23/01/2022 - 12:04

Las lenguas y los jueces

Nieves Rodríguez

Nieves Rodríguez

Que la transición no fue tan modélica como intentaron vendernos no es un secreto para nadie. El paso de la dictadura a la democracia, ha quedado demostrado después de los años, no fue ni tan rápido ni tan exitoso como algunos quisieron venderlo, pues de aquella época quedan aún rastros de autoritarismo, cortedad de miras y mucha cloaca de estado.

 

No hay más que ver cómo antiguos modelos de gobernanza donde la libertad de expresión era castigada con penas de cárcel persisten hoy en día; que un diputado sea inhabilitado durante seis meses por colgar unos lazos amarillos en una fachada o que jóvenes raperos estén en cárceles o deban exiliarse del país por decir lo que todo el mundo sabe del rey, son solo algunos ejemplos de ello.

 

Una rémora de aquellos tiempos es la vigente “ley mordaza”, que el presente gobierno ha tenido a bien postergar pues según argumenta hay otros intereses prioritarios. Esto nos demuestra la poca importancia que se le da a la libertad y cuánto de viejas maneras quedan aún por desterrar de nuestro sistema político.

 

Otro de los viejos reductos que quedan del antiguo régimen es el hábito de judicializar la política, el Consejo General del Poder Judicial, a quien la derecha ha sabido pertrechar con jueces de su misma ideología, para que nada se mueva demasiado, es un claro ejemplo de ello.

 

Ahora, el TSJC ha dictado la obligatoriedad de que, en Cataluña, en las escuelas catalanas, se hable el 25 % por ciento en castellano. Esta injerencia de la justicia en la vida política, cada vez más frecuente para acallar las voces disidentes o para someter por vía penal lo que no se resuelve por vía política, ataca a la lengua y a la identidad de todo un pueblo.

 

El olvido histórico es lo que tiene, habría que recordar que el régimen franquista persiguió y reprimió durante años todas las lenguas de España diferentes del castellano, enemigo como era de todo tipo de diferencias, pero sobre todo lingüísticas.

 

Con la llegada de la democracia, la reposición, la protección de las lenguas más débiles y reprimidas durante el franquismo se hizo necesaria, por lo que se aprobó la inmersión lingüística en Cataluña como un derecho histórico. Esta inmersión lingüística ha supuesto un avance social y una conquista irrenunciable.

 

El problema lingüístico es inexistente en Cataluña, pues cualquiera persona que haya estado allí sabe que el idioma no es un problema, sus ciudadanos pueden pasar de hablar en castellano al catalán según el interlocutor que tengan delante. En cuanto a la escuela catalana, es reconocida por su éxito, lo que demuestra que bilingüismo no es un inconveniente sino una ventaja. Aún así las estadísticas señalan que la mitad del profesorado imparte las clases en catalán y que es precisamente esta lengua la que está, en retroceso, no el castellano, además de que el alumnado habla indistintamente del castellano y catalán en el aula.

 

Pero al TSJC no le interesan los datos sino crear un problema inexistente, reprimir, separar, desunir una sociedad cohesionada. Ahora le tocó a la escuela, al idioma catalán, precisamente una de las instituciones más sólidas de Cataluña. Quizás alguien les debería recordar a los jueces y magistrados que la libertad de expresión, sea en la lengua que sea, es la base de un sistema democrático.

 

Nieves Rodríguez Rivera es profesora de Lengua y Literatura y escritora.

 

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