14/04/2019 - 09:17

La conquista de la dignidad

Nieves Rodríguez

Nieves Rodríguez

Ahora que el estado del bienestar se ha revelado como un engaño, que cada vez son más los pobres trabajadores y los trabajadores pobres, que nuestros hijos -está demostrado- vivirán peor que los padres, y que las grandes fortunas siguen en ascenso vertiginoso, habrá al menos que aspirar a la conquista de la dignidad.

 

Nuestros padres, nuestros abuelos, aun en circunstancias sociales y políticas más adversas, sabrían distinguir de qué hablo cuando hablo de dignidad. Porque no era la condición social, ni el lugar de origen, ni las circunstancias vividas, lo que les otorgaba el estado de dignidad a su propia vida, sino vivir bajo unos principios éticos compartidos con la comunidad, como la honradez como máxima, o la palabra dada como promesa infalible, o el respeto a los ancianos y a uno mismo.

 

Ahora que todo esto se ha dinamitado, que los puentes al pasado se han roto, que sólo levantamos la ceja cuando vemos en televisión pasar la vida como un espectáculo de ficción que olvidamos pronto. Así, todo pasa como una invención, como un cuento que leímos hace tiempo y nos resuena dentro unos breves instantes.

 

La realidad se ha convertido en una imagen televisada, en una telerrealidad cada vez más acelerada y disparatada, donde nos sumergimos para ver cómo pasa la vida en series.

 

Mientras, los personajes fuera del foco, los que no son noticia sino unos instantes alumbrados por la luz de alguna desgracia o incidente; cuando unos jóvenes prenden fuego a un indigente que duerme en la calle; o cuando un hombre debe ayudar a morir a su mujer para liberarla de años de sufrimiento; o unos ancianos son maltratados en una residencia por sus cuidadores. Entonces, sólo entonces, son noticiables por unos instantes.

 

Sólo unos volátiles minutos antes de ser olvidados de nuevo por otros acontecimientos más inmediatos y noticiables como la última promesa que ya nadie cree, la llegada a las islas de los políticos huecos, los resultados futbolísticos o la Semana Santa.

 

Tiempos líquidos, como decía el filósofo Bauman, pero también tiempos difíciles para la dignidad que nos toca defender ante los ataques de los neandertales. Habrá que seguir recordándoles nuestro derecho a amar a quien nos apetezca, sin distinción de sexos, con el respeto inherente a ello; el derecho de las mujeres a decidir sobre su cuerpo, o la libertad para vivir y morir dignamente.

 

Nieves Rodríguez Rivera es profesora de Lengua y Literatura.

 

Comentarios

  • libertad
    16/04/2019 - 17:23

    y la libertad de pensar diferente, sin que por ello se atente contra tu dignidad.

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