24/05/2020 - 11:44

Nivelando la Sima de Jinámar

Ismael Báez

Ismael Báez

La época de la violencia en caliente, se entiende la que se sucedió en las primeras semanas de la guerra allí donde los sublevados habían sido derrotados. Poco después del 18 de julio de 1936, cuando se produjo el Alzamiento, los partidarios de la Segunda República se ofuscaron en acabar con el «enemigo interior», todo aquel sospechoso de ser partidario de la sublevación y que pudiera unirse al ejército enemigo si este llegaba hasta la zona.

Se detuvo a miles de derechistas que fueron a parar a las cárceles y muchos posteriormente fusilados o directamente ejecutados con un tiro en la nuca, recuerden Paracuellos del Jarama. En ese proceso, y sin que respondiera a una planificación previa, hubo algunos muertos cuando se produjeron choques. Hay que entender que muchos se resistieron a ser detenidos y que a algunos milicianos se les iba la mano. Lo malo fue que esas noticias llegaban a Gran Canaria, sacando lo peor de las conciencias humanas, que llegaban a la venganza directa.

Volvemos a las venganzas y los odios, las revanchas directas. Los “rojos” detuvieron a un ex-parlamentario de la República recién instituida, lo “juzgaron” y lo fusilaron en Alicante. Lo que provocó que sus seguidores políticos, pues el “fusilado” era el Fundador de Falange, José Antonio Primo de Rivera. En aquellas épocas no existían las redes sociales, pero el telégrafo funcionaba a las mil maravillas y la noticia llegó hasta el último rincón de España.

Habían pasado cuatro meses y siete días del asesinato del líder de la oposición, Calvo Sotelo, por elementos de las policías politizadas. Los ofendidos solo tenían que esperar a tener la sartén por el mango en territorios donde pudieran ejercer sus actos. La venganza estaba servida.

La violencia caliente representa el 38,85% de los muertos en la “fase caliente” de la revolución, pues revolución fue en un bando y hartazgo en el otro. En todo caso, también dejo claro que la mayor parte no tuvieron que soportar torturas, como afirman algunos expertos. También rechazo que se califique a la represión general en ambos bandos, como genocidio u holocausto. Existía una Gestapo civil, como en el III Reich, que a cambio de alguna necesidad, vendía a sus vecinos y cuando se cambió el sentido, las venganzas fueron inmediatas. Siempre han existido vecinos chivatos. Es el síndrome del ADN nacional, la envidia.

Creo que no funcionó la lógica del combate político previo tanto como en el estereotipo. Todos los tópicos denigratorios se cernieron sobre esa figura, del enemigo. Las muertes fueron fomentadas, en parte, por la administración. Decían que había que tener ojo con los vecinos porque podían servir como fortalezas para refugiar fascistas. Había verdadera obsesión con las ventanas entreabiertas y las mirillas de las puertas.

Los dos bandos decidieron, en principio, la idea de meterles en la cárcel, aunque no pocos alcaldes se apiadaron y les ofrecieron salvoconductos para viajar hasta zonas seguras. Aquí en Gran Canaria los meses anteriores al 18 de Julio, fueron muy decisivos. Los detenidos por ideologías de derechas, falangistas todos ellos, se sacaban de las casas por la noche, se les daba el “paseo” y fueron por lo general tirados a hornos de cal, después de desnudarles. Según me comentaron se hacía así, para evitar identificaciones posteriores.

Me cuestiono máximas, como la idea de que la democracia había cuajado en España. La democracia no se adquiere en 24 horas, supone un aprendizaje muy amplio. La aceptación del adversario es un elemento clave para saber si uno es democrático o no, lo mismo que la alternancia en el poder. En la España de los años treinta eso no estaba claro. Algunas minorías que venían de la España de la Restauración, la España oligárquica, se adaptaron a ello. Pero aquella sociedad todavía no estaba dentro del juego democrático porque procedía de un mundo caciquil. Eso no significa, sin embargo, que no tuvieran a su disposición el armazón institucional para ello.

El sistema destilaba odio en ambas bandos. La sublevación fue la que provocó las revueltas violentas en el seno de la Segunda República. Los estudiosos de la violencia política tienen claro que hubo una multicausalidad, pero hay que establecer una jerarquía en base a criterios racionales. La conclusión a la que llego es que hay unos factores mucho más importantes que otros. Para empezar, el golpe fue decisivo porque supuso un desafío a la legalidad y rompió el monopolio que tenía el estado sobre la violencia. Así, un golpe que se creía preventivo para contener una supuesta revolución comunista en ciernes (que se ha demostrado falsa), provocó la revolución por el desafío de poder que generó.

