa, que a ratos se esconde detrás de los negros nubarrones. Si es pálida, adelanta la calma; si es rojiza, amenaza tormenta”.

 

Por ello, no quiso concluir su disertación haciendo un llamamiento a la unidad vecinal de todos los pobladores de este recoleto rincón. “Sentimiento y modo de vida que hemos de defender desde la unidad de un grupo humano con intereses compartidos; aunque con opiniones diferentes, en un mundo en el que la unanimidad es un bien cada día más escaso; pero sin perder de vista que es más lo que nos une, que lo que nos separa”, aseveró Martín, que estuvo arropado en el acto por un nutrido grupo de vecinos, compañeros del PSOE y miembros de la Corporación local de distintas formaciones políticas.

 

Tras el pregón, el grupo local Charcojondo ofreció un concierto.

 

Actos para este sábado

11.00  horas: Limpieza de la playa, canal y fondos marinos

20.00 horas: Romería ofrenda al Santo Cristo

22.00 horas: Noche de taifas, seguida de música ambiental

 

Pregón de las fiestas del Santo de Cristo de Ojos de Garza 2019

Buenas noches: vecinas, vecinos, visitantes y autoridades. En primer lugar, quiero agradecerles su presencia; y a la Junta Directiva de la Asociación Vecinos y Amigos del Cristo de Ojos de Garza, organizadora de las fiestas de este año, el proponerme para oficiar de pregonero. Especialmente, en esta edición en la que se cumplen cuatro décadas de la celebración de las primeras Fiestas de la Playa de Ojos de Garza, en agosto de 1979.

 

Deseándole a este joven colectivo suerte y acierto en esta singladura que comienza; convencido de que buscan lo mejor para este maravilloso enclave costero.

 

A continuación, quiero homenajear, colectivamente, a todos los que han luchado por dotarlo de los equipamientos y servicios de que dispone actualmente. Jugando, desde 1978, un importante papel la Asociación de Vecinos Playgarza, y su primer presidente Juan Pedro Pérez Medina.

 

Y compartir con ustedes un recuerdo emocionado de aquellas personas de esta comunidad que nos han dejado en este año. Aunque, a riesgo de ser injusto, solo haré referencia a dos de ellas por nuestra especial relación.

 

Luis Cáceres Mejías: amigo, vecino y compañero de colegio. Destacado futbolista que jugó en la UD Telde y el CD Ingenio.

 

Claribel Suárez Pérez: Gerente del Patronato Municipal de Cultura en mi época de concejal del área; primera persona a la que oí decir, con su especial humor, que ella era alumna de la Universidad de Oxford de Garza.

 

Además, deseo dedicar este pregón a tres mujeres excepcionales: Conchita Díaz, una verdadera señora; Aurora Jiménez, amiga de eterna sonrisa; y Tita Cáceres, mi primera maestra.

 

Sin olvidarme de Mari Luz, mi mujer, y de nuestros sobrinos Honorio y María, con quién compartimos nuestra pequeña casa: dieciséis metros cuadrados de alegría y felicidad.

 

A continuación, entraré en el pregón propiamente dicho, sin especificar si las personas que cito han fallecido o no; pues su recuerdo permanece vivo entre nosotros.

 

Permítanme cruzar con ustedes el largo puente de la memoria, sesenta años atrás, recordando como, en junio -pasadas las Fiestas de San Juan-, comenzaba la temporada de playa y buena parte de mis vecinos iniciaban la arrancada hacia Ojos de Garza.

 

Cargados con todos los atarecos: colchones, utensilios de cocina, cocinillas de petróleo y luces de carburo. Provistos de una gran cantidad de alimentos no perecederos: desde leche en polvo, hasta galletones; pues no había electricidad y mucho menos neveras. Pertrechados con los aparejos de pesca comprados en el Tamerán, o en el bazar de Andrés Falcón. Trajín que yo observaba con cierto desconsuelo.

 

A finales de los años cincuenta, mi familia retomó la costumbre de veranear en Tufia, alojándonos en la Cueva La Sociedad; mientras que en Ojos de Garza se vivía en modestas casetas construidas con maderas y planchas de zinc.

