Las prisas de Yolanda

TA ofrece la columna diaria de Rafael Álvarez Gil

Las prisas de Yolanda
Rafael Álvarez Gil

La convocatoria electoral anticipada en Castilla y León coge con el pie cambiado a la izquierda. No hay tiempo para que en esta cita concurra la plataforma transversal de Yolanda Díaz. Ni tampoco lo habrá para las andaluzas, si Juan Manuel Moreno hace lo propio y establece la visita a las urnas antes del verano. Y suena a dos victorias del PP con la única duda de medir qué grado de dependencia tendrá con Vox. Pero 2022 será el año en el que crecerá el temor a la llegada de la ultraderecha. Todo está yendo muy rápido, y cada vez más. Pensemos que Castilla y León es una comunidad autónoma del régimen común y hasta ahora ha concurrido en paralelo al resto en sus elecciones desde las primeras en 1983. No ha ido nunca en el calendario por libre al estilo de Catalunya, Euskadi, Galicia y Andalucía. Y, a diferencia de Madrid, no tendrá en 2023 que establecer otros comicios. Será una legislatura completa que marcará su propia naturaleza con el tiempo.

 

La vicepresidenta y ministra de Trabajo y Economía Social tiene que apretar el acelerador. Pide un debate sosegado que la instantaneidad de las redes sociales y las ganas del PP de atornillar a Pedro Sánchez se lo impiden. El problema está en que la única esperanza que le queda ahora mismo a la izquierda del PSOE es ella. Y el sudoku se complica cuando se sabe que Sánchez, a su vez, la necesita para reeditar el Gobierno de coalición. Pero las encuestas vaticinan lo contrario: Vox, mucho Vox. Por no mentar que el PSOE requerirá crecientemente de los nacionalismos periféricos, los mismos que le reclamarán a Ferraz más republicanismo y abandonar el discurso mesetario para abrazar la plurinacionalidad.

 

El otro trance que le puede estallar a la gallega es el retorno de Juan Carlos I. Si Sánchez, por acción u omisión, deja que la Casa Real repatrie al rey emérito, Unidas Podemos tendrá que criticarlo duramente hasta el punto de generar una crisis interna en La Moncloa. No se solucionará con un cruce de declaraciones al uso entre Sánchez y Díaz. Ya Pablo Iglesias fue ignorado por el PSOE con la operación de huida a Abu Dabi. No se enteró de nada en cuanto a las maniobras. Hechos consumados. Si a la vicepresidenta le sucede lo mismo, mal asunto.

 

La plataforma desde la izquierda con ánimo transversal a la que aspira Díaz se centra, principalmente, en su figura. Muy valorada incluso por los votantes socialistas. Ese es el gran temor de Ferraz. Pero Díaz no contará en todo el Estado con una fuerte estructura territorial que le apoye, cosa que se verá en breve en Castilla y León y en Andalucía donde la izquierda se ha dividido a marchas forzadas. Las clases trabajadoras quieren soluciones a los problemas de gestión. Pero la amenaza de la ultraderecha es real, muy real. Y eso provocará tensiones mayores a medio plazo. Santiago Abascal de vicepresidente con Pablo Casado en La Moncloa sería demoledor. Por cierto, al igual que atañe a Díaz, ¿estaría preparado el aparato del PSOE para la reivindicación permanente desde la oposición a la ultraderecha?

 

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