29/10/2018 - 15:18

Los primeros 'sheriff' de Jinámar

Salvador García Carrillo y Jesús Santana Marrero recibirán el 7 de noviembre la medalla de la ciudad

Los primeros 'sheriff' de Jinámar
Salvador García, sentado, y Jesús Santana, de pie. Posan en el patio de la Gerencia, a la que Salvador no regresaba, según confesó, desde que dejó el puesto de gerente, allá por 1987 (Foto Canarias7 / Arcadio Suárez)

TELDEACTUALIDAD

Telde.- Salvador García Carrillo y Jesús Santana Marrero comparten un pasado de liderazgo en los inicios de este barrio de casas sociales. Uno, el primero, político, al frente de la Gerencia que creó el Gobierno canario, y otro, el segundo, social y musical, cuando sacó de la calle a decenas de niños para que aprendieran folclore. Telde les concede sendas medallas de la ciudad.

 

23 de octubre de 2018. Gerencia de Jinámar. Salvador García Carrillo, viejo guerrero del PSOE, de los históricos, llega solo. En coche. Hacía 31 años que no pisaba la que durante dos fue su segunda casa. La conoció por primera vez con 43 años. Ahora tiene 77. Salió en noviembre de 1987 y no volvió. Hasta ahora. Y hoy como ayer, paradojas de la vida, la Gerencia está en obras.

 

Entonces –relata el diario Canarias7 en su edición de este lunes en una información de Gaumet Florido– entró con rango de gerente. El primero que tuvo Jinámar. El sheriff. Aquel día le estaban esperando. Lo nombró el Gobierno canario de Jerónimo Saavedra (PSOE) para poner orden en aquel Jinámar recién nacido. Llevaba una maleta. Siempre iba con ella. Esta vez cambió maletín por bandolera y muleta. Está fastidiado de una rodilla. Y en el edificio nadie sabe quién es. O casi nadie. Solo le espera un viejo conocido. Jesús Santana Marrero. Mejor dicho, Suso. 50 años.

 

Salvador lo conoció cuando tenía 16. Era un chiquillo avispado que enseñaba a medio barrio a tocar el timple. Suso nunca se marchó de la Gerencia. Aquí sigue. Se crió en el Valle de Jinámar. Preside un grupo folclórico, Entre Amigos, que creó en aquellos años, en 1984, al que cedieron varios locales en el edificio. Hoy Suso, si no es el sheriff, lo parece.

 

Salvador y Suso no solo comparten una amistad, un pasado y una lucha, la de levantar aquel Jinámar sin ley. También tienen en común una distinción, las medalla de la ciudad que les entregará el Ayuntamiento de Telde en el acto de conmemoración de los 667 años de la fundación de la urbe, el 7 de noviembre. A Salvador la de oro y a Suso, miembro de Los Gofiones, la del Mérito Cultural, por su trayectoria en el folclore.

 

«Era duro, pero muy cercano, muy sindicalista, se ponía de parte de la gente y peleaba por nosotros». Así recuerda Suso a Salvador. «A mí me encantaba Suso, porque era un luchador, me supo aglutinar a la gente con las rondallas», le devuelve el elogio. Luego admite que le molestaba tanta escandalera en el patio de la Gerencia. Eran tantos... Se juntaban hasta 200 chiquillos.

 

Ambos hablan con añoranza de aquel periodo 1984-1987, pero no fue fácil. «Fue muy duro», confiesa Salvador. «Nunca había visto nada igual, aquí había mucha miseria, y me vi solo muchas veces». Jerónimo, como él lo llama, lo eligió para asumir una papa muy caliente: construir una comunidad de lo que había sido un error salvaje, la decisión de Madrid de juntar en bloques de casas sociales de hasta 11 plantas a miles de familias sin recursos llegadas de toda la isla y del Sáhara, desarraigadas, en un barrio sin infraestructuras, sin agua, sin luz, casi sin urbanizar.

 

Salvador estaba en Madrid. Le llamó el secretario general de UGT en Canarias, José Manuel Hernández, para advertirle de que le ofrecían un cargo. «¿Gerente de Jinámar? Pero si no sé nada de urbanismo». Salvador siempre se había dedicado a la rama sanitaria. Había sido gerente de los hospitales de El Hierro y La Gomera. Pero Saavedra lo buscaba por algo. «Jerónimo quería a un tío bregado, con carácter, y yo lo tengo, a mí me gustaban las cosas muy serias».

 

Y vaya si tuvo carácter. Lo necesitó. Empezó fuerte. Primero, le puso condiciones al presidente. «Vale acepto; ahora bien, si dependo directamente de ti, y si voy con rango de director general». Y así fue. Dependía del vicepresidente, Juan Alberto Martín, pero tenía hilo directo con Saavedra. «Fui el único director general que asistió a un consejo de gobierno para hablar solo de Jinámar. Delante del presidente le canté las cuarenta a algunos consejeros». Y segundo, exigió que su despacho, al que le puso cristales de seguridad porque le advirtieron con apedrearlo, estuviera en el barrio. «Hizo bien, aquel Jinámar no se podía teledirigir», advierte Suso. Se presentó un lunes por la noche en medio de una asamblea con los colectivos en la Casa de la Condesa. «La presidían técnicos, todos pagados por el Gobierno y todos hablando contra el Gobierno, así que entré, me dirigí a la mesa y les solté: tú y tú, salgan de ahí. ¿Y usted quién es?, me preguntaron, mientras oía entre el público que me amenazaban con quemarme el coche o pegarme. Les respondí: soy el gerente, y se hizo el silencio». Cuenta que Reyita, una histórica dirigente vecinal, ya fallecida, se lo dejó claro: «O hace lo que le pedimos, o la primera piña se la pego yo», ríe Salvador. «Era guerrera, muy buena persona».