 

A mis amigos de esta playa solo los veía ocasionalmente. Los domingos en la misa de Santa Rita, oficiada por D. Andrés Viera, o al venir a comprar tabaco, fósforos y golosinas a la modesta tienda de Eloisita.

 

A final de temporada, tras el 12 de octubre, vuelta al Colegio, y la eterna discusión sobre qué playa era mejor: Ojos de Garza o Tufia.

Lo que no estaba en discusión era que a marea baja Ojos de Garza tenía el mejor campo de futbol de Telde, lo que contribuyó a que surgieran grandes futbolistas como Paco, Juan, Gonzalo y Luis Cáceres, Delfín, Pancho, etc. y el mejor futbolista de Telde de mi generación Perico Martel.

 

Ni que Tufia, protegida del alisio del nordeste por el morro, permitía tener los barcos apotalados todo el verano sin necesidad de vararlos en la orilla.

 

A veces, cuando había marea, nos acercábamos hasta el Callao de Ojos de Garza a coger carnada: lombrices y jacas.

 

Observando a los hombres de Ingenio, explorar cada cueva, cada rajón y cada charco en busca de pulpos y morenas. Atrayéndolas con sus melodiosos cantos y engañosos silbidos, para capturarlas con un lazo.

 

Viendo a los niños jugar interminables partidos de futbol y luchar en la arena. Mientras, las chicas se entretenían con sus juegos playeros: el clavo, el teje, o la soga -entonando deliciosas canciones infantiles como Al pasar la barca o El Cocherito Lere-.

 

Y a los marinos arranchar sus barcas, o reparar sus artes de pesca: redes, nasas, palangres y guelderas. Con los parales engrasados, esperando el momento propicio para salir a la mar.

 

Volvíamos por El Morro Gordo, pasando por delante del abandonado nido de ametralladoras, donde hoy está la ermita, reconvertido en improvisado solárium donde se bronceaban al sol las más bellas sirenas de Ojos de Garza. El camino, jalonado de pescadores de viejas, lebranchos, salemas, galanas, sargos y herreras.

 

En otras ocasiones, al anochecer, atravesaba esta playa acompañando a un joven marino, Francisco Negrín, camino a las calas de El Ancón para coger enormes cangrejos, portando un mechón de deslumbrante llama que permitía atraparlos fácilmente. Sistema de pesca que ya utilizaban los aborígenes, que se ayudaban de antorchas de tea para capturar peces y crustáceos que quedaban atrapados en los charcos al bajar la marea.

 

Veíamos las casas iluminadas, con las señoras jugando al cinquillo o a la lotería; y los hombres en la calle, entretenidos con la zanga o el envite.

 

A la vuelta, por los arenales, el cielo estrellado y un maravilloso silencio. Sólo alterado por el ruido del viento y el canto estridente de las pardelas que anidaban en los riscos de El Salado. Según las viejas sibilas, trasuntos del llanto de niños pequeños.

 

Al visitar la playa, los domingos, para ver a mis tíos Paco y Peregrina, el bullicio era general: sancochos, caldos de pescado, lapas, burgados, pejines, ron de la máquina, coñac malla blanco o malla amarilla. Y sonaba la música: coplas, boleros, pasodobles, rancheras y corridos mejicanos.

 

Aunque, ya, los jóvenes preferíamos la música moderna: Karina y sus Flechas del Amor, Los Brincos, Elvis Presley, Los Beatles y Los Bravos con su Black is Black. Joselillo Velázquez, con su maravillosa voz, era todo un anticipo del José Vélez de Vino griego y Bailemos un vals.

 

Descubriendo, además, que nuestro apreciado Antonio Peña era el radioaficionado de indicativo EA8 AIM (Antonio importante muchacho).

 

En verano, la radio era el único elemento de contacto con el mundo exterior: siempre pendientes del parte informativo y del meteorológico, D. Antonio Anaya adelantaba a los pescadores el estado del mar. Con la obligada cita cada tarde con los seriales: Ama Rosa, Matilde Perico y Periquín, Simplemente María o El Coyote. Por la noche tocaba oír los discos dedicados.

