Réquiem por JSP

TA ofrece la columna diaria de Rafael Álvarez Gil

Réquiem por JSP
Rafael Álvarez Gil/TA.

JSP ha sido una de las empresas señeras de la economía canaria, incluso ha hecho gala de adoptar medidas sociales (como las guarderías) a favor del bienestar de sus empleados y familias. Sin embargo, las importantes deudas acumuladas con los bancos (La Caixa, Santander y BBVA) y el manejo de espinosos temas familiares, dejan a JSP en el alambre del concurso de acreedores y padeciendo una severa tensión de tesorería. Un balance inesperado cuando, sin ir más lejos, Adán Martín fue socio de la panificadora de JSP.

 

Su fundador, José Sánchez Peñate, allá por los años sesenta, fue el que consiguió la patente de Millac (marca irlandesa) por la que JSP pagaba un canon por la explotación de la leche en polvo. Aquello supuso una revolución en las islas pues, a diferencia de la península donde abundaba la leche fresca, aquí el retrato de la Canarias profunda era el de las mujeres que vendían la escasa leche que había puerta por puerta. Aquello, a fin de cuentas, fue el cimiento de una compañía que fue a más y que ha creado numerosos puestos de trabajo. José Sánchez Rodríguez, hijo del creador, responde perfectamente al perfil del empresariado canario de la época y estilado hasta fechas recientes: hombre hecho a sí mismo y con el don de saber negociar.

 

Desde hace un año la losa de alrededor de 40 millones de euros de deuda se antoja insalvable. De hecho, una empresa americana (con prácticas propias de un fondo buitre) le ha compró toda la maquinaria y JSP le tuvo que pagar un alquiler por usar las mismas. El mundo al revés. Una decadencia que ya se vino barruntando cuando hace tiempo que la globalización y las grande superficies merman el tejido industrial canario. Y es que competir con multinacionales como Bimbo o Europastry resulta una tarea quijotesca.

 

Entre 2019 y 2010 han agonizado en Tenerife tres empresas de referencia y de capital canario del sector: Paybo, Los Compadres (que fueron pioneros en el pan de molde) y, por último, Surpan que le ha afectado la crisis turística derivada de la pandemia. Estamos hablando de plantillas significativas dada la radiografía empresarial isleña.

 

El problema de Paybo, al que sus proveedores le surtían a crédito, que ya es decir, fue que cayó en la tentación (ejecutada erróneamente) de la diversificación. Primero, invirtieron en la construcción en el sur de Tenerife hasta que estalló la Gran Recesión de 2008 que diezmó su precaria realidad. Segundo, y más llamativo, fueron presa fácil del rendimiento del dinero del 21% que ofrecía Venezuela. El Banco Canarias de Venezuela tenía su sucursal en torno a la plaza del Príncipe en Santa Cruz de Tenerife. Un negocio, muy atractivo, que se desplomó allá por 2010 a la par que el chavismo entraba en la espiral del colapso político.

 

Todo esto arroja un escenario que sentencia cómo el empresariado canario ha ido perdiendo prevalencia y está siendo, por méritos propios y fuerzas ajenas, arrinconado. Quién diría que los dos hermanos que crearon Los Compadres y que fueron a la República Dominicana donde aprendieron a hacer el pan de molde (el llamado pan americano) ahora estarían fuera del tráfico mercantil. En fin, el devenir de las tres empresas de Tenerife proyecta, a efectos prácticos, el horizonte que le aguarda a JSP.

 

Enviar Comentario

X