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17/01/2021 - 10:11

El templo ecuménico es algo diferente

Francisco Martel

Francisco Martel

Amigos lectores-as, en estos días,  del 18 de Enero al 25 de Enero, la Iglesia nos invita a celebrar la semana de Oración por la Unidad de los cristianos. Recordemos que en nuestra Diócesis la Semana ecuménica comenzó a celebrarse a partir de los años 70, y con ese motivo se construyó, en Playa del Inglés, el Templo Ecuménico impulsado por aquel gran obispo José Antonio Infantes Florido, hombre que tenía un buen carisma ecuménico. 

 

Ciertamente que el Concilio Vaticano II, celebrado en el año 1965, abrió puertas a la Unidad de la Iglesia dándonos aquel decreto super-interesante “Unitatis redintegratio”. Recordemos también que, antes del Concilio, la relación entre católicos y protestantes era "la de no mirarnos las caras y la de tirarnos piedras".

 

Aun recuerdo bien que, cuando acabé estudios de teología pastoral en Bruselas, le pedí a nuestro obispo D. José Antonio Infantes el ir algunos años a las misiones del Perú a petición de un colega de estudios, y él me dijo: ¨Amigo Paco, reconozco que nuestra diócesis está en deuda con las misiones, pero ahora no la puedo pagar. Ocúpate tú un tiempo del Templo Ecuménico y más adelante hablaremos del tema¨.

 

Amigos lectores-as, les puedo confesar que aquellos 10 años de presencia en el Tempo Ecuménico fueron para mi una gracia de Dios contando a diario con la colaboración de las religiosas Reparadoras y los fines de semana con el gran amigo y sabio Jesuita Juan Larrea, “Juanón” como le llamábamos amigablemente por su cejas grandes y por su inteligencia extraordinaria que nos dejaba con la boca abierta, especialmente cuando en las homilías también se enrollaba de forma imparable en alemán.

 

Sí, en aquellos años disfruté en aquel Templo colaborando con algunos pastores-a entre los que estaba Schneider Ludolf, el hombre que, con  algunos amigos, consiguió pagar el Órgano que está a mano derecha entrando en el Templo. Ah, les puedo contar que aun me río al recordar a un atrevido feligrés que en la misa de un sábado me paró la homilía gritando así: “¡Eso que está Ud. diciendo no es Evangelio!” De verdad que aquel hombre fue demasiado atrevido y no soportó que yo hiciera alguna recriminación al régimen de Franco que estaba ya enfermo.

 

Francisco Martel es sacerdote y párroco.

 

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