27/02/2021 - 19:55

¿Para qué la Cuaresma?

Francisco Martel

Francisco Martel

Amigos-as, el tiempo de Cuaresma nos ayuda preparar de nuevo la mayor fiesta del año, la Resurrección de Jesús. La Iglesia nos sigue animando a la conversión personal y a mantener buena relación con Dios y con las personas haciendo obras de caridad a favor de los más pobres.

 

En este tiempo muchos cristianos celebramos el Sacramento de la Confesión y hacemos Obras de Misericordia como Visitar enfermos, Dar de comer al hambriento, Acoger al Emigrante…

 

Amigos lectores, en este tiempo debemos todos animarnos en especial a ser Atletas de la Fe, más con obras que con palabras… ¡Así que vayamos a recibir el sacramento del perdón sabiendo ayudar de forma especial luego a los pobres!

 

Les dejo el testimonio de la hermana Oblata Maria Pilar Laria que ha vivido en Brasil su vocación de Oblata del Santísimo Redentor y nos dice: “Nací en una pequeña ciudad del norte de España, en una familia religiosa, muy católica. Mis padres me enseñaron desde pequeña a practicar todo lo que ellos sabían y me criaron en la fe viviendo la vida cristiana, y así fui creciendo. Dios fue preparando mi camino, hasta sentir un día el deseo de ser religiosa.

 

Mi formación con las Hermanas Oblatas fue una escuela de verdaderas experiencias humanas, psicológicas, de estudio profundo de nuestra espiritualidad y conocimiento de la vida de nuestros fundadores, José María Benito Serra y Antonia María de la Misericordia. Profesé el 15 de agosto de 1959, haciendo así mis primeros votos. Grande fue mi sorpresa al saber que mi primer destino era Brasil. Yo estaba dispuesta a todo, dentro de mi existía un fervor y alegría de una joven de 20 años, haciendo mi consagración al Dios único de mi vida para dedicarme con entusiasmo a anunciar el Reino viviendo con alegría mi vocación dedicada al Carisma y Misión Oblata.

 

Han pasado ya 61 años desde que llegué a Brasil y me siento orgullosa de haber vivido esa experiencia de vida en el trabajo que me ha enseñado mucho desde lo cotidiano. Durante todos estos años pasé por varias experiencias: Vida comunitaria en culturas diferentes en varios lugares y estados de Brasil. Así ha sido mi vida entre luces y sombras. Dios me ha ido purificando siempre con el impulso de crecer en la vida espiritual teniendo como lema ‘la santificación’ y, como centro, ‘la vida de oración’, pues sin esa fuerza que Dios me dio, sería imposible enfrentar los desafíos que la vida nos proporciona. Esa es mi manera de ser Oblata, enraizada en Jesús Redentor y en el sueño de nuestros fundadores. Sigo con alegría convencida de la fuerza del Espíritu Santo en la Misión con las mujeres en situación de prostitución”.

 

Francisco Martel es sacerdote y párroco.

 

 

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