24/05/2020 - 10:44

Las cartas del destino

Santiago Gil

Santiago Gil

Puedes salir durante un rato, pero no escaparte para siempre. Podemos meternos debajo del caparazón y soñar con que luego, cuando salgamos, ya no esté el virus ni todo lo que está arrasando su presencia, todo ese páramo que se extiende cada vez más sombrío ante nuestros ojos atónitos.

 

Podemos encerrarnos en las cuevas, pero cuando salgamos no hallaremos un paisaje edénico y luminoso como cuando salían los neardentales después de una tormenta.  Nosotros tenemos que afrontar lo que el destino, porque esta vez tiene poco que ver con nuestras decisiones y nuestros actos, se ha empeñado que vivamos, todo este caos de la Covid-19 y todo este no saber hacia dónde se dirige el barco de nuestra propia existencia diaria.

 

Como la cuarentena y la incertidumbre han sido largas, hemos tenido tiempo de experimentar todos los estados de ánimo, desde el optimismo que anunciaba un mundo más justo y más solidario a la desazón de comprobar que los malos serán cada vez más malos, y que por mucho que llueva o se multipliquen los muertos habrá humanos que, lejos de cambiar, radicalizarán sus maldades, sus racismos y sus posiciones excluyentes. Pero no queda otra, como digo, que transitar este sendero como mejor podamos y tratando de mantener a salvo la esperanza todo el tiempo. De alguna manera creo en los equilibrios de la vida, de la naturaleza y de la propia suerte, y por tanto confío en ese nuevo giro inesperado del azar que nos permita descubrir una vacuna y una nueva forma de convivir espantando la pobreza que se vislumbra a la vuelta de la esquina.

 

Estos días, curiosamente, se han repetido reportajes, entrevistas y partidos de fútbol de hace muchos años, y entre esos reportajes he tenido la suerte de acercarme a tres genios de los que me gustaría saber cómo hubieran encarado estos tiempos del coronavirus: Rafael Azcona, Javier Krahe y Chicho Sánchez Ferlosio se han hermanado milagrosamente en estos días inciertos, y he buscado en los tres ese humor y ese necesario distanciamiento para que la vida siga siendo una infancia prolongada de divertimento. Ellos supieron transgredir, rebuscar y saltar las censuras en épocas sombrías, y se vieron en la cárcel -Chicho- o perseguidos, veinte años después -Krahe-, como un anticipo de estos tiempos, por las hordas reaccionarias que ahora salen de nuevo como salen todos los extremos cuando perdemos la mesura y la capacidad de aceptar lo que sucede y de no dinamitar lo que hemos tardado siglos en consensuar pacíficamente.

 

Somos nosotros los que estamos aquí viviendo este momento histórico. No voy a decir lo que dijo aquel hombre que llegó a la luna porque es cierto que estos pasos que damos no están haciendo avanzar a la humanidad hacia ningún destino halagüeño. Esa historia que dentro de mil años se estudiará como una anécdota de tres o cuatro líneas en los libros la tenemos que escribir nosotros de la mejor manera que podamos, como hicieron otros humanos antes para que llegáramos hasta aquí. Miremos hacia delante, pero no dejemos de repasar lo que sucedió en otras pandemias y en otras crisis pasadas.

 

Busquemos soluciones y confiemos en la suerte, y si no aparecen ni pócimas, ni vacunas, ni tampoco jaculatorias tranquilizadoras, volvamos a Azcona, a Krahe y a Chicho para rebuscar entre las ruinas lo que seguro que brilla y no somos capaces de ver entre tanto pandemónium y tanta desconfianza.

 

Santiago Gil es periodista y escritor.

 

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