 

Finalizado este apresurado viaje por tierra, naveguemos juntos por este mar encrespado que nos acuna. Con Ojos de Garza siempre al fondo, ya fuera a babor o a estribor.

 

Solía acompañar a mi tío, Juan Martin, cuando iba de pesca por el Roque de Gando -refugio de gaviotas, garzas, palomas y pájaros. Ocasionalmente, nos encontrábamos con tortugas, marrajos, bicudas y peces voladores que seguían la estela de los barcos de pesca.

 

Y bandadas de toninas, pez mítico del que se narraban fabulosas historias de salvamento de nadadores en apuros. Realmente, peces muy sociales que en ocasiones llegan a jugar con los bañistas.

 

Todo lo contrario que las mantas, de las que los viejos pescadores nos contaban aterradoras historias: emergían del agua y agarraban a los marineros con sus potentes cuernos, arrastrándolos hasta el fondo del mar. Inofensivos peces, cuyos saltos no son más que un ritual de cortejo y apareamiento.

 

Todo un deleite para la vista y un imborrable recuerdo.

 

Además, el Roque, durante siglos, ha sido el celoso guardián del secreto de la bella historia de amor entre la princesa Abenahoara, de Tufia, prima de Bentaguayre -Faycán de Telde-, hermana de Maninidra -conquistador de la Torre de Gando-, y Doramas: valiente guerrero, de origen humilde. Quién se atrevió a desafiar las rígidas leyes de separación de castas de la sociedad aborigen, hasta llegar a ser Guanarteme de Telde.

 

El Faycán, conocedor de estos amoríos, la confinó en este reducido islote, al que cada noche acudía Doramas al encuentro de su amada desde la Península de Gando, desafiando las fuertes corrientes.

 

Relato, con final feliz, al que Néstor Álamo dedica un capítulo de su obra Tenesoya Vidina y Mas Historias.

 

En tiempos de calma, llegábamos hasta la Baja de Gando, arrecife semisumergido a 2 m de profundidad, visible desde la costa a marea baja. Cuya posición se encuentra en la alineación de la Montaña de Cuatro Puertas con el Roque de Gando. A menos de una milla de este, mar adentro, cuando ya se avista la Catedral de Las Palmas por el norte.

 

Siniestra dama, a cuyos pies rinden tributo casi una treintena de barcos. De los cuales, uno, el Serra da Agrela, en 1950, llegó hasta Ojos de Garza en su denodado esfuerzo por escapar del naufragio total, encallando cerca de la orilla. Permaneció en ese lugar hasta su desguace definitivo.

 

Y otro, el Tikonko 7, en 1999, tras chocar contra la baja llegó hasta el Morro Gordo, donde se le pararon los motores, iniciando su deriva hacia el sur, hasta Los Chirlos; donde, aún, son visibles sus restos a pocos metros de profundidad cerca de la orilla. La última vez que estuve por allí, el casco se encontraba casi sepultado por la arena, y quedaban, como recuerdo, la proa en vertical, mirando hacia el cielo, y unos metros hacia la orilla, la hélice, muda testigo de su resistencia ante el embate de las olas.

 

De estos naufragios, el del Alfonso XII adquirió naturaleza de leyenda; pues, al hundirse (13/02/1885) llevaba diez cajas con monedas de oro para la delegación del Banco de España en Cuba y para el sostenimiento de las tropas. Como curiosidad, decir que también llevaba 39.000 Ptas. en billetes de la Lotería Nacional.

 

Nueve de ellas fueron recuperadas por el más acreditado equipo de buzos ingleses de la época, entre los que se encontraban Lambert, jefe de la expedición, y Tester. Faltaba la señalada con el número ocho.

 

A finales de 1886, Tester volvió con la idea de recuperarla, Lambert había quedado paralizado de cintura hacia abajo después del anterior intento. Durante cuatro meses realizó más de sesenta inmersiones. Afirmando haberla localizado el 30 de marzo de 1887, tras permanecer 36 minutos en el fondo, bastante más de lo prudente.

