17/10/2021 - 11:11

Sánchez y ERC

Rafael Álvarez Gil

Rafael Álvarez Gil

El PSOE no dispone de mayoría absoluta, la última la obtuvo con Felipe González en la década de los años ochenta, en plena vigencia del bipartidismo imperfecto. Con la suma de Podemos, el actual Gobierno de coalición tampoco la alcanza. Resultado: la izquierda sin la concurrencia de la plurinacionalidad (la Constitución territorial) no gobierna ni seguramente gobernaría otra vez. Pedro Sánchez necesita, en todo caso, de los escaños de ERC. Sin este respaldo, la legislatura estaría finiquitada. Y aun así habrá que traspasar el trance de los Presupuestos Generales del Estado. Solo desde esa premisa, y no por querencia propia en Ferraz, se entiende el movimiento de un presidente del Gobierno que hasta el otro día presumía, en plena campaña electoral, de que controlaba la Fiscalía General del Estado (entrevista en RNE) o que traería de vuelta a Carles Puigdemont para ponerlo en manos de la justicia (debate en televisión entre los candidatos) como si de un alguacil se tratase. La justicia europea tendrá la última palabra, la que teme el Tribunal Supremo a son de la sentencia del ‘procés’.

 

Las dos caras de ERC son, al tiempo, la fatiga y la expectativa de Sánchez. Se entremezclan, se explican mutuamente. En función de cuál de las dos prevalezca, tendrá sentido o no su periodo de gobierno hasta 2023. ERC puede primar su faceta posibilista o la rupturista. Tiene un alma independentista a nivel interno y otra que apuesta por la concordia de las izquierdas y de los diferentes pueblos. Esta última la representa, hoy por hoy, Gabriel Rufián en el Congreso de los Diputados, a la vez que recibe críticas por parte del independentismo por sus lagunas de coherencia.

 

Aún con Quim Torra en la Generalitat de Catalunya, cuando anunciaba el adelanto electoral por final sobrevenido de su mandato, Sánchez jugó con retrasar la mesa de diálogo (la gran meta de ERC) a después de la cita electoral. Sobre la marcha, ERC protestó y Rufián fue recibido en La Moncloa la misma jornada. No es nada fácil desenvolverse en el mapa de pesos y contrapesos territoriales en los que se halla Sánchez, especialmente cuando trató de recuperar el bipartidismo (repitiendo las elecciones en 2019 en aras de anular a Podemos) y acepta ahora a regañadientes las condiciones de una parte del independentismo catalán. No olvidemos que Sánchez bendijo en 2017 la aplicación del artículo 155 en Catalunya que suspendió la autonomía; una obra de Mariano Rajoy tras un enorme letargo desde la época de Artur Mas (y la demanda del pacto fiscal) y que en el presente Pablo Casado no le corresponde al PSOE. Con una economía que puede recuperar pronto el ritmo del galope, agitar la ruptura y negar la plurinacionalidad es la mejor baza (eso sí, cortoplacista) de Casado. Se nota, y crecientemente, la presión de Vox que marca la agenda al cuartel general de Génova. El PP recela de una fuga de votos por su derecha. Con todo, incluso gobernando en el futuro con Vox, el problema catalán (que es asimismo la problemática española) persistirá. Es más, con un eterno 155, solo lo recrudecerán. La suerte de Sánchez no le es ajena a Casado.

 

Rafael Álvarez Gil es columnista de TELDEACTUALIDAD.

 

Enviar Comentario

X