La revolución mediática

Ta ofrece la columna diaria de Rafael Álvarez Gil

La revolución mediática
Rafael Álvarez Gil

El mercado publicitario está roto. Ya a partir de la crisis anterior las principales emisoras cobraban por anticipado a las empresas por emitir sus anuncios en antena. Nadie se fiaba, el dinero era escaso pues el crédito de los bancos estaba restringido; hablamos de los años de la austeridad que son justo en los que irrumpen los ERE en los medios de comunicación, reduciéndose las plantillas despidiendo a los más veteranos y, por tanto, a los que ostentaban una nómina más alta. La pandemia ha agudizado el pulso del sector y la dependencia con respecto a la publicidad institucional es cada vez más alta.

 

La histórica locutora Mara González decía por aquel entonces que no comprendía cómo los anunciantes no interiorizaban lo que costaba el valor (que no el precio, ahora iremos a ello) de elaborar una cuña: pensarla, prepararla técnicamente, darle la voz adecuada… Por supuesto, conlleva un trabajo y a González, en ese sentido, no le faltaba razón. Otra cosa es que la digitalización lo ha trastocado todo: y al igual que genera enormes oportunidades y más competidores, asimismo implica desbarajustes para el mundo de ayer. Porque una cosa es evidente en el horizonte mediático: esto va a transformarse a marchas forzadas y en un periodo relativo corto de tiempo.

 

En cuanto a los precios, ya hay cadenas de radio reconocidas en Gran Canaria que ofrecen cuñas en el intervalo del fin de semana por dos euros mal contados. Es más, si apuras la negociación y compras un paquete puedes sacar cada una por un precio inferior. Es decir, un particular o un negocio puede publicitarse a una audiencia considerable el sábado o el domingo por lo mismo o menos que cuesta el cupón de la ONCE. Nada extraño, por otra parte, cuando lo que vale el periódico ‘El País’ (el diario referente desde la Transición) en soporte papel es superior al precio de la acción del Grupo PRISA que el pasado jueves, día 30, cerró en 0,56 céntimos. Pensemos que el 15 de septiembre de 2000 la acción era a 464,22 euros, muchos años después (a principios de enero de 2017) se redujo a 2,94 euros y en agosto de 2021 descendió a los 0,88 céntimos la participación, lo que permite visualizar la caída hasta llegar a los 0,56 del presente. Dicho en plata, con lo que sale hoy domingo un ejemplar en el quiosco puedes adquirir un puñado de acciones del Grupo PRISA.

 

Sin libertad no hay periodismo y sin este no hay democracia. Suena a tópico manido pero es una realidad empírica. En el franquismo había multitud de cabeceras y todas decían lo mismo: era propaganda que es una cosa bien distinta que el periodismo, totalmente lo opuesto. En fin, asistimos a un punto de inflexión histórico en el universo mediático y más vale quedarse con el lado positivo que brinda múltiples posibles para hacer periodismo y en distintos soportes. Por ejemplo, que un diario digital disponga de su propia emisora de radio y aventurarte a competir con las demás. Muchos cambios sobrevienen.

 

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