28/06/2020 - 10:40

Un cuento curioso

Francisco Martel

Francisco Martel

Amigos lectores-as, hace tiempo leí la historia de un fotógrafo super-ateo que decidió entrar una mañana de Otoño en el bosque para hacer fotografías. El día que eligió era precioso y los pájaros cantaban con mucha alegría junto al arroyo que daba una suave brisa y susurraba al oído.

 

Mientras se escuchaban algunos disparos, de repente el Fotógrafo oyó un fuerte ruido detrás de él y, al mirar con rapidez, vio que un gran Oso se le acercaba sonriendo. Entonces, el hombre lleno de miedo comenzó a correr muy de prisa observando que el Oso lo seguía a pocos metros.

 

En esto el fotógrafo tropezó con una gran raíz y, mirando hacia atrás, vio que el Oso, lamiendo su lengua, se le acercaba con una gran sonrisa. Entonces, tendido en el suelo, oyó una fuerte voz fuerte como la de un trueno que le decía: “Escúchame, Joven: Sé que tú durante años has dudado de mi propia existencia, pero ahora que tu vida está en peligro ¿me puedes decir cómo me llamo para poderte ayudar?”

 

Ante aquellas palabras el hombre caído en el suelo pensó que tenía razón pero que él sería un hipócrita si se convertía en aquel momento de su vida y se preguntó: “¿Será posible hacer que este Oso sea cristiano al menos por hoy?” La voz estuvo en silencio durante un momento y luego se oyó: “Hecho”. Entonces el Oso, uniendo suavemente sus patas delanteras para rezar, inclinó su enorme cabeza diciendo: “Querido buen Dios, bendice este alimento que, gracias a tu bondad, ahora con mucho apetito voy a comer”.

 

Y el hombre pensando por un momento dijo: “Señor todopoderoso, yo creo que sería hipócrita por mi parte convertirme para ser cristiano en este momento de mi vida, pero te suplico firmemente que este Oso sea cristiano al menos por hoy”. La voz estuvo en silencio durante un minuto y luego se oyó: “Hecho”. Entonces, minutos más tarde, todo comenzó de nuevo oyéndose los pájaros cantar, y viéndose que el arroyo iba a sus anchas dejando una brisa suave por donde pasaba susurrando. Fue entonces cuando el Oso bajó lentamente sus patas e inclinando su enorme cabeza rezó muy despacio así: “Querido Padre Dios y Señor, bendice este buen alimento que ahora con mucho gusto voy a comer.”

 

Amigos lectores-as, acabo dejando 2 preguntas para seguir luchando contra muchos Virus que quieren a diario vivir con nosotros:

- De lo que tú posees ¿sabes compartir algo con los pobres que nada tienen?-----¿Buscas un tiempo los Domingos para celebrar con gusto la Fe escuchando la Palabra de Dios aunque a veces el “Cura o el Obispo se enrollen” y sean unos “pesaos”?

 

Francisco Martel es sacerdote y párroco.

 

 

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