Desamor constitucional

TA ofrece la columna diaria de Rafael Álvarez Gil

Desamor constitucional
Rafael Álvarez Gil/TA.

Hasta hace apenas una década mal contada el Día de la Constitución se celebraba con el ritmo tradicional. Esto es, alabanzas a izquierda y derecha por lo general al relato de la Transición, hurras al monarca por activar el proceso democratizador de la mano de Adolfo Suárez, exclamación de la prosperidad socioeconómica y demás acompañamiento a la narración colectiva. Hoy ya no es así. Y no lo es desde hace algunos años. Y, sobre todo, lo más relevante: el festejo es cada vez más desabrido, ciñéndose a los actos institucionales como los que acontecen en el Congreso de los Diputados y en la Delegación del Gobierno en Canarias ubicada en la plaza de La Feria.

 

Como esos matrimonios rotos que permanecen aún en el mismo hogar y que cumplen con el ritual de ir a almorzar porque toca, porque tal día se casaron, y, sin embargo, no tienen nada que decirse; se han convertido el uno para el otro en un desconocido y las emociones de antaño dieron lugar hace tiempo a la apatía cuando no al hartazgo de una convivencia que carcome la autoestima a la vez que daña el respeto recíproco.

 

Cuando el principio de legitimidad constitucional entra en una espiral de creciente cuestionamiento, es el principio del fin. Podrá tardar más o menos en resquebrarse, pero no tiene vuelta atrás. Solo la renovación constitucional opera como válvula de escape que oxigena y relegitima. Lo actualiza, lo impulsa, lo reverdece. Pero en España no hay reforma constitucional de calado. Y me temo que no la habrá. Se acumulan las problemáticas estructurales (el debate territorial, por ejemplo) y no hay posibilidad de darle rienda suelta.

 

Otrora los representantes políticos se limitaban en la jornada de hoy a soltar algunas propuestas tímidas sobre por dónde podría acometerse la innovación constitucional. Y ocupaban los titulares del telediario mientras esos otros matrimonios apuraban el aperitivo en la calle antes del almuerzo a la par que todavía esbozaban la sonrisa de la complicidad por un amor que entonces existió. Aquellos dirigentes especulaban con el debate académico siendo sabedores que en menos de una semana nadie se acordaría. En el archipiélago lo hemos vivido recurrentemente con la reforma electoral pendiente, que alimentaba vagas teorías desde los distintos partidos pero que quedaba eternamente postergada.

 

En última instancia, a la larga no habrá forma de mantener por igual a los borbones que al socialismo como opción de gobierno. Es lo que tiene la decadencia de la Segunda Restauración. Y es lo que obliga al PSOE, guste o no, a repensar si le merece la pena continuar en el rol de partido dinástico y sistémico, que fue útil en el pasado pero no lo será en el horizonte político que sobreviene. Hay una realidad que aún Ferraz no ha interiorizado: Pedro Sánchez llegó a La Moncloa con una moción de censura (totalmente legítima) interpuesta contra Mariano Rajoy que inesperadamente triunfó. Y lo hizo gracias al PNV, ERC, EH Bildu, los escaños de Carles Puigdemont… Cuando antes o después el PP vuelva al poder y el PSOE aspire desde la oposición a retomarlo nuevamente, se encontrará con que por sí mismo no lo logrará. Ni probablemente sumando lo que representa Unidas Podemos. Necesitará más siglas. Las mismas que le reclamarán al PSOE que se divorcie del neoturnismo. Por eso la crisis del sistema del 78 es la crisis del PSOE.

 

Comentarios

  • Juan Leon
    06/12/2021 - 09:37

    Pues para no creer ni en Dios ni en la Constitución ,pedazo de puente que se pegan,tampoco ninguno devuelve la paga de julio a pesar que la puso Franco.

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