17/10/2021 - 16:54

El París de León y Castillo, por Jonathan Allen

Crónica y reportaje de Jesús Ruiz sobre la charla que el historiador ofreció en la Casa-Museo de Telde

 El París de León y Castillo, por Jonathan Allen
Imagen de la conferencia / Jesús Ruiz

La Casas-Museo de Telde acogió el pasado 13 de octubre la conferencia El París de León y Castillo, una ponencia a cargo del historiador y escritor Jonathan Allen que está enmarcada en el ciclo Diálogos Leoninos y de la que el colaborador de TA Jesús Ruiz plasma en una crónica y reportaje gráfico.

 

Ciclo Diálogos Leoninos: El París de León y Castillo
por Jesús Ruiz Mesa

Continuando con el Ciclo Diálogos Leoninos que se imparte en la Casa Museo León y Castillo de Telde, la tarde del miércoles 13 de octubre tuvo lugar en el recinto museístico teldense dependiente de la Consejería de Cultura del Cabildo grancanario la conferencia El París de León y Castillo, impartida por el Historiador, crítico de arte, escritor y profesor de la ULPGC, Jonathan Allen. Acto presentado por el director de la Casa Museo, Franck González que da la bienvenida al profesor Allen y al público asistente a la conferencia.


Un viaje al París de finales del XIX del que dieron testimonio personajes de la talla de Fernando de León y Castillo, y Benito Pérez Galdós, entre otros canarios que, en su paso por la Europa contemporánea de sus quehaceres lejos de su patria chica, Gran Canaria en particular y Canarias en general, nos representaron en sus campos de acción, desde el desarrollo de sus actividades como escritor universal y político embajador en acción durante largo tiempo. Fernando León y Castillo en el contexto general y entorno de los espacios o lugares, París, Anglet y Biarritz.


El profesor Allen expone una reflexión sobre la Exposición Universal de París con las reacciones, reseñas y comentarios de canarios que lo vieron donde Fernando León y Castillo tuvo un papel preponderante en el Pabellón de España como anfitrión de los Reyes y con personajes públicos de gran calado. Exposición Universal de la relación de don Fernando León y Castillo con las artes y el Salón de Paris, con la ópera y el Teatro. Nuestro más significado político y embajador muere en Biarritz en 1918 después de haber vivido casi 33 años continuados en Francia, destacando su gusto por perderse en el pueblito de Anglet en la zona vasco francesa de los Pirineos.


En París Embajador de España de manera continua desde su primer nombramiento en 1887 hasta el último en 1915, falleciendo en 1918 cuando se hallaba descansando de sus dolencias pulmonares y cardíacas en Biarritz.

 

Los períodos de nombramientos como Embajador se sucedieron: el primero desde 1887 a 1890. El segundo dese 1892 a 1896. Tercero desde 1897 a 1910. El cuarto y último, de 1915 a 1918- Durante estos períodos Fernando León y Castillo, residió casi permanentemente en Francia, exceptuando sus estancias en Canarias, Madrid, y algún otro viaje a otros puntos de la Península. Ha sido el Embajador de España que más tiempo ha servido en toda la historia. León y Castillo fue, sin duda, el más eminente y laureado de los grancanarios que residieron en la que durante las fechas de su carrera diplomática fue la capital cultural del mundo occidental y su escaparate.


Sus importantísimos logros en la política exterior española en el tablero internacional desde París orquestados, empezando en la gradual transformación de la imagen general de España en los medios y la opinión pública francesa que era cuando llegó, francamente mala, el fortalecimiento del acuerdo bilateral de Comercio y Cooperación franco-española. La negociación de la paz tras el cataclismo de 1898 que se hizo en París y los Tratados que, en sintonía con intereses magrebíes y africanos franceses, establecieron la agenda colonial de España en África a partir de 1900. Temas de interés personal e histórico ya repasados en los Talleres de Lectura dedicados a la autobiografía Mis Tiempos, que se desarrollaron en este Casa Museo en 2019 y 2020. 


