17/10/2021 - 11:16

Nobleza, cañas, populacho

Nicolás Guerra

Nobleza, cañas, populacho
Nicolás Guerra

La señora Ayuso, presidenta de la Comunidad madrileña, lo tiene claro: en España hay dos bloques sociales bien diferenciados. El primero lo forman nobles, fijosdalgos, gentilmujeres… Al segundo pertenecen la plebe, la chusma: "¡Se puede ir a tomar una caña, al populacho le gusta!".

 

Ella, claro, es célula madre entre las damas de alta cuna, cortesanas cuya esencia solo se localiza en estamentos de inmortal pedigrí. Es decir, sus cuerpos alcanzan el Olympo, mansiones cristalinas solo habitadas por estirpes, alcurnias, prosapias, abolengos y linajes. De ahí que no necesiten evacuatorios: las deificaciones ni miccionan ni defecan. Pero el populacho mea (¡es la cañera cerveza de la libertad!), caga y a veces diarreica entre licuados ácidos y acústicas manifestaciones propias de tal estamento social.

 

El mismo Zeus la hizo inmortal para que comercializara con neoyorquinos y washingtonianos las cañas españolas cargadas de libertad, ¡qué van a saber ellos, simples descendientes de europeos muertos de hambre, negros, hispanos, chinos…! Y por eso la convirtió en rubeniana esencia sutil de azahar, embriagadora flor blanca (como alguna espuma cervecera) cuando vaporiza su seductor aroma cual le sucede a la bebida revestida de lúpulos y maltas…

 

Por tanto, tal deleitable rostro se perpetúa en botellines, litronas, grifos cerveciles, jarras con asa de recio barro germano o vidrios delicados para deleitar los caminos de la rubia, castaña, turbia o negra cerveza conocida ya desde las faraónicas dinastías, cereales fermentados y aromatizados también con boj, casia…

 

Pero el divino mensaje de Zeus que la Señora impacta en los humanos no es, en absoluto, la simple degustación universal de birra, piwo, bière, пиво, beer, öl, pivo, μπύρα, bier, بيرة… Muy al contrario: la cerveza es recio y patriótico símbolo, representación material de algo inherente al ser español: el libre albedrío, la autodeterminación.

 

Razonada, pues, la identificación caña cervecera – libertad absoluta, arrojo a la pira -tal como hicieron las juventudes hitlerianas, fascistas y el Frente de Juventudes- los malignos libros filosóficos y sociológicos que desde 1970 perturbaron mi pensamiento juvenil y lo asediaron con diabólicas construcciones como “libertad personal, libertad intelectual, libertad como ausencia de presión exterior”... (¡Desahogo, Señora: laxitud espiritual la mía a partir de ahora! ¡A por la nívea espuma del transparente copón, primer paso para ser libre! Además, dice la Señora que no es delito. Y si la Señora lo dice, su palabra va a misa… pero sin mi voto, pues un periódico digital afirmó: “Tanto Ayuso como Almeida [alcalde madrileño] son abortistas: un católico no les puede votar".)

 

Hay algo, sin embargo, que no me encaja para el pleno acierto del binomio mencionado, la relación cerveza – libertad. Le dice la Señora a la diputada doña Mónica García, comunista (el mismo sufijo que fascista, ¡qué casualidad!) y portavoz de Más Madrid, que "¡Se puede ir a tomar una caña, al populacho le gusta!". Y es ahí, precisamente en el léxico, donde me encuentro trancado y trincado, pues la voz populacho no me suena precisamente a las armonías de Nacho Cano, "uno de los mejores músicos" del país, “que traerá a Madrid empleo, sueldos, turismo"... desde Miami.

