03/02/2019 - 10:05

Política, sentimientos, intereses

Sergio Domínguez-Jaén

Sergio Domínguez-Jaén

La política juega siempre con las emociones, sentimientos o intereses de los ciudadanos; así es desde la antigüedad, con un ejemplo claro entre economía, sociedad civil, militar y legislativo. Que los partidos políticos apelen a una u otra esencia humana es legítimo y beneficioso, si después se cumple con lo pactado.

 

La exageración de manipular los intereses y sentimientos para convertirlos en mero pan y circo viene representado en Europa por una movilización del fascio a gran escala que interesa a varios países y que cada día coge más fuerza: este es un punto de reflexión para la política y los que a ello se dedican.

 

Parece que le han visto las orejas al lobo con Vox, partido que alimentado con el mismo capital iraní -por el que pedían la cabeza de algunos líderes de la izquierda-, -ahora si es para la derecha más xenófoba y populista, está bien que sea de Irán.- pero para los otros partidos no es de recibo, es la gran mentira de este juego cruel: el gobierno revolucionario teológico político de Irán envía dinero a la izquierda; y el exilio derechista, golpista y también populista mantiene a la derecha de la derecha y es como si oyeran llover.

 

Que la derecha de los señoritos vuelve a las andadas en Andalucía es cierto, pero también que durante casi cuarenta años el PSOE había construido a su manera a sus propios señoritos.

 

Estamos a orillas de un río revuelto más grande y profundo que el Rhin, yo diría que en agua turbia y hay tanto pescador que ya no queda pescado: han conseguido –algunos sin ayuda externa- romper pactos y partidos que parecían pegados con hormigón armado, en Madrid, en Andalucía, en Galicia, en Canarias y esta atomización no siempre significa un grado más alto de formación política o de pensamiento critico; antes, al contrario, es el sublime canto de sirenas el que ahora sigue el ciudadano harto ya de broncas y desapegos; de jugadas tramposas y de malabarismo.

 

Han sumido a la sanidad pública en un estado catatónico que no se sostiene con ningún discurso, por muy decoroso que sea. La sanidad pública, buque insignia del Estado y de la voluntad popular, con excelentes profesionales y magnificas instalaciones, está cayendo en manos privadas por la incapacidad política de administrar un bien tan preciado y que no tiene precio.

 

Las empresas médicas que poseen clínicas y hospitales se frotan las manos al asistir al aumento cada vez mayor de derivaciones desde la pública, en casos tan alarmantes como es el de algún consejero del Gobierno canario -de antes y de ahora- que tiene intereses en la sanidad privada, mientras gestiona lo público: esto solo se lo traga un pueblo ahíto o sumiso. ¿Son lobos entre corderos? ¿Es el Hobbes contra Rousseau?

 

En esta tierra de ultraperiferia tenemos la maldición de vivir de subvenciones desde carreteras, diques, música, teatro, literatura, cine o lo que sea y así se crean los antiguos apaniguados, a los que lo único que interesa es el dinero; el dinero y la política, pues por lo visto hasta ahora todo apunta en esa dirección.

 

Cuando algún partido de esta derecha tradicionalista toque poder y nos manden otra vez al ostracismo cultural y político, no valen las disculpas ni los requiebros, ni las revisiones; estas reflexiones hay que hacerlas ahora y empeñarse en políticas por el equilibrio social, por el equilibrio entre nacionalidades, por inversiones en lo que de verdad necesita el ciudadano de a pie y que son elementos tan básicos –educación que de ahí viene la formación para pensar autónomamente; la sanidad para cubrir las depauperadas cifras de espera y atención a dependientes; vivienda y servicios sociales… y que no se los quiten de encima las administraciones para repartir lo que sustraen entre oenegés –haciendo omisión de su obligaciones- y privatizando todo lo posible.

 

simplemente insoportable que sigan jugando con nuestra voluntad, nuestro voto y que la justicia esté en la crisis más profunda desde la transición. Cuando una sociedad no confía en la justicia, y cree que se está manipulando la democracia, desvirtuando el compromiso político y enriqueciendo a los poderosos, aparecen bubones que se pueden extender y contaminarlo todo: tanto como la propia coherencia.

 

Sergio Domínguez-Jaén es poeta y escritor.

 

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