22/08/2021 - 18:38

Los barrancos olvidados de Telde: Barranquillo de El Goro

Decimonoveno artículo de la serie 'Una mirada sosegada al Medio Ambiente en Telde (1980-2020)' del ecologista, escritor, senderista y profesor jubilado José Manuel Espiño Meilán

Los barrancos olvidados de Telde: Barranquillo de El Goro
Ilustración del dibujante Jaime Checa Gimeno, chabolas en la costa y autor del artículo/TA.

Bajo el epígrafe Una mirada sosegada al Medio Ambiente en Telde (1980-2020), el ecologista y profesor José Manuel Espiño Meilán ofrece el décimo noveno de una serie de artículos de periodicidad quincenal sobre la evolución medioambiental del municipio.

 

Los barrancos olvidados de Telde: Barranquillo de El Goro

Es este un pequeño barranco no contemplado en cartografía alguna que surge en la extensa Finca de Silva -mermada paulatinamente por la progresiva ampliación hacia el mar del polígono industrial de El Goro-, y va tomando cuerpo gracias a imperceptibles vaguadas que van conformando un barranquillo de escasa entidad. La importancia del mismo es obvia pues no es ajeno a su labor, la de encauzar y llevar a la costa las esporádicas aguas pluviales.

 

La paulatina desaparición del mismo en su nacimiento viene dada por razones inherentes al mismo desarrollo del polígono: la construcción de naves industriales. La búsqueda de la horizontalidad en los terrenos afectados, pretendiendo un buen asentamiento en la cimentación de los edificios se consigue allanando la superficie a ocupar y aportando, si es necesario, escombros y tierras de relleno para tal menester. Este proceso va ganando cada vez más superficie pues el objetivo final es generar más terrenos adecuados para el asentamiento de nuevas parcelas industriales. Si observamos imágenes de hace cuarenta años de este polígono y las contrastamos con las actuales, el avance de la zona industrial hacia la costa es notable.

 

Volviendo al barranquillo, justo al pie de las industrias más cercanas a la costa que allanaron su pequeña cabecera, el barranquillo es prácticamente inexistente. Se percibe una incipiente cárcava excavada por las lluvias de los últimos años, y que pasará a ser un simple recuerdo justo en el momento en que sobre ese suelo desee instalarse una nueva nave industrial. ¡Es tan fácil! Sólo se necesita la calificación como suelo industrial, la actuación de una pala excavadora y el terreno queda allanado para su construcción.

Se intuye el inicio de esta barranquera por la leve inclinación de las tierras de cultivo hacia su disimulado cauce. Es así como estas tierras desaguan, en tiempos de esporádicas lluvias, el agua y el exceso de humedad.

 

Esta primera parte del barranquillo, tan cerca de las naves industriales y, en especial de las empresas que se dedican a gestionar la recogida, el almacenamiento y transporte de los residuos plásticos en la isla, se encuentra cubierta de plástico. En ningún otro barranco del municipio encontraremos tal acumulación. Hay muchos esparcidos por el exiguo cauce y muchos más dispersos por los terrenos rústicos colindantes, pero donde se nota la cantidad de plástico que escapa a la cadena de almacenaje es cuando observamos las plantas espinosas presentes en el barranquillo, las aulagas o los espinos de mar, pues todas ellas están prácticamente envueltas en plástico -la fotografía que encabeza este artículo así lo denuncia-, residuos que llegan a las plantas traídos por el viento y que permanecen en las mismas, enganchados a sus espinas. No entendemos por qué, periódicamente, las empresas del sector no realizan una recogida manual de tales residuos plásticos, pero nos es más difícil comprender como ante una imagen tan deplorable como esta: un paisaje cubierto de plástico, ninguna institución haya observado, analizado y levantado un expediente ante la agresión paisajística, buscado el culpable del vertido, intencionado o no, y erradicado el problema.

 

El barranquillo apenas cuenta con un centenar de metros de recorrido hasta perderse en la rasa basáltica, descolgándose sobre los riscos.

