24/07/2018 - 07:38

Casa Perico recuerda que el próximo 29 de julio será el último día de su negocio

El popular restaurante de Melenara echa el cerrojo el domingo después de 32 años de actividad

Casa Perico recuerda que el  próximo 29 de julio será el último día de su negocio
Pedro Cruz, el día que recibió la Medalla de Oro al Mérito al Trabajo en 2008 (Foto TA)

TELDEACTUALIDAD

Telde.- Casa Perico ha querido recordar que el próximo domingo 29 de julio será el último día de actividad en el negocio localizado en el número 9 de la calle de Luis Morote, en Melenara.

 

Pedro Cruz Socorro, su titular, formula este recordatario porque son decenas los clientes que le han llamando pidiéndole reserva para los días 30 y 31, pese a que, tal y como avanzó TELDEACTUALIDAD, él ha anunciado el cierre definitivo del establecimiento para el próximo domingo, día 29.

 

El que fuera referente gastronómico de Telde y de la Isla echa el cerrojo después de más de tres decenios de intensa actividad y tras tener que sortear en los últimos años un periodo de pérdidas continuadas, un contratiempo que Cruz lo estaba asumiendo con sus recursos pero que “ha llegado un momento en que no puedo más”.

 

A sus casi 79 años cree que ya le llegó la hora de descansar tras una vida laboral muy intensa. No en vano, en 2008 el Gobierno central le otorgó la Medalla de Oro al Mérito al Trabajo. Aún no sabe qué hará. Por lo pronto, se irá a vivir de alquiler porque ha anunciado públicamente su deseo de vender todas sus propiedades, en la entrevista que este periódico divulgó la pasada semana.

 

Adiós Perico, adiós

A través de un austero mensaje en Facebook anunció su adiós. Seguramente con la ayuda de algún familiar o empleado, porque Pedro Cruz, conocido popularmente como Perico, a sus casi 79 años es poco probable que se apañe con las redes sociales.

 

«Estimados clientes: Les comunicamos que El Restaurante Casa Perico cierra sus puertas el 30 de julio». Esa fue la manera de despedir a uno de los puntos más emblemáticos de Melenara y Telde. Un establecimiento que durante 32 años surtió el mejor pescado fresco a una fiel clientela que nunca le abandonó.

 

Porque de Perico es imposible separarse. Solo había que ver como recibía a cada comensal. Abrazos, cariño y bromas con una sonrisa imborrable. Era su carácter, tan campechano como enérgico, con una vitalidad que ya la quisiera yo a mis 26 años. Escenificó toda su vida la verdadera cultura del esfuerzo. Así se le otorgó la Medalla de Oro al Mérito al Trabajo en 2008.

 

Porque Casa Perico fue la obra culmen de una infatigable y ejemplar trayectoria. Antes de cumplir los 10 años ya había empezado a trabajar de agricultor. También desempeñó oficios como el de cobrador en Guaguas Melenara o vendedor ambulante, y cuando su primer negocio, una tienda de aceite y vinagre, no prosperó, se vio obligado a emigrar a Venezuela. Al volver, montó el restaurante e inició la leyenda.

 

Pasó de regentarlo con la ayuda de su esposa y un empleado, mientras hacía la comida en la cocina de su casa, a llegar a tener hasta 26 trabajadores en la época dorada de los 90. Un despegue que «situó a Melenara en el mapa de la restauración de la isla», como bien recuerda Gaumet Florido.

 

Y yo tuve la inmensa suerte de crecer acudiendo con frecuencia a este local que, para enorme tristeza de tantos y tantos, cierra sus puertas dentro de seis días. En mi infancia recuerdo al aparcacoches del restorán. No había visto nada igual. Un símbolo de grandeza que contrastaba con la humildad que Perico desprendía de forma tan natural. Bastaba con escuchar ese «ehh» que emitía tan a menudo, ya fuera para saludar, despedirse o responder.

 

Un «ehh» sobre el que «podrían escribirse ocho páginas», como comentó un buen amigo en el último día que disfruté de su hospitalidad, y que explica la sencillez de un personaje tan carismático y querido.

 

No se despidió antes por sus empleados. Luci, Juan Carlos, Tina y el resto de trabajadores formaban un grupo humano a la altura de nuestro protagonista. Y no soportaba la idea de dejarlos en la calle, aun cuando su edad ya le pedía algo más de paz. Pero ahora, con todo arreglado, por fin descansará después de 69 años de servicio.

 

Al menos nos quedará Perico Junior, y seguro que por ahí volveremos a ver al bueno de Pedro. No es mal consuelo. Hasta siempre, de corazón.


Artículo de Ronald Ramírez Alemán publicado este martes en Canarias7

 

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