11/07/2020 - 19:38

Los perros de Santa Ana

Santiago Gil

Santiago Gil

Un día es una estatua de Colón, otro día le toca a otra de Voltaire, y en cualquier momento irán a por la Venus de Milo o a por Nefertiti, a por el David de Miguel Ángel o a por el Tritón de Manolo González, a los dos últimos por la desnudez, y a la Venus y a Nefertiti las atacarán para que ya no quede vestigio alguno de su belleza, y eso que ya a una le cortaron los brazos y a la otra le arrancaron un ojo con el paso de unos siglos que, lejos de traer la cordura, nos siguen llevando cada vez más atrás en el tiempo, a la censura más pacata y vergonzante, a confundir lo sublime del arte con la inmundicia de la vida algunas veces.

 

Tiran estatuas, las destrozan y las colorean, en lugar de derribar tiranos vivos o de buscar que los que destrozan esas creaciones pudieran imitarlas, que aprendieran a dibujar o a modelar, y por supuesto a buscar mucho más allá de lo que ven en su vida alicorta y consumista. A Colón lo derribaron en Baltimore, donde murió Poe, y cualquier día de estos también profanarán su tumba buscando cualquier calificativo que denigre lo que dejó escrito, porque así se está escribiendo la historia, corrigiendo a Mark Twain o borrando películas como Lo que el viento se llevó porque los bárbaros no saben distinguir la verdad de la mentira, toda la realidad y la denuncia que hay en lo sutil y en lo que no se dice.

 

Ayer también atacaron a los perros de la plaza de Santa Ana. Alguien, imitando a esos bárbaros que tiran piedras sobre sus propios tejados, golpeó con saña el basamento y quebró la pata de uno de los perros en los que casi todos los grancanarios nos sentamos alguna vez siendo niños, y es que justamente esas figuras se han acariciado siempre y se han tocado como para cercioranos que no son de mentira, y hasta el mismo Víctor Doreste las sacó a corretear por el cercano Guiniguada.

 

La pata destrozada podría ser la de Faycán, y hace falta ser muy bestia para agujerear esa escultura que ha visto pasar la vida de tantos y tantos que se creyeron dioses de dos piernas por pegar tres gritos o dos pedradas a lo que se les ponía delante, dejando la justicia de lo que reivindican en una muestra más de la barbarie que no hemos sabido desterrar de nuestro ciclo evolutivo.

 

Santiago Gil es periodista y escritor.

 

Comentarios

  • J.F. Fernández Belda
    12/07/2020 - 14:19

    Lo peor es que la gente civilizada soporta estoicamente el vandalismo de estos tipos, comprobando con estupor, cómo las autoridades no hacen nada y el fundamentalismo siniestro grita cuando se quieren poner cámaras de vigilancia, que si bien no protegen los bienes comunales, al menos sirven para que paguen sus tropelías esos perroflautas... ¿Cuántos detenidos hay? Como Simón, los están contando.

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  • Tony Benitez.
    12/07/2020 - 12:20

    El vandalismo no tiene otra bandera que el destrozo y mutilaclones de todo lo que cogen .Esta vez le ha tocado a nuesttos extrañables de perros de La plaza de Snta Ana tan acariciados por la inosencia de loos niños que se subian en ellos A este paso, como bién dice el peridista Santiago Gil cualquier día podremos levantarnos y ver a otro simbolo de ciudad por los suelos. De pena .

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