 

Estos llanos desprovistos de vegetación, secarrales que continúan por la costa y sobre la autovía GC-1 por Llanos de Silva, Las Huesas, El Goro, Cadenas de Jarcón, Lomo Gordo, Llanos de las Brujas, Cuesta de Quintana…, son vitales para las aves semidesérticas que aún frecuentan y crían en nuestro municipio y son muy utilizados, por la facilidad y atractivo de su tránsito, por los amantes del cicloturismo y bicis de montaña. Es imposible recorrer a pie estos eriales sin encontrarse con varias sendas abiertas por los amantes de las bicicletas.

 

A ambos lados de este pequeño barranco, sendas veredas de tierra permiten el tránsito de bicicletas, senderistas y residentes de las zonas colindantes en sus paseos diarios con sus perros.

 

Estas sendas discurren al lado mismo de lineales depósitos de piedras que, paralelos al cauce, acumulan las piedras procedentes de un trabajo ímprobo y duro consistente en despedregar los terrenos. Aún podemos observar restos de las antiguas canalizaciones de las fincas, así como las suaves ondulaciones de las que antaño fueron excelentes tierras de cultivo, lugares donde se esconde, alimenta y nidifica el pájaro caminero.

 

En el escaso cauce de este barranquillo prosperan ejemplares aislados de balos, verodes y espinos de mar, muchos de ellos secos. A medio camino entre la urbanización industrial y la costa, surge un pequeño puente, con altura suficiente como para pasar de pie una persona. Es otro vestigio del antiguo Camino del Conde al que hacíamos referencia en el artículo anterior, el dedicado al Barrano Hondo. Este puente soporta una pista de tierra, antaño esencial para el trabajo en los cultivos existentes, pero que actualmente se ha convertido en una de las pistas más transitadas, tanto por los cicloturistas que han encontrado rutas alternativas al asfalto saliendo de Las Palmas de Gran Canaria y alcanzando Juan Grande, Castillo del Romeral y otras zonas sureñas, como por los pescadores, los senderistas, las motos y los coches todoterreno. La presión de tanto vehículo y ser humano junto a la erosión inherente a un largo abandono, han propiciado que el puente se encuentre con serios hundimientos en su firme y no es arriesgado aventurar que ya se ha iniciado un estado de degradación del mismo.

 

Muy cerca de su desembocadura, una estructura pétrea de forma cuadrangular nos sugiere un pequeño redil, una estructura habitacional temporal. Se mantiene bien a pesar del abandono más absoluto. Recuerdo que para mis alumnos cuatro paredes de piedra eran una casa aborigen, justificando tal razonamiento en base a las observaciones que habían realizado en el yacimiento arqueológico de Tufia. Era el momento de sentarse y reflexionar. Observar su disposición, su orientación, las diferencias existentes con las viviendas habitacionales observadas en el yacimiento antes citado, la construcción de los muros, su ubicación, la existencia o no de otras estructuras similares en su proximidad, valorar la posible factura reciente del habitáculo y luego, formular conclusiones.

 

Ya en la desembocadura, observamos como el corto barranco se descuelga sobre el acantilado. Sus aguas, con el paso de los años, han erosionado la roca provocando una hendidura tal que nos habla de una mayor entidad del barranquillo en el pasado y de tiempos más lluviosos.

 

A ambos lados de este ocasional caidero o torrentera, fueron consolidándose unas estructuras habitacionales que bien podrían catalogarse como infraviviendas. No hay duda alguna de que, incomprensiblemente, se encuentran en la franja de protección marítimo terrestre. Tampoco la hay en que este tipo de chabolas se ha consolidado amparado en la falta de vigilancia y el desinterés de las autoridades con responsabilidades en el área. Si no fuera así, es imposible montar estructuras de madera, escaleras, bidones para el agua, tubería de aguas fecales al mar, fijarlas con hierros y cemento y nada sucede. No sé si se habrán tomado algunas medidas, pues es bien cierto que en la prensa digital se han denunciado como un nuevo asentamiento de chabolas en la costa. Lo cierto es que, en este preciso momento de mediados de agosto, siguen ahí.

