19/06/2019 - 20:00

Acuerdos 'Franquistein'

El periodista Enrique Bethencourt reflexiona sobre los pactos electorales

Acuerdos 'Franquistein'
Enrique Bethencourt (Foto TA)

ENRIQUE BETHENCOURT

En la noche electoral del pasado 26 de mayo los resultados que arrojaron las urnas dejaban muy abierta la posibilidad de un pacto progresista en el ámbito del Gobierno de Canarias; complejo, con debilidades, con los números extremadamente justitos. Pese al notable crecimiento del PSOE y el mantenimiento de Nueva Canarias, no ayudaba el desplome de Unidas Podemos y volvía a aparecer como imprescindible Casimiro y sus tres votos gomeros.

 

En el ámbito de los municipios las cosas eran bien distintas. Con diferentes panoramas en cada isla. En lo que respecta a Gran Canaria los datos apuntaban a una aplastante mayoría progresista en la isla, tanto en el Cabildo Insular como en la mayoría de los municipios. No solo en los que había mayorías absolutas, como Gáldar, La Aldea, Valsequillo, Tejeda, Guía o Agüimes, sino también en los que sumaban claramente las organizaciones de izquierdas: Las Palmas de Gran Canaria, Telde, Santa Lucía, Arucas, Firgas, Teror o Artenara; o en las que, con distintas formulaciones, como en San Bartolomé de Tirajana, abrían espacios de progreso.

 

Sin embargo, algo empezó a quebrarse esa misma noche. En el Cabildo Insular de Gran Canaria, con un escrutinio de enorme incertidumbre que, finalmente, dio el triunfo a NC en votos, aunque empatado en actas con el PSOE, el líder socialista comenzó a hablar de entendimientos con PP y Ciudadanos. Insinuando que lo que no había ganado en las urnas, la Presidencia, lo iba a intentar vía moción de censura acompañado en su viaje por las derechas.

 

En algunos municipios los días siguientes confirmaron que esto no era una ocurrencia personal ni una excepción; y así el PSOE anunció pactos con el PP en Teror, donde NC había ganado los comicios, y asimismo señaló que, en Arucas, aunque en su corporación sumaba con los nacionalistas de izquierda, pactaría con el PP. Eso sí, continuaba reclamando que en el Parlamento se forjara el pacto de cambio que permitiera colocar a Ángel Víctor Torres como presidente de Canarias, denominación que señala el nuevo Estatuto.

 

Pacto bomba

Para redondear la jugada, los socialistas grancanarios reservaban dos pactos bomba. En el sureste de la isla y en Telde. El primero, en Santa Lucía (donde el PSOE fue tercera fuerza en las municipales), con PP, AV e incluso una concejala de Podemos (convenientemente expulsada por su organización poco después) ávida de institucional puesto. El texto de su acuerdo con el PSOE es una auténtica joya. Solo incluye dos puntos de interés: «revisión de la asignación a los grupos políticos acorde a la legislación vigente» y «liberación de la concejala de Podemos en la oposición, si la legislación vigente lo permite». Toda una confirmación de su pleno compromiso de servicio público. Lo del «programa, programa, programa» que proclamaba Anguita no ocupa ni una sola línea, lo que es una muestra de sinceridad apabullante por esta debutante que ahora purgará su precipitación y sus penas en el grupo de no adscritos.

 

Por cierto, el PSOE había gobernado junto a Nueva Canarias en Santa Lucía en los últimos cuatro años sin el menor conflicto, con mutuo respeto. Pero las ansias de poder llevaron a su candidato a pactar con el diablo con tal de llegar a la Alcaldía. Las convicciones, las ideas, los proyectos de ciudad... resultaban absolutamente secundarios, diría que, hasta claramente superfluos, para alcanzar el objetivo: yo, me, mi, conmigo. Al final, el PSOE votó en blanco, no optó al bastón de mando y se quemó innecesariamente en la operación. Y el determinante voto de la tránsfuga de Podemos dio la Alcaldía a Fortaleza-CC.

 

Pero peor aún resultó el segundo episodio, el de Telde, querido Telde. Aquí el candidato del PSOE, segunda fuerza en los comicios del 26M, removió cielo y tierra para encontrar los apoyos que le llevaran a la soñada Alcaldía. No puso límites ni líneas rojas, ni siquiera las estéticas o las de orden moral. Eso, la ausencia de criterios y el olvido de cualquier planteamiento poli(é)tico, no le impidió, por tanto, madurar un pacto que también incluía al PP y Ciuca, las organizaciones que habían dejado Telde en una situación caótica, tras un mandato de corruptelas, pésima gestión, destrucción de los servicios públicos municipales y endeudamiento insostenible.

 

La que era hasta este sábado alcaldesa de la ciudad tiene, como todo el mundo, virtudes y defectos. Pero pocos pueden dudar de la ingente labor realizada por ella y por su equipo, en medio de enormes dificultades, para reflotar Telde, disminuyendo radicalmente la deuda, pagando a proveedores, rescatando servicios públicos como las guarderías municipales y logrando que no se hable de Telde por hechos indignos. Todo eso podía haber saltado por los aires de fraguarse el pacto Frankenstein o Franquistein, como prefieran, que hubiese devuelto a la ciudad de los faycanes a su etapa más tenebrosa.

 

Ambición

La ambición es normal y muy humana. E incluso necesaria para afrontar todas las vicisitudes de la vida. También las de la actividad política. Pero cuando se encuentra completamente desideologizada, despolitizada, sin proyecto colectivo alguno y solo fundamentada en estrechos intereses personales, en el alimento de egos, suele conducir, más temprano que tarde, al desastre.

 

Tengo mucho respeto por el PSOE, principal referente de la izquierda española en el último siglo. Impulsor de la ley que nos permite tener una sanidad universal y gratuita y de decisiones parlamentarias y gubernamentales que han ayudado a avanzar en la igualdad entre mujeres y hombres. Y, asimismo, formación a la que la mayoría otorgó la confianza para que liderara el cambio en Canarias tras las elecciones autonómicas de mayo.

 

Pero la tímida, cuando no cómplice actuación ante incoherentes pactos con las derechas y, especialmente, su incapacidad para evitar lo que se estaba cocinando en Telde, que desprestigia no solo a los socialistas, sino a la democracia y a la propia actividad política, me han resultado decepcionantes. Si en Telde no se ha producido el monstruoso acuerdo no ha sido por la intervención socialista para evitarlo, que no la hubo, sino por la habilidad y generosidad de otros. Quedando los socialistas en ese municipio en la oposición, sin poder y, sobre todo, sin gloria.

 

No sé si el PSOE canario reconocerá los graves errores cometidos en este último y frenético mes y actuará en consecuencia. Rectificar es de sabios. Aunque ello suponga momentos duros, imprescindibles decisiones quirúrgicas, y apartar de determinados puestos a quienes han demostrado con creces no estar a la altura de las circunstancias, ser absolutamente irresponsables e incompetentes; y que, por su frivolidad y complicidad con determinadas decisiones, han puesto en grave riesgo la posibilidad de un acuerdo progresista en Canarias. Casi nada.

 

Enrique Bethencourt es periodista y licenciado en Filosofía y Ciencias de la Educación.

 

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