 

Ambos recuerdan que aquella Gerencia, hoy un espejismo de lo que fue, era como un ayuntamiento. Salvador la llenó de vida. «Era un hervidero, había una sala llena de futbolines y de billares, yo ensayaba con las rondallas, estaba La Comparsita, Camurrita tenía un equipo de lucha canaria, se daba ballet, y había una cooperativa de 70 u 80 vecinos que se encargaba de limpiar los colegios», recuerda Suso, que pasaba las tardes allí dentro. Y a Salvador le tocó ejercer de coordinador de las inversiones que hizo aquel Gobierno en Jinámar. Se construyeron en su etapa el centro de salud, el instituto de FP Fernando Sagaseta o la compensatoria. Y armó un equipo con cinco asistentes sociales.

 

Pero tras las elecciones entró el CDS con Lorenzo Olarte de vicepresidente, de quien dependía. Salvador siguió unos meses hasta que le buscaran sustituto. «Me llevé una lección muy triste de Jinámar, me fui descreído de la política». Se cerró una etapa en el Valle y en su vida. Años después le tocó a Suso, como funcionario municipal, coordinar la Gerencia.

 

«El agua la cogíamos de los jardines, y no había luz»

Treinta años después la realidad del Valle es otra. Aunque sigue habiendo dificultades, se ha avanzado mucho. Sin embargo, el Jinámar que conocieron Suso y su familia, en 1980, cuando llegaron procedentes de San Roque, en la capital, era desalentador. Él tenía apenas 12 años. «La primera imagen que recuerdo era la de las aulagas volando por las calles, y el rumor del viento, Jinámar parecía el lejano oeste». Las calles no estaban asfaltadas. «Eran de tierra y solo estaban colocados los bordillos». Tampoco tenían agua ni luz en las casas. Como a muchos otros niños, y hombres y mujeres, le tocaba hacer cola todas las tardes para ir a coger agua en una toma que había en los jardines. La abrían unas horas y las familias bajaban a acarrear baldes para llenar bidones y depósitos en casa. «En la mía nos quedábamos con colchonetas, usábamos una butsir y y nos alumbrábamos con velas». Así cuenta que estuvieron meses. Y tampoco había alumbrado público en las calles. «De noche teníamos prohibido salir, daba miedo».

 

La delincuencia campaba a sus anchas. «La inmensa mayoría era buena gente, pero llegaron algunos que…», recuerda Salvador. Una noche le robaron un coche patrulla a la Policía Nacional. «Y gracias a eso conseguí que Eligio Hernández, que era delegado del Gobierno, los mandara con más frecuencia al barrio». Pese a ello, había mucho vandalismo. «Ponían la arqueta con los cables para la luz y por la noche ya los habían arrancado», apunta Salvador. Y Suso recuerda que el colegio Montiano Placeres tuvieron que arreglarlo tres veces por los destrozos que sufría. Para colmo, señalan ambos, en aquella época ninguno de los ayuntamientos a los que pertenece Jinámar, ni Telde ni la capital, querían saber nada del barrio.

 

Con todo, lo peor era la falta de recursos. «Hablé con Jerónimo y le pedí más asistentes sociales, con lo que tenía no daba». Y las mandó a ir casa por casa a estudiar la situación de cada familia. «Me hablé con Cáritas y todos los días nos traían 300 comidas en un furgón que repartíamos entre los más pobres, me llamaron tercermundista, pero lo que había era mucha necesidad», cuenta el entonces gerente. «Es que la gente venía a tocar a su puerta desesperada», remata Suso. JSP regalaba sacos de leche en polvo. «Se ponían en cola, con bolsas y se les iba llenando con un cacharrito según las personas que había en la casa». Y Salvador no olvida los estragos que hacía la droga. «Con decirte que la repartían los niños; recuerdo uno de 10 o 11 años que un día me contó hilo por pabilo todas las que había. ¿Y tú cómo sabes eso?, le pregunté yo. Porque tengo una banda (la de los gitanos, le interrumpe Suso) y las repartimos por el barrio; si no, me cortan la cara». Tan solos se vieron, que ni la iglesia quiso ocuparse. «Vino el obispo a pedir a los curas que nos ayudaran, y se negaron», confiesa Salvador.

 

Salvador García: "Me da tristeza por lo que fue, pero es un honor"

Aunque tenía la medalla «algo olvidada» (se la aprobaron en enero de 2017), está muy agradecido al Ayuntamiento y a Ciuca, que le propuso. «Siento tristeza que me la den por el drama de aquel Jinámar, pero es un honor». Ya es medalla de Oro de Gáldar, e hijo adoptivo de la capital y de La Aldea.

 

Jesús Santana: "Muchos no tienen ni idea de lo que se luchó aquí"

Le dan la medalla al Mérito Cultural. Ha fundado y dirigido varios grupos folcóricos, presidió la federación y coordina la escuela municipal. Pero le gusta recordar que todo eso nació en Jinámar. «Es una medalla a la resistencia, porque ha costado dos años, hasta en esto algunos han sido mezquinos».

 

Fuente: Texto de Gaumet Florido/Canarias7.

 

Comentarios

  • Sin duda
    29/10/2018 - 15:30

    Sin duda hace años gerencia había más actividades ahora la mayoría de los colectivos vienen una vez a la semana con suerte fútbol chapas un local para venir una vez al mes un local para hacer aerobic que se utiliza una vez a la semana un local pensionista con okupa da pena el edificio

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