 

Tampoco faltarán en este artículo recomendaciones y propuestas en la línea que vengo sugiriendo en todos los anteriores. Siempre pretendo idéntico objetivo: provocar una reflexión en los responsables públicos sobre la vigilancia y el mantenimiento de estos espacios esenciales de la red hidrográfica; en una parte de la ciudadanía que, ajena a los derechos del resto a disfrutar de un entorno limpio y saludable, lo ensucian con sus vertidos, y exigir, una vez más a la propiedad privada su corresponsabilidad en el cuidado y mantenimiento de los mismos, así como recordarles que no deben tolerar vertidos de escombros y basuras en general sobre sus terrenos, pues no están permitidos por la legislación vigente.

 

1.- Es vergonzoso que no exista vigilancia activa en los barrancos. También es deplorable que la policía municipal de medioambiente no lleve a cabo un registro de suelos rústicos y el control de los vertidos, voluntario e involuntarios que las empresas llevan a cabo. Pero, se preguntarán ustedes: ¿Acaso ha hecho usted un seguimiento exhaustivo y planificado de la gestión de estos cuerpos de vigilancia para afirmar tan categóricamente lo que acaba de expresar? Por supuesto que no lo he hecho. No es mi labor. Sí lo es en cambio, si ese es mi deseo, vigilar y denunciar, como ciudadano comprometido con el cuidado del medio ambiente, que este se encuentre limpio, sin vertidos, sin plásticos y, por consiguiente, albergar serias dudas en que se esté llevando a cabo una vigilancia eficaz y una limpieza periódica y sistemática, cuando los vertidos que observo y el estado de degradación de los plásticos, revelan que llevan muchos años ahí, sin que nadie haya constatado su presencia, denunciado su existencia y apremiado su retirada. Así pues, dudo que haya mucha vigilancia sobre nuestro territorio, más allá de los entornos urbanos y espacios naturales protegidos. Es más, llevo muchos años recorriendo estos espacios, estos barrancos olvidados porque es así, están abandonados al uso y abuso de las personas y jamás he visto un agente municipal, del Seprona o del servicio hidráulico. Es tan lacerante el abandono que los dos próximos artículos: El barranco de Sacateclas y el barranco del Negro nos sacarán los colores a todos.

 

En este caso concreto, la presencia de muchísimos plásticos enganchados la mayoría a espinos de mar, aulagas, algún que otro balo y pequeñas y grandes piedras, nos dan pistas sobre la procedencia de todos ellos. El espacio que estamos tratando no se trata de una zona urbana ni se encuentra en su proximidad un vertedero, así pues, el origen de tanto plástico debe encontrarse en algunas de las industrias que trabajan en la zona.

 

No es casualidad que, a menos de un centenar de metros de este barranquillo, constatemos la presencia de una enorme planta de almacenaje a cielo abierto donde se compacta y convierte en pacas el plástico procedente del reciclaje de residuos. Si estas grandes pacas las almacenamos a la intemperie y tenemos en cuenta la incidencia de un viento constante hasta que les llega el momento de su traslado a las plantas de procesamiento, no parece muy improbable que haya pérdidas. De ser así, supone un montón de plásticos volando continuamente, sin control alguno, en dirección norte sur, camino del océano. Sólo unos pocos son retenidos por las plantas, tanto en este barranquillo como en el barranco Hondo que ya hemos tratado, donde gran parte de las tuneras están cubiertas igualmente de plástico, pero la mayoría pasan de largo y terminan en el mar. ¿Quién es el responsable de estas fugas? ¿Algún técnico de la consejería de Medio Ambiente del Cabildo o de la concejalía de Medio Ambiente del ayuntamiento ha visto esto, ha investigado y de confirmarse, ha recomendado u obligado a la empresa o empresas a que tengan más seguridad en el tratamiento de las pacas, al hecho de que no pueden permitir estas pérdidas de plástico pues dañan el entorno terrestre y marino y por lo tanto deben sellar su contenido o acumularlas en el interior de las naves garantizando que no haya fugas? No es cuestión de especular con los culpables, es cuestión de realizar una investigación que clarifique y erradique el deterioro del espacio.

