23/03/2019 - 21:49

Siempre decide Madrid

Nicolás Guerra

Nicolás Guerra

El Congreso de los Diputados es la gran escuela de la Política española. Así lo vio nuestro paisano Benito Pérez Galdós: “Voy comprendiendo que es en absoluto imposible conocer la vida nacional sin haber pasado por aquella casa. ¡Lo que allí se aprende! ¡Lo que allí se ve!”.

 

Y como por suerte hay muchos españoles empeñados en aprender para un mejor servicio a la Patria, los partidos políticos presentan sus listas de candidatos tras naifazos, emputamientos, traiciones y decepciones. Pero a veces (digo “a veces”) no se elige a los más idóneos o votados por los militantes... sino a los afines al Supremo, al Líder Máximo.

 

Por ejemplo: a la señora Clemente (expresidenta del Parlamento castellanoleonés y exmilitante pepera) la impusieron desde las más elevadas alturas de Ciudadanos… y cayó, pues el paripé de victoria democrática fue un tramposo chanchullo montado por la jefatura, lo cual produjo el básico principio físico de acción / reacción. Por tanto, el auténtico candidato vencedor en las primarias tuvo que ser reconocido como tal cuando demostró los atropellos rigurosamente dictatoriales emanados de la Superioridad. (Lo dice el refranero: “Donde hubo, siempre queda”). Pero nadie dimite por elemental pudor ético.

 

Otrosí: la Autoridad de Podemos ordena y manda que ningún componente del grupo crítico riojano (opuesto a la dirección nacional) forme parte de las listas de candidatos, democrática forma de finalizar las discusiones ideológicas porque la verdad es una e indiscutible y, obviamente, está en manos de quienes dirigen. A la par, Madrid propone a la señora Rosell que encabece la lista al Congreso por Las Palmas.

 

El PSOE nacional, igualmente, buscó hueco para varios ministros. Y aunque las primarias definen la vocación democrática del partido, el señor Sánchez impone a sus recomendados en las listas por Andalucía y Aragón. A fin de cuentas la última palabra no la tienen los socialistas andaluces y aragoneses sino la Comisión Federal de Listas y el Comité Federal, órganos que -oh, casualidad- controla el presidente. Tales decretos, por ejemplo, desplazan al andaluz señor Pradas -urdió astutamente la caída y retirada del señor Sánchez en 2016- al sexto puesto, casi casi en la línea de la defenestración definitiva.

 

Y eso que el presidente no es vengativo. Si lo fuera… habría prescindido del crítico señor Carmona, candidato psocialista a la alcaldía de Madrid en 2015: fue el dirigente político madrileño mejor valorado (encuesta de La Sexta) y el más votado por los militantes para encabezar la lista al Senado, marzo de este año. (Pero no encuentra su nombre entre los bendecidos por el PSOE… ni tan siquiera como concejal al Ayuntamiento de Monasterio de Vega, municipio vallisoletano de noventa y cuatro habitantes).

 

También el Partido Popular actúa con rigurosa autoridad en la selección de los candidatos, por muy adalid que haya sido de las primarias y alardee de tal: una cosa es defender la libertad de expresión y otra bien distinta premiar a quienes apoyaron a la señora Sáenz de Santamaría cuando pugnaba, frente al señor Casado (vencedor), por la jefatura nacional del PP.

 

Así, el número uno al Congreso por Las Palmas será el señor Mariscal Anaya (“reside en la Península”, escribe ABC), pues Madrid lo exige (fue el tercero en la anterior legislatura). Y Madrid también impone que la señora Hernández Bento ocupe el segundo puesto (había sido la primera), lo cual echa por tierra la movida propiciada por el presidente regional del PP canario: pretendía que un destacado teldense sorayistarajoyano (señor Ramos) fuera el número dos. Por tal razón el mismo diario conservador adelantó el pasado día 21 que la exdelegada del Gobierno podría ser ubicada en cuarto lugar, lejos ya de toda expectativa.

 

Por tanto, Madrid decide absolutamente sobre las propuestas hechas desde Canarias. O lo que es lo mismo: no hace caso a las bases ni a sus dirigentes, pues tanto el señor Antona -presidente regional- como la señora Navarro, secretaria, defendieron la candidatura de la expresidenta del Gobierno. Para el primero “Representa[-ba] lo mejor del PP y lo mejor del Gobierno de España” (rtvc, EFE, julio 2018). La segunda figuraba - número 21- como miembro del hipotético comité ejecutivo de la candidata (economíaDigital, julio 2018).

reacción fue inmediata. Casi como algo revolucionario, “Militantes conservadores expresan su malestar por la apuesta de Casado por Guillermo Mariscal y Ramos” como números uno y dos en la lista del Partido Popular (Canarias7 del pasado miércoles).

 

Denunciaron que ambos andan geográficamente muy alejados de la realidad canaria “pues el primero vive en Girona y el segundo en Torrelodones. Pasan mucho tiempo sin venir a la isla. Es una decisión que no tiene en cuenta el sentir de los militantes canarios del PP”. Y así fue, tal parece: el PP nacional confirma (viernes) a Mariscal como número uno y coloca a Ramos en el mismo puesto... para el Senado, institución absolutamente inútil.

 

Pero acaso olvidan los críticos que el PP casadiano es un partido de tradiciones. Y cuanto más representativas de ideologías decimonónicas e imperiales, mejor. Designaciones como las de los señores Mariscal y Ramos fueron prácticas habituales en el siglo XIX español: el mismo Pérez Galdós ejerció como diputado a Cortes por Puerto Rico -1886- sin haber pisado jamás aquella tierra americana. (Tampoco era necesario, bien es cierto. El tradicional caciquismo cumplió la voluntad del señor Sagasta en cuyo Partido Liberal Dinástico militaba Galdós antes de su aproximación al PSOE -1910-: “Voy a irme con Pablo Iglesias. Él y su partido son lo único serio, disciplinado, admirable, que hay en la España política”.)

 

La ubicación de los señores Mariscal y Ramos, pues, tampoco responde a la voluntad de muchos afiliados peperos. Muy al contrario: como denuncian estos, refleja la decisión tomada por el Alto Mando. Y como el primero es portavoz (suplente), con el acento de la señora Oramas y del señor Quevedo (lo son de CoATIción Canaria y Nueva Canarias, respectivamente) ya hay en las sesiones plenarias del Congreso tratamiento y discusión de temas canarios.

 

 

Nicolás Guerra Aguiar es catedrático y escritor.

 

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