14/05/2022 - 18:17

España, del choriceo al sanchichoneo-

Jaime Rubio

Jaime Rubio

Desde los tiempos del Lazarillo de Tormes hasta hoy nuestra literatura recoge una afición muy española, el choriceo. De hecho, el ídolo de nuestra literatura clásica es el pícaro, es decir, el ladrón, estafador y el pillo. Lo que conocemos, resumiendo, como el chorizo. Hace unos años la estrella de la televisión en nuestro país fue el Dioni, un pícaro simpático que había robado unos cuantos millones a un banco y que se lo disfrutó en Brasil. Cuando volvió a España fue entrevistado como una estrella en todas las cadenas de televisión españolas.

 

En nuestra democracia nos escandalizamos con el caso Roldán, director de la Guardia Civil que choriceó todo lo quiso aprovechándose de su cargo. A partir de ahí ha habido una cascada de casos protagonizados por políticos de todas las ideologías, de la izquierda a la derecha. Los Erte en Andalucía, la docena de casos Gürtel, y así llegamos al Caso Mascarillas, donde pasamos del choriceo sanchichoneo.

 

Si en la Gürtel había personajes curiosos como El Bigotes o El Albondiguilla, ahora el personaje mas llamativo e intrigante es San Chin Choon, que el ingenio popular le llama El Sanchichón o Salchichón. Este malayo de nombre divertido ha eclipsado a los pillos que se llevaron crudo seis o siete millones en material defectuoso en medio de la pandemia.

 

Sean unos u otros, el caso es que la afición al choriceo, o al sanchichoneo, parece estar en el ADN de los españoles, y se practica hoy como si de un deporte se tratara, desde el escalafón mas alto, la familia del Rey, hasta el mas bajo.

 

Jaime Rubio Rosales es periodista y escritor.

 

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