 

2.- Es indignante e incomprensible que en pleno siglo veintiuno, con un control cartográfico milimétrico, con equipos de gestión, supervisión y vigilancia amparados en sistemas informáticos que todo lo registran, nadie, absolutamente nadie, haya observado, detectado, denunciado las infraviviendas que hay a ambos lados de la desembocadura de este barranquillo y hayan tenido que ser senderistas, cicloturistas o pescadores. Infraviviendas que se encuentran en una zona de seguridad marítima pues tras ellas hay señales verticales y luminosas, esenciales para la seguridad y el atraque de grandes barcos en el muelle industrial de Salinetas. Infraviviendas que comenzaron hace pocos años siendo pequeñas chabolas construidas con pales y cubiertas con precarios techos de plástico. Ya entonces, senderistas y amantes del litoral denunciaron con una serie de imágenes una ilegalidad que podía ir a más y eso es lo que ha sucedido en la costa teldense. No me valen las consideraciones de algunos lectores que sobre aquella denuncia leí, bajo el artículo, en TELDEACTUALIDAD. Es cierto, como ellos proclamaban, que todo el mundo tiene derecho a una vivienda, pero en una sociedad no puede regir la ley de la jungla, existe una legislación vigente y saltársela para construir una vivienda en el interior de un parque urbano, sobre la arena de una playa, en el cauce de un barranco, en los riscos sobre el mar o en un espacio natural protegido es ilegal, no tiene soporte jurídico alguno

 

Es obvio que, a la vista de lo que observamos ahora, nadie hizo caso, ni el Ayuntamiento, ni la Consejería de Medioambiente, ni el Seprona, de las llamadas efectuadas en aquel entonces. Por eso no me sorprendió que en abril de este mismo año, Telde Actualidad denunciara a través de imágenes y artículo, no recuerdo el autor, las infraviviendas ya consolidadas, pues de los pales de un comienzo, ahora hay bloques y del endeble techo de plástico se ha pasado al cemento y placa solar, copiando el modelo de otras infraviviendas ilegales, que jamás podrán legalizarse por ocupar dominio costero, pero que siguen ahí ocupando el litoral teldense, me refiero a la Punta de Mazagatos o Matagatos, pues con las dos denominaciones se le conoce en el litoral de Tufia y de cuyo poblamiento, situado dentro del Sitio de Interés Científico de Tufia, han hecho denuncias continuas defensores del patrimonio natural, biólogos, oceanógrafos, ecologistas, senderistas y ciudadanos, en los medios de comunicación -radio, prensa, televisión- sin resultado alguno. ¡Qué tristeza da esta realidad si así se retrata nuestra clase política! Y no hablo de los actuales, hablo de todos, de muchas corporaciones que han pasado sin mover un dedo para acabar con esto. No son ocupaciones del litoral de los últimos años, son de decenas de años. Las que aquí encontramos son más recientes pero…tiempo al tiempo.

 

Deseo terminar este artículo felicitando a la Unidad Medioambiental de la Policía Local de Telde por esa nueva campaña de concienciación contra los vertidos ilegales de escombros en los espacios naturales y públicos del municipio y de la difusión que se está llevando a cabo a través de un video didáctico en las redes sociales, recordando la existencia de puntos autorizados para depositar estos residuos. Felicitarles porque su labor está dando sus frutos, un ejemplo es la identificación, exigencia de limpieza y penalización correspondiente de un vertido de escombros en los arenales de Tufia. En sus salidas de vigilancia espero controlen también los vertidos de plásticos y las infraestructuras ilegales que afectan al paisaje y contaminan el medio natural, un derecho de todos. Si salen a menudo, les será fácil cogerlos vertiendo residuos, pues no hay un día en que alguien no suba por la carretera que lleva a la Sima de Jinámar con la intención de arrojar algo al campo, fuera de los Puntos Limpios o de las Plantas para la recepción y el tratamiento de los escombros.

 

José Manuel Espiño Meilán es miembro fundador del Grupo Naturalista Turcón, de que es actualmente presidente honorífico, socio y activista. Divulgador y defensor de la vida a través de la docencia, ecología, senderismo, escritura, compromiso y paciencia.

 

Comentarios

  • Ana Rivero
    22/08/2021 - 22:33

    Valoro la implicación y la apuesta por dar a conocer una realidad que va empeorando a nivel de costa y de todas las zonas que se van llenando de esconbros y demás. No olvidar la gran cantidad de invernaderos abandonados con los plásticos al viento. Concienciación ciudadana, mayor implicación de los organismos y sus trabajadores. Aplicación de la ley y normativas.

    7
    0

Enviar Comentario

X