Hoy nuestro interés se centra en la intervención privilegiada que mantuvo el máximo representante de España con la cultura y la sociedad francesa finisecular, y durante las dos primeras décadas del siglo XX, trazando la huella física del Embalador por los diversos centros, instituciones, recintos, teatros y edificios que él frecuentó oficialmente.
La relación entre León y Castillo y París, siendo principal, no excluye otras relaciones fundamentales entre la Villa de las luces, que también mantuvieron los canarios más universales del XIX, Benito Pérez Galdós, el pintor Manuel González Méndez, Nicolás Estévanez Murphy o Rafael Mesa y López, por citar solo algunos.


París será un nexo de amistad e interés que volverá a acercar a dos amigos de la infancia, a Pérez Galdós y a León y Castillo, el Embajador y al gran novelista. Éste le proporcionará el acceso e introducción a la Reina de los Tristes Destinos, a la destronada y exiliada Isabel II. Este volumen de los Episodios Nacionales ha sido también estudiado durante el Ciclo Diálogos Leoninos que finalizará el próximo diciembre.


Remontándonos a los años de 1867-68 fechas de los dos primeros de los 12 viajes que haría Benito Pérez Galdós en su vida a París, Galdós volvió a Gran Canaria en 1894, por supuesto, ir y venir a Canarias en la década 1860-70 eran casi tres semanas de ida y otras tantas de vuelta, enorme itinerario. Galdós explorará París ávidamente, mapa en mano, confundiéndose con la masa viandante que constituye según los filósofos el paradigma de la modernidad. El París en profunda y traumática transformación urbana del barón Haussmann es observado en primer lugar y en primera persona por el joven Galdós.


El escritor canario relata este período en sus Memorias de un Desmemoriado a la vez que recibe el impacto de la antigua ciudad monumental visita su Exposición Universal, de la cual Paris es sede desde 1855. Lo deja obnubilado y mareado, asimismo, Benito observará a los más altos protagonistas de la historia francesa, a Napoleón III y a la bella y española Emperatriz Eugenia de Montijo que pondrá de moda y transformará el pintoresco pueblo pesquero de Biarritz, el destino turístico de la aristocracia y tren-set internacional, de entonces. 


Observará a otro monarca cuyos ejércitos invadirán Francia cuatro años más tarde en 1870, el Kaiser Guillermo de Prusia. Vale la pena leer una de estas páginas de la Memorias de un Desmemoriado: 
Devorado por febril curiosidad, en París pasaba yo el día entero calle arriba, calle abajo, en compañía de mi plano, estudiando las vías de aquella inmensa urbe, admirando la muchedumbre de sus monumentos, confundido entre el gentío cosmopolita que por todas partes bullía. A la semana de este ajetreo ya conocía París como si fuera un Madrid diez veces mayor, frecuentes paradas hacía en los puestos de libros, que allí son cajones exhibidos en los quais a lo largo del Sena. 


El primer libro que compré fue un tomito de las obras de Balzac, un franco, Librerie Nouvell. Con la lectura de aquel librito me desayuné con el gran novelador francés y en aquel viaje a París y en os sucesivos completé la colección de ochenta y tantos volúmenes que aún conservo con religiosa veneración. Esta colección permanece en la Casa Museo Pérez Galdós de Las Palmas de Gran Canaria.


De la Exposición Universal no hablemos, estaba instalada en un inmenso barracón elíptico, el Campo de Marte, y rodeada de magníficos jardines, donde cada nación había levantado un edificio de su peculiar estilo. Si he de decir la verdad, la Exposición me mareaba, me aturdía, y siempre salía de allí con dolor de cabeza, me agradaba más admirar las joyas artísticas del Louvre, Luxemburgo, o las riquezas arqueológicas del Museo Cluny. 


Pero, mi mayor goce era presenciar las grandes solemnidades públicas, como la revista militar que pasó el Emperador a las tropas en los Campos Elíseos. Me parece estar viendo a Napoleón III con sus bigotes engomados y su perilla según la moda de aquel tiempo, el pecho lleno de cruces, figura, en verdad, poco napoleónica.  


También hice entonces conocimiento visual con la bellísima Emperatriz Eugenia y con los soberanos europeos que fueron a visitar la Exposición, entre ellos, el Rey de Portugal, don Luis I, el Sultán de Turquía, el Rey Guillermo de Prusia, que, tres años después, derrotado Napoleón en Sedán,  se coronó emperador de Alemania en Versalles. Que manía tenían los alemanes de invadir Francia para declararse emperadores.


