02/11/2021 - 21:44

La festividad de Los Finados en tiempos de pandemia

TA ofrece una reflexión de María Teresa Cabrera, cronista oficial de Valsequillo

La festividad de Los Finados en tiempos de pandemia
Imagen de un asadero de castañas/Matesa.

La Asociación de Patrimonio Cultural de Valsequillo de Gran Canaria tenía como tradición celebrar  la festividad de Los Finados juntándose varias familias en casa de una de ellas, con el fin de preservar y transmitir a las nuevas generaciones  nuestras tradiciones y costumbres, la herencia recibida de los antepasados que viene a ser el testimonio de su existencia, de su visión de mundo, de sus formas de vida, y de su manera de ser, para que se proyecte generacionalmente, ya que configura el sentimiento de identidad de un pueblo, pero la epidemia que aún azota el mundo cambió radicalmente nuestra forma de vida, siendo lo más triste e irreparable la perdida de tanto  seres humanos que permaneceran siempre en nuestro recuerdo y en nuestro corazón.

 

Aunque la situación ha mejorado, hemos decidido este año no hacer la celebración conjuntamente, sino cada uno en su casa con su familia, para seguir dando testimonio de mantener nuestras tradiciones, por lo que un año más ponemos de manifiesto el significado de esta festividad que aun sobrevive en Gran Canaria, pues se celebra en diversos municipios, aunque por las circuntancias mencionadas se celebraran  de acuerdo con las normas que establecen las medidas sanitarias establecidas.


Noviembre bendito mes 
que empieza con todos los Santos
y termina con San Ándres.

 

Ya en el siglo XVIII,  instauradas las principales parroquias y anteriormente en ermitas, aparecen en sus cuentas de fábrica, las Cofradías y sus Ranchos de Ánimas, aunque organizados independientemente, se crearon para orar y celebrar misas por las ánimas, con la convicción de que así se ayudaba a las almas que estaban en el paso intermedio purgatorio para ascender al cielo. La celebración se hacía la tarde -noche, del uno al dos de noviembre, pero en la actualidad se hace la noche del treinta y uno de octubre víspera de Todos los Santos.

 

Los chiquillos salían con una talega a pedir los santos, tocaban a la puerta y preguntaban ¿hay santo?, si desde la casa se les respondía si, les daban almendras, nueces, huevos o castañas, y volvían a sus casas muy contentos, para compartir lo obtenido con la familia, que se reunía en la tarde-noche, (a la oración) para recordar a sus difuntos. Las viandas que tradicionalmente se degustan son las  nueces, castañas, manzanas, e higos pasados, torrijas, y en algunas casas se estilaba hacer carne de cochino en adobo, aunque este plato no era habitual, siendo las bebidas tradicionales para acompañar estos manjares el vino dulce y el anís.

 

María Teresa Cabrera Ortega es cronista oficial y presidenta de la Asociación de Patrimonio Cultural de Valsequillo.

 

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