Un salto importante

TA ofrece la columna diaria de Rafael Álvarez Gil

Un salto importante
Rafael Álvarez Gil/TA.

El dolor tarda en digerirse. La barbarie no se diluye de un día para otro. Aún hoy sigue presente, de algún modo, la larga sombra de la Guerra Civil. Un conflicto así marca a generaciones. Otro tanto ocurre con la violencia de ETA. Ayer, al calor del décimo aniversario del fin de la banda terrorista, Arnaldo Otegi manifestó el arrepentimiento por los hechos causados. Por supuesto, el pasado permanece intacto; no puede cambiarse, lo que fue, fue, pero hay palabras y declaraciones que ayudan. Era ese paso que, especialmente desde el círculo político de Madrid, se le pedía. EH Bildu es ya un potencial socio más, hace vida parlamentaria y está integrado plenamente en las instituciones. Es un logro de la democracia.

 

Sin embargo, para algunos partidos (los de la derecha) les incomoda que EH Bildu se normalice y pueda ser un aliado por igual que el PNV. Estos últimos también pierden influencia con sus escaños, si no ahora puede que sí suceda con el tiempo. De hecho, solo el PSOE rompiendo con el cordón sanitario impuesto hacia el soberanismo catalán pudo retornar a la Moncloa, triunfando inesperadamente entonces la moción de censura contra Mariano Rajoy presentada por Pedro Sánchez y trabajada telefónicamente por Pablo Iglesias.

 

Acaba de estrenarse en cartelera ‘Maixabel’, dirigida por Icíar Bollaín. Una buena ocasión para retomar el hábito de ir al cine con la vuelta a la normalidad pospandémica. El largometraje ahonda en la esfera más humana (el conflicto político es tan solo el telón de fondo) de Maixabel Lasa, viuda del socialista Juan María Jaúregui, asesinado por ETA en el 2000. Así como acerca otro ángulo a son de los presos etarras y su periplo, no siempre, de arrepentimiento y perdón. No es una obra destinada al público que se desenvuelve en el negro y blanco, sin calibrar matices ni grises, para esos que profesan que contra Franco o contra ETA vivían mejor, instalados en lo remoto. Se trata, en suma, de una producción interesante porque narra sentimientos, afán personal de superación y, cómo no, la torticera y maldita realidad de que las estructuras de poder (todas, la que sea) tienden a instrumentalizar a los individuos para sus apetencias de turno, se sirven de ellos.

 

En pleno confinamiento, con un Gobierno de coalición amenazado de caer en desgracia al amparo de la renovación parlamentaria de las prórrogas de los estados de alarma, la Moncloa tuvo que firmar un acuerdo con EH Bildu en materia laboral. A cambio del respaldo de los escaños de la izquierda ‘abertzale’, el PSOE se comprometía a derogar la reforma laboral de Rajoy. Por supuesto, el texto venía avalado igualmente por Podemos. Enseguida se montó un enorme revuelo desde un determinado sector mediático que trató de erosionar a Sánchez. Una tendencia que irá desapareciendo en la medida que todos celebremos el final de la violencia que pasa por aceptar que aquellos que piensen distinto puedan también defender sus ideas en la Cámara, reprochando enérgicamente cualquier tipo de violencia. Y el PSOE está abocado a que tenga que entenderse con EH Bildu si quiere permanecer en la Moncloa, y siempre que la aritmética parlamentaria se lo permita. Llegará esa etapa en Ferraz en la que llamar a EH Bildu sea algo normal. Un posible socio más con el que contar.

 

 

 

Comentarios

  • isidro gonzález
    19/10/2021 - 21:39

    Totalmente de acuerdo con esta reflexión

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