El texto galdosiano, aunque producto de su memoria, porque lo escribe en 1915, es una curiosa anticipación de lo que verán su amigo Fernando cuando llegué a París como Embajador en 1887 y tras su brillante carrera política española habiendo sido gobernador de varias capitales regionales y con la dura experiencia de la Cartera del Ministerio de Asuntos de Ultramar a cuestas.


Es un texto precognitivo de la vida y los hechos de otro en el mismo lugar futuro. León y Castillo, conocerá el Paris de Haussmann en fase ya muy avanzada con sus bulevares a ambas riveras del Sena. La red de líneas transversales concebidas para la comunicación recta alrededor de la Villa se ha logrado y es uno de emblemas urbanos internacionales de París. La estampa que presentaba la vieja Villa Lumiere, Villa de La Luz, era aún más luminosa. París se ha reconfigurado para favorecer la movilidad, la seguridad y el control policial. En ella destaca un nuevo estilo, el eclecticismo, el sello de la alta burguesía del Tercer Imperio Francés. Se representaron obras de pintura, entre impresionantes, que representaron en sus lienzos las nuevas dinámicas urbanas y psicológicas, que generan la vida en los espacios creados por Haussmann, por sus características de suelo, edificios de cuatro pisos más un ático, todos más o menos similares, con un horizonte homogéneo. El barón Haussmann define el espíritu arquitectónico moderno de París. 


Don Fernando León y Castillo pasará ante las imponentes y armoniosas fachadas de la ciudad reformada cuya tipología inspirará similares construcciones por toda Europa, allende y aquende los Pirineos, desde Madrid, en el extremo sur, a San Petersburgo en el norte. Estos interiores luego serán descritos por Galdós en sus versiones asimiladas españolas, los encontraremos en las novelas contemporáneas, junto a lo que se podría denominar, el paquete francés, la modista, la preceptora, el cocinero, y los viajes a París que la vanidad o el deseo propician, ya que París tolera el relajamiento de las costumbres. Las crónicas de estas tolerancias las desglosa Galdós en novelas como Lo Prohibido.  


José María Guzmán Bueno, el protagonista de Lo Prohibido, pasará largas temporadas en la capital francesa viviendo con su prima, no casados, por supuesto. En el Episodio Nacional, de la de Los Triste Destinos, París será el único lugar en que, también, su protagonista principal Santiago Ibero podrá emprender una vida en común con su novia Teresa Villaescusa, cuyo pasado como concubina en España la condena a la rigurosa exclusión social. En París quien tiene medios puede violar tranquilamente la rancia moralidad nacional católica.


León y Castillo, como ya hemos dicho, pasará por estas fachadas, pero no traspasará sus umbrales, en su contexto arquitectónico de su universo social son las embajadas, palacetes privados, los teatros, y las instituciones. Será llamado al Palacio del Eliseo en distintas ocasiones y asistirá a las funciones del Teatro Nacional de la Comedia francesa. Tenía amigos artistas pintores y escultores, como los Mariano Benlliure, Eliseo Meifrén, por supuesto, conocía a González Méndez. 


Lo que si observará don Fernando mientras es conducido en simón por París y más adelante en su propio automóvil cuando tenga su permiso de conducción a los sesenta años, son los veloces tránsitos por sus anchas avenidas, los nutridos paseos de todas las clases y tipos sociales, algo no tan común en el Madrid de su época y la de su amigo Benito ya bien entrado el siglo XX. Galdós ya había visto los inicios del colorido desfile de clases y tipos sociales reflejados en pinturas de la época, bullicio y gentío de los bulevares parisinos. París escaparate de la modernidad por su comunicabilidad. 


Curiosos documentos relativos a la movilidad de don Fernando. Un permiso salvoconducto de circulación expedidos a su nombre hacia el final de su vida y una cédula de libre circulación expedida en 1916, durante la primera guerra mundial cuando la movilidad por el territorio francés estaba restringida, nos recuerdan que León y Castillo ya era tan francés como español y que se había alineado con la velocidad del siglo XX.