 

Después de otra inmersión, efectuada con tan solo quince minutos de descanso, se sintió mal y murió al día siguiente en Telde. Lo que contribuyó a agigantar la leyenda; sin que hasta la fecha se tenga noticia de la recuperación de este tesoro.

 

Desde la Baja, veíamos pasar a unas millas a los majestuosos trasatlánticos ingleses que se dirigían a América y a Sudáfrica, como el Queen Mary o el Queen Elizabeth. Barcos que los veraneantes y marinos identificaban desde la costa por su estampa, color y número de chimeneas.

 

También, ocasionalmente, recalábamos por Los Chirlos con el barco Asunción II a pescar cabrillas, y me llamaba la atención un edificio imponente, en ruinas, en un descampado entre las Playas del Ámbar y la de Gando. Al preguntar por él, siempre me respondían lo mismo: es el Lazareto para los leprosos; pero sin muchas más explicaciones, lo que despertó mi curiosidad.

 

En el Siglo XIX Gran Canaria se vio afectada, al menos, por cinco graves epidemias que diezmaron su población. Entre ellas, la del terrible Cólera Morbo, en 1851, que tuvo especial incidencia en Telde.

 

Lo que justificó la construcción del mejor Lazareto de España en Gando. Según proyecto del ingeniero teldense Juan de León y Castillo. Con pabellones para la cuarentena de viajeros y mercancías que arribaran a Gran Canaria procedentes de zonas potencialmente peligrosas, y otros para tratar a los enfermos ya diagnosticados.

 

El edificio, terminado en 1893, nunca llegó a cumplir con su función, pues faltaba la construcción de un embarcadero en la Bahía de Gando y la finalización de la carretera a Telde, siendo inexplicablemente abandonado.

 

En 1918, durante la Primera Guerra Mundial, Gran Canaria se encontraba con graves dificultades de abastecimiento y con un fuerte descenso del comercio y las exportaciones; lo que amenazaba la supervivencia de la población.

 

Y en el mundo, se había declarado una terrible epidemia de la llamada Fiebre Española, que en realidad había comenzado en Estados Unidos, trayéndola a Europa los soldados americanos que combatían en Francia.

 

El 1 de octubre se recibió en Las Palmas una comunicación informando que a bordo del Trasatlántico Infanta Isabel que se dirigía al Puerto de la Luz, con unas 1200 personas, se había producido una epidemia, que resultó ser de esta terrible enfermedad.

 

El alcalde, D. Bernardino Valle y Gracia, médico, decidió, acertadamente, desviar el rumbo de la nave hacia Gando, y que los viajeros afectados fuesen desembarcados en el Lazareto; a la vez que de forma coordinada con el Cabildo de Gran Canaria se tomaron en tiempo récord las medidas necesarias para acondicionar unas instalaciones que llevaban 25 años abandonadas.

 

Pero el miedo hizo que nadie quisiera atender a los afectados de tan peligrosa enfermedad; salvo el anciano médico D. Andrés Navarro Torrens, de 75 años, que con un solo ayudante se encerró desde el primer momento en el Lazareto con más de quinientos enfermos. Falleciendo 44 afectados en las dos primeras semanas.

 

El alcalde, dos días más tarde, una vez dadas las instrucciones para el acondicionamiento de las instalaciones, se presentó en Gando, como médico, con el solo acompañamiento de un cabo de la Policía Municipal.

 

Estos decididos gestos disiparon los temores iniciales del personal sanitario, que se sumó con afán a su tarea. Logrando que 49 días más tarde se diera por superada la epidemia.

 

Ojos de Garza se vio favorecida por esta circunstancia, pues de forma apresurada, ese año, se terminó la carretera del Lazareto a Telde, para facilitar su comunicación con la capital.

 

Edificio que volvió a estar abandonado hasta 1937, en que se convierte en un Campo de Concentración al que son desplazados unos 1200 presos políticos republicanos, provenientes del clausurado Campo de la Isleta. Situación que dura hasta 1940, en que son trasladados a Las Torres, Guanarteme.