Unos grupos de milicianos custodiaban a los “detenidos-denunciados”, sentenciados de antemano por las envidias, los rencores y el odio, en la “CHEKA DE LAS ALCARAVANERAS”, durante los años 34, 35 y parte del 36. Los que entraban allí maniatados, ya estaban condenados a salir de noche hacia algún horno de cal.

Otro tanto sucede con la idea de las dos Españas. Insisto en que no existían. Había muchas más: la España revolucionaria, la España contrarrevolucionaria, la España de los moderados (liberales, socialistas y católicos, todos ellos en su versión moderada) y la España que no estaba ideologizada, pero se vio arrastrada por el resto. Esta última era la más extensa. La realidad es que la incultura de la mayor parte de la población, analfabeta en un 80%, a pesar del alto nivel de politización de la sociedad de los años 30, es que los protagonistas de estos combates fueron minorías que arrastraron a la mayor parte del país.

Una población, que ya venía quemada de una guerra en el protectorado de Marruecos, donde el que tenía dinero se salvaba de ir y los que no, iban directos a un matadero con la complacencia de los políticos del momento, que eran los mismos que animaban los años 30. De hecho, la violencia fue generada por una minoría muy ruidosa. Siempre eran militantes jóvenes y muy ideologizados.

La falsa imagen de los represaliados en la zona republicana. Personas que se ajustan a un arquetipo concreto. Al analizar las víctimas de la violencia te das cuenta de que todos los que habían tenido un protagonismo público previo, tanto político como administrativo (un juez, un secretario de ayuntamiento...) estaban en la cabeza de las listas. Ser un personaje público en la España de los años treinta, aunque fuera a escala local, suponía un riesgo impresionante.

La fijación de objetivos humanos respondía a criterios ideológicos y políticos. No es tanto la lucha de clases lo que determinaba estas matanzas, como la adscripción política. Las víctimas eran élites políticas que habían tenido protagonismo público en el período anterior. Hubo cierta lucha de clases, pero no se mataba a los ricos por ser ricos. Se mataba a los que habían tenido relevancia. Y al cambiar el sistema, llegaron las venganzas. ¿O esperaban que no se vengaran tantas sentencias sin juicio?.

Los familiares de los ejecutados, evitaban ir a reclamar o denunciar esas acciones, debido a que, se jugaban ser detenidos por los que recibían esas denuncias. La generalidad de derechas política, guardó silencio. Fue imposible denunciar los lugares donde tiraban los cuerpos de los asesinados, podían terminar ellos mismos en el fondo de un horno de cal. Se escondieron y esperaron a tener la sartén por el mango, para empezar con ese reguero de sangre. Me dijeron, en ambas partes, que la sangre se lava con sangre.

 

Ismael Báez es militar-R especialista en geoestrategia, defensa, seguridad, terrorismo etarra y yihadista e inteligencia política y militar. Colaborador y comentarista en diferentes medios escritos y digitales.

 

Comentarios

  • Mario Moreno
    28/05/2020 - 21:46

    Decía el gran Antonio Machado que "Si cada español hablase de lo que entiende, y de nada más, habría un gran silencio que podríamos aprovechar para el estudio".

    0
    0
  • José Rodríguez
    27/05/2020 - 09:31

    Sr. Baéz, aunque creo que no era su intención, me está dando la razón, siga así.

    0
    75
  • Ismael Báez
    25/05/2020 - 11:19

    Señor Rodriguez, no soy historiador, soy analista y como tal me expreso; rebatame lo que expongo y si no puede, no siga despejando balones con medias verdades y mentiras. ¿Fuentes y datos sin rigor?, refutemelos.¿La Sima?, yo aquí no la nombro. ¿Horno de cal?, sencillamente una incineradora natural. "Todos los que parecen ignorantes lo son y, la mitad de los que no lo parecen, tambien.(F. Quevedo)

    47
    0
  • José Rodríguez
    24/05/2020 - 17:28

    Está claro que el análisis histórico no forma parte de la formación del autor. Las fuentes y los datos carecen del más mínimo rigor. La descripción de la sima se contradice con la práctica de la espeleología. La referencia a los hornos de cal denota el desconocimiento del funcionamiento de los mismos.

    0
    0

Enviar Comentario

X