 

Inicio, pues, mi elemental investigación por Google debido a un ligero desencuentro: no encuentro abierta en Madrid la novísima Oficina del Español, impacto cultural, tsunami lingüístico, el definitivo “tocada y hundida” a la Real Academia de la Lengua y expulsión de sus componentes cargados de publicaciones, investigaciones, sabiduría… Pero aprendices, bisoños o neófitos frente al universal quehacer lingual del señor Cantó, Toni para los camaradas, rector magnífico de la recién creada institución fonético-léxica para mayor gloria de la Patria y el Imperio de los Austrias.

 

Pues hete aquí algo curioso: resulta ser que el sustantivo populacho (‘voz despectiva’) usado por la Señora es, dice el Diccionario, ‘la parte ínfima de la plebe’. Esta, a su vez, viene definida como ‘Clase social más baja’ y ‘Clase social común, fuera de los nobles, eclesiásticos y militares’ en el pasado. Dedúcense, por tanto, tres sospechas. Una: la señora diputada de Más Madrid no es noble, eclesiástica o militar. Muy al contrario: destila choricero populachorismo, tabernaria confluencia con la masa.

 

Dos: todos los madrileños pletorizados con ir a beber cañas también forman parte de la plebe en su grado más rudimentario, es decir, son villanos, ordinarios, soeces, vulgares. (Tales florituras no los frenó para votar masivamente a la Señora, aristocrática y nobiliaria: ¡eso es ser siervo de calidad suprema, honor al vasallo agradecido!)

 

Tres: nobles, eclesiásticos y militares, antónimos del latinismo populacho, podrían perder su privilegiada condición social si fueren, fuesen o fueran sorprendidos in fraganti saboreando la rubia / negra / cobriza cerveza cañil en mesones, tascas, cantinas, bodegones… e incluso mismamente en cafeterías, restaurantes o comedores de hoteles pentaestrellados. Lo reitera la academizable señora Ayuso, presidenta de la Comunidad madrileña: "¡Se puede ir a tomar una caña, al populacho le gusta!".

 

¡Cuánta precisión léxica!: el término populacho es considerado como despectivo, despreciativo o menospreciativo por la Academia… a pesar de su origen latino (proviene de popŭlus), la sabia y exquisita lengua ciceroniana. Tan barriobajero es hoy que el mismo Diccionario latino-español lo relaciona con populariter (‘Popularmente, en sentido vulgar, como el pueblo’).

 

Y como esparcidos por doquier hay millones de españoles amantes de unas buenas cañas resulta -¿qué será de ti, ¡oh, España!?- que la ciudadanía es mayoritariamente gentuza, vulgo, canalla, morralla, patulea, turbamulta, gente, muchedumbre (tal dicta el Diccionario de sinónimos).

 

Y esa españolada populachera que encuentra su libertad en la autonomía plena para pedir una caña se siente trasmutada. Al fin puede incluso llegar al libre albedrío. Es decir, a la facultad para envalentonarse a sí misma y pregonar su desacato al papa, “enemigo de España”, un católico “que habla español” y de cuya desordenada mente salieron palabras para pedir perdón por “los errores del pasado”, “luces y sombras”, dijo, ¡disparate papal! Sentencia la Señora: “España llevó a América misiones, catolicismo, civilización y la libertad”… amén de seis millones de españoles en cuatro siglos.

 

(Negritos, esclavos, la Inquisición y la sífilis llegaron en pateras.)

 

Nicolás Guerra Aguiar es catedrático y escritor.

 

Comentarios

  • Luis Ramos
    17/10/2021 - 16:52

    Señores de Telde actualidad, no veo el interés de darle cabida a Javier Buron y luego al poco quitar sus " brillantes comentarios " ruego como lector de este medio recapacite el interés de su escritura, y luego contestando sus comentarios como si estuviera en posesión de la verdad.

    0
    0
  • Luis Ramos
    17/10/2021 - 13:36

    Doña Manuela Carmena Castrillo se le echa de menos hasta de Telde. Ayuso , caprichosa, inmadura e infantil .

    0
    0

Enviar Comentario

X