03/02/2019 - 09:55

Celestiales visiones sobre las dictaduras

Nicolás Guerra

Nicolás Guerra

Dictadura del proletariado o dictadura burguesa, da igual. Ninguna de las dos puede ser justificada pues ambas significan la pérdida de básicos principios inherentes a la condición humana: libertad, ejercicio de la palabra para expresar ideas, poder absolutamente en manos de la ciudadanía a través de justas leyes…

 

Así, como simple referencia histórica solo enmarcable en un tiempo muy pasado y absolutamente ajeno a la sociedad actual, traigo a colación uno de los pensamientos más impactantes durante los siglos XIX y XX como natural reacción fundamentalmente obrera: la dictadura del proletariado, cuya primera fase triunfó en 1917 (Revolución de Octubre, Rusia)… pero no condujo al socialismo a causa, precisamente, de la imperfección humana.

 

Este instrumento de la revolución proletaria surgió por oposición a la dictadura de la burguesía (incluye a la nobleza), esclavista e inhumana. En Fundamentos del leninismo (Madrid, 1975) su autor defiende que la revolución proletaria solo se hace realidad a través de aquella. No es necesaria para vencer a la burguesía, pero sí se vuelve “el puntal básico” para el triunfo final. En palabras de Lenin, “La dictadura del proletariado es una lucha tenaz, cruenta e incruenta, violenta y pacífica, militar y económica, pedagógica y administrativa, contra las fuerzas y las tradiciones de la vieja sociedad”.

 

Por tanto, estimado lector, la palabra dictadura va enlazada con dos estamentos sociales muy importantes a lo largo de los inmediatos siglos pasados: proletariado y burguesía. La dictadura del proletariado solo se consigue -según sus teóricos- echando abajo la segunda, la correspondiente a la burguesía.

 

Pero ya se trate de la definición académica (‘Régimen político que, por la fuerza o violencia, concentra todo el poder […] y reprime los derechos humanos y las libertades individuales’) o la de ‘Gobierno que prescinde del ordenamiento jurídico y de la legislación vigente para ejercer […] la autoridad’, los dos tipos de dictadura coinciden en el poder omnímodo del dictador (o grupo), ausencia de libertades y represión. Por tanto, proceda de donde proceda, la dictadura extirpa justicias, libertades, seguridad y pluralismo político.

 

Viene a cuento lo anterior tras públicas intervenciones de los señores Guerra (vicepresidente del Gobierno socialista, 1982 – 1991), González (presidente también socialista entre 1982 y 1996) y Rivera (presidente de Ciudadanos, partido que cogobierna con el PP en Andalucía bajo el control ideológico de Vox). Los tres opinaron sobre la situación política en Venezuela y llegaron a coincidentes conclusiones.

 

Para el señor Guerra “Algunas dictaduras son eficaces en el terreno económico, otras no” (genial viñeta de Morgan, Canarias7 del jueves). Así, por ejemplo, durante la sangrienta etapa de Pinochet (Chile, 1973 – 1990) “la economía no se cayó”. Pero en la de Nicolás Maduro (Venezuela) el país “atraviesa una situación de ruina”. Añade: “Es poco aconsejable ir del brazo de un tipo como Trump, pero lo importante es que el pueblo venezolano sea liberado".

 

El señor González declara: "Nicolás Maduro es peor que un dictador, es un tirano arbitrario". Defiende, además, la autoproclamación de Guiadó en Venezuela “blanqueando así el golpe de Estado” (público.es).

 

La coincidencia del señor Rivera con los anteriores es absoluta: “El país sudamericano [suramericano] también es peor que una dictadura”. Sin embargo, hay afirmaciones que, como poco, parecen imprudentes: “Las dictaduras no tienen libertad, pero tienen cierta paz y orden porque todo el mundo sabe lo que hay".

 

Por tanto, “cierta paz y orden” se logran con dictaduras, alabado sea Dios. Pero oculta el señor Rivera que centenares de miles de españoles no se conformaron con “cierta paz y orden”: no les importaron expedientes, cárceles, torturas o muertes violentas mientras levantaban sus palabras contra la opresión.

 

Así, la cuestión planteada es la siguiente: ¿todas las dictaduras son malas o, acaso, pueden atenuar sus terribles perversidades cuando potencian las economías? La del señor Maduro, pues, sería maligna por sus negativas consecuencias económicas sobre el país. Pero la del general Pinochet “tuvo eficacia en el terreno económico”. Si tal estimación la aplicamos a España, ¿su desarrollo económico durante la dictadurísima franquista atenúa las barbaries de la misma, señor Guerra?

 

Para el señor Guerra el presidente norteamericano es compañía poco recomendable pero… el pueblo venezolano “debe ser liberado” (¿como el iraquí y sus pozos de petróleo?). Sabido es que EE UU avisó a España de “inmediatos acontecimientos” en Venezuela.

 

Justifica, así, la intromisión del señor Trump (todos olvidan a Marruecos, Nicaragua, Turquía, Egipto… y olvidan también a Naciones Unidas, único organismo internacional competente -las más de las veces con flemática flexibilidad- para sancionar y boicotear a gobiernos dictatoriales o, ante situaciones extremas, intervenir militarmente para salvar a la población). Por tanto, si la dictadura del señor Maduro hubiera significado el fortalecimiento económico… sería dictablanda. ¡Qué cosas!

 

Las ideas de los señores Guerra y González –con todos mis respetos- me resultan impropias de quienes fueron legítimo Gobierno socialista durante años y, sobre todo, esperanzas de diez millones de votantes (1982), es decir, el 48% de las papeletas y casi el doble que Alianza Popular (génesis del PP). Mayoría absoluta ratificada cuatro años después (44%) y en 1989 (40%). Pero la crisis comienza: necesitará al PNV y a los catalanes del señor Pujol para la cuarta legislatura. El vertiginoso descenso del PSOE catapulta al señor Aznar (la continuidad en el poder durante catorce años había conducido a arbitrariedades, corruptelas y radical alejamiento de la esencia socialista).

 

Lo del señor Rivera es algo así como coherente: “Las dictaduras tienen cierta paz y orden”, pregona cara al sol. Por tal razón justificaría la celebración franquista de los “XXV Años de Paz”, allá en mi primera juventud. Pero, ¿cuántos centenares de miles de españoles no pudieron conmemorar el glorioso cuarto de siglo desde destierros, cárceles, prisiones militares, cementerios, cunetas, paredones… por rebelarse contra la dictadura? ¿Orden, dice? Sí, claro: se imponía con muertos a causa de balas disparadas al aire, Billys – Niño, caídas accidentales, Carabancheles, Tribunales de Orden Público, cierres de periódicos y revistas…

 

No, en absoluto: ninguna dictadura tiene eximentes. Ni tan siquiera atenuantes. Ni de coña.

 

Nicolás Guerra Aguiar es catedrático y escritor.

 

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