Galdós en sus primeros viajes de 1867-69 y León y Castillo a partir de 1886 verían intacto el gran muro defensivo de París, la llamada Encinte de París, cinturón, cuya construcción promovió el futuro presidente Adolphe Thiers en 1840. Galdós menciona en su obra a Adolphe Thiers, hace referencia a su ideología política, pragmatismo y capacidad como historiador.


León y Castillo garante de la neutralidad española en la gran contienda internacional vivirá en los años angustiosos de 1914 a 1918 en Francia. El Embajador de España contribuirá a afianzar la presencia institucional de su país en París mediante la compra de inmuebles señeros que han de representar los intereses, espacios y estrategias de la Patria en suelo francés. Como la que ya era sede de la Embajada española. El Palacio de Castilla que adquiere la Corona Española y el Gobierno español en la época de León y Castillo en 1887, palacio considerable que será la residencia en el exilio de Isabel II de España y la Corte Borbónica. León y Castillo se va a convertir en un visitante asiduo de este palacio que dejaría más tarde de pertenecer al Estado español.


Galdós es presentado ante la Reina por León y Castillo en 1900. Los dos grancanarios protagonizarían un importante epílogo, alguno de los más convulsos episodios de la Monarquía española. Tanto Galdós como Fernando León y Castillo apoyaron la Revolución de 1868 -La Gloriosa- León y Castillo fue, incluso, mensajero de los generales desterrados en Gran Canaria, que volviendo a la Península contribuirían al exilio de la Reina. Al escribir en 1904 la semblanza final a modo de obituario de la Reina Chata, Galdós practica una curiosa ucronía, describiendo la versión de la que fue aciaga historia y deriva violenta de su reinado, en un revelador artículo que reenfoca sin perjuicio sectario ni odio la suerte política de una soberana inexperta y peor aconsejada.

 
El Embajador de España y ya amigo de la Real persona, don Fernando, acude a la exposición del féretro en el Palacio de Castilla y acompaña los restos reales hasta la estación ferroviaria donde un tren del servicio especial ha de llevar el ataúd a Madrid para su entierro en el Panteón de los Reyes de El Escorial. Este último deber con la Reina como Embajador es uno de los raros momentos de expresión emotivo en las páginas del libro Mis Tiempos, autobiografía del siglo XIX, escrita en el XX.

 

París en su desarrollo sigue actualizando y aplicando los últimos descubrimientos como el alumbrado público en su honda transformación, la electricidad, aunque esta tardará décadas en afianzarse y sustituir al gas en los puntos estratégicos de las vías urbanas, estaciones, primero lámparas de arco voltaico hasta convertirse en las bombillas conocidas. El gas y la electricidad se simultanearán en las antiguas farolas de la capital, del que fuera testigo de estos cambios León y Castillo. Cuando Galdós llega a París en 1867 nada de esto existe. No obstante, el encuentro supremo con el poder y el futuro de la iluminación eléctrica se produciría en 1900 dentro del recinto de la Exposición Universal de París donde se erigió el Palacio de la Electricidad. Desde 1855 en las exposiciones universales de París, la electricidad es uno de los grandes protagonistas.


Allen finaliza su intervención con las estancias de León y Castillo en su residencia del pequeño pueblo de Anglet y Biarritz donde nuestro más importante Embajador de España en Francia, y largo tiempo residente en París, fallece en Biarritz en 1918.


El Ciclo Diálogos Leoninos nos han mostrado el contexto histórico, político, social y cultural del escenario en que se movieron dos grandes de nuestra historia, un escritor y un político, dos amigos, dos grancanarios de la mano por el Paris del siglo XIX, que el profesor Jonathan Allen nos ha conducido por las seleccionadas imágenes y texto de su ponencia, el París de León y Castillo, desde el recinto que toma el nombre de su protagonista, Casa Museo León y Castillo de Telde. Enhorabuena. Gracias.


Jesús Ruiz Mesa es colaborador cultural de TELDEACTUALIDAD.

 

Comentarios

  • Adolfo García García
    18/10/2021 - 00:59

    Magnífico reportaje gráfico y escrito de Jesús Ruiz. Este hombre no para.

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