16/10/2021 - 07:45

El feudo

Rafael Álvarez Gil

Rafael Álvarez Gil

No se puede entender el cambio de la alcaldía en Santa Lucía de Tirajana sin el reciente en Telde. No debe analizarse como un hecho aislado. El ‘time sharing’ teldense, rubricado primero, y el tirajanero, firmado ya avanzado el mandato, fueron dos episodios que solo se comprenden mutuamente en un contexto de pugna partidista en Gran Canaria que, incluso, a punto estuvo de costarle la conformación del Gobierno a Ángel Víctor Torres y que naufragase el Pacto de las Flores. Esto es, un sector del PSOE grancanario (ajeno al control orgánico del aruquense) apostó por arrebatarle los feudos a Nueva Canarias como contrapartida a la victoria de Antonio Morales en el Cabildo y como respuesta a una organización nacionalista de corte progresista que dejaba ya de ser el socio simpático y adquiría una relevancia institucional superior a la de la época en la que cohabitaban José Miguel Pérez y Román Rodríguez en la institución insular (2007-2011). Nueva Canarias iba en serio, y al corredor histórico del sureste se le unía el poder en Gáldar y Guía. El envite se extendió a toda la isla y así se sustentaron, por acción u omisión, numerosos pactos locales.

 

Francisco García toma el bastón de mando en el municipio donde todas las marcas electorales anteriores a Nueva Canarias han gobernado desde 1979. Allí, entre la caldera de Tirajana (que ilustra el cuadro que preside el salón de plenos que recuerda a la película ‘Novecento’ -1976-) y el drama social de la aparcería en Vecindario, es donde Carmelo Ramírez y Camilo Sánchez forjaron su compromiso político al calor de los primeros comicios locales en 1979. Con el tiempo, les seguirían Silverio Matos y Dunia González. Y tras este breve intervalo desde 2019, hace lo propio el regidor García que tiene como objetivo aumentar la representación en la cita con las urnas en 2023 y, de paso, depender de los menos socios posibles. De lo contrario, corre el riesgo de que se repita similar pugilato al acontecido en el verano de 2019. Hay un PSOE que ve a esta organización con buenos ojos y otro PSOE que no.

 

Otra cuestión es cómo Nueva Canarias supera el encorsetamiento de una implementación ceñida a lo municipal y alcanza las hechuras de una formación política al estilo de ERC, EH Bildu o BNG. Esto pasaría (entre otras cosas) por tener la misma marca en los diferentes municipios en aras de que el votante tenga claramente identificado, sea a las locales como a las Cortes Generales, una oferta que casa con el nacionalismo identitario canario, que no instrumental. Este último lo explotó al máximo José Carlos Mauricio, a modo de conseguidor, cuando CC cosechó cuatro escaños al Congreso de los Diputados en las elecciones generales de marzo del 2000. Un modelo que se agotaría. En cualquier caso, cuesta explicar cómo aquello (tanta acumulación de poder desde 1993) no dejó un legado de nacionalismo identitario: la clara personificación de un pueblo canario autoconcienciado. Una ocasión que, ni de lejos, y salvando las distancias, no desaprovechó el PNV desde la Transición.

 

Rafael Álvarez Gil es columnista de TELDEACTUALIDAD.

 

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