 

Entre ellos ciudadanos de Telde, como Manuel Santana (Blanco), socialista, panadero, que fue sometido a degradantes torturas, sin más delito que tener sus propios ideales. Sus hijas son desde hace muchos años veraneantes de esta playa. Aún vive Domingo Valencia, 99 años, que fue detenido y confinado en este recinto cuando solo tenía 15. Otros corrieron mucha peor suerte.

 

Ejemplos contrapuestos de la grandeza y la miseria a la que puede llegar la condición humana.

 

Y, para terminar, volemos juntos por los cielos del Aeropuerto de Gando. Creado en 1930, la construcción de su nueva terminal en 1946 y las sucesivas ampliaciones de su pista en 1957 y 1960 provocó el desalojo de los pescadores de las Playas de Gando y de Las Torrecillas.

 

Algunas de esas familias se establecieron en esta zona, desarrollando su actividad pesquera hasta hace unos años. Hoy, sus descendientes son parte importante de esta comunidad; pero dedicados a otros menesteres.

 

En 1940 se creó la Base Aérea de Gando, que, junto a otras instalaciones defensivas de costa como el bunker sobre el que levanta la ermita, o la batería antiaérea de Taliarte, tenían como objetivo la defensa de la isla ante una posible invasión por los ingleses durante la Segunda Guerra Mundial.

 

Produciéndose frecuentes e incruentas escaramuzas entre los aviones españoles y los aparatos ingleses y americanos que invadían el espacio aéreo de las islas vigilando a los submarinos alemanes que navegaban y se avituallaban en el archipiélago.

 

Gando, jugaría, décadas más tarde, un importante papel en la Guerra de África (1957-1958), en la descolonización del Sahara (1976) y en la protección de nuestros pesqueros en el Banco Canario-Sahariano.

 

Las gentes de Ojos de Garza observaban, en primera línea, todo este trasiego de aviones y de noticias reservadas que iban llegando subrepticiamente a través del personal del aeropuerto.

 

No volví por estas costas hasta que empecé a salir con mi mujer en los años ochenta, por entonces, ya la ermita era una realidad. Una de sus hermanas, Fela, salía con un joven muy especial: Honorio Suárez, toda una institución en esta playa. Líder de una pandilla estupenda, todos bastante más jóvenes que yo. Y desde ese momento, mi compadre para toda la vida; aunque no haya acristianado a ninguno de sus hijos.

 

Volví, con él, a recorrer de nuevo todos estos rincones: desde la Playa de Silva al Barranquillo de Las Pilas. Y con unas copillas, nos sentíamos capaces de matar hasta a los más fieros tiburones, con sonrisas y besos.

 

Integrándonos en este paraíso costero con la naturalidad de quien conoce a muchas familias desde hace cuatro, cinco y hasta seis generaciones.

 

Como en el caso de Juanma: desde su bisabuela Catalina, a la que una tarde le ordeñamos una vaca -su nieto Paco Alonso, Ciano y yo -en su cuadra, junto al Barranco de La Rocha-, hasta su simpática nieta Leire.

 

Reencontrándome con el ingenio de Mariano; con la sabiduría de Pedro Limiñana; con la mirada inteligente de Miguel Cabrera, con la picardía de Santiago Santana, y muchos otros amigos, de no menor aprecio, como Juan León, Juan Suárez Cáceres y Germán López. Cáceres.

 

La Playa de Ojos de Garza representa para nosotros un modo de vida y un sentimiento, que alcanza su máxima expresión de noche, cuando desde el mar emerge esa luna inmensa, que a ratos se esconde detrás de los negros nubarrones. Si es pálida, adelanta la calma; si es rojiza, amenaza tormenta.

 

Sentimiento y modo de vida que hemos de defender desde la unidad de un grupo humano con intereses compartidos; aunque con opiniones diferentes, en un mundo en el que la unanimidad es un bien cada día más escaso; pero sin perder de vista que es más lo que nos une, que lo que nos separa.

 

Queden, todos, a partir de este momento, convocados a las Fiestas en Honor del Santo Cristo de Ojos de Garza 2019.

 

Playa de Ojos de Garza, a 6 de septiembre de 2019