15/09/2018 - 23:03

La antimoral de los difamadores

María Mir-Rocafort

María Mir-Rocafort

Empiezo con una anécdota personal que me parece pertinente. En 2009 se publicó mi biografía del profesor Fassman: “Fassman, la biografía. El poder de la voluntad”. Tardé tres años en escribirla por exigirme el máximo rigor en datos y opiniones. Conté con una persona que me ayudó a recopilar información, principalmente en Internet.

 

Tras el ruido de las presentaciones y algunos actos de promoción, apareció en el pueblo de mi padre un rumor con la evidente intención de eliminarme del escenario. Se hizo correr la voz de que la biografía la había escrito la documentalista y de que yo solo había puesto el nombre.  El rumor llegó a algunos amigos y, finalmente, a mi hijo. Mi hijo estalló. Una y otra vez me pidió que lo desmintiera personalmente ante quienes repetían el rumor. Me negué, me negué siempre en redondo  a rebajarme y rebajar a mi padre a la sordidez   de dimes y diretes.

 

Convencida de que la realidad se acaba imponiendo por más que quieran negarla, empecé a publicar artículos en un blog de opinión política y en otro de temas generales. En ocasión de las elecciones municipales, abrí una página más en Facebook para comentar sobre la política de mi pueblo. Empecé a recopilar mis poemas en otro blog. El diario digitalPublicoscopia  me pidió que colaborara con artículos. Acepté, enviándoles un artículo semanal durante tres años y acepté que algunos de esos artículos se publicaran en el Socialista Digital.  Hace unos meses que estoy publicando por entregas la novela Los Mariot en ISSUU.

 

Hoy, ya no puede quedar duda a nadie que sepa leer de quién escribió Fassman, la biografía. El poder de la voluntad. La documentalista que se atribuyó o a la que le atribuyeron la autoría no ha escrito nada porque no sabe. Sus habilidades son otras, pero no la de escribir. ¿Qué hubiera conseguido yo yendo por casas y tiendas del pueblo jurando que la biografía la había escrito yo? Sembrar más la duda y hacer que echara raíces más fuertes. Era la palabra de unos contra la mía. En vez de dar carnaza a los que se alimentan de chismorreo, defendí mi trabajo con más trabajo. Quien mintió o difamó hizo el ridículo sin que yo tuviera que revolcarme en el fangal.

 

Pedro Sánchez Pérez-Castejón, defenestrado por quienes querían convertirlo en un cadáver político por oponerse a que su partido permitiera el gobierno del PP, se puso a recorrer España en su coche para explicar a quien quisiera escucharle las claves fundamentales de su  programa. Quienes le escucharon le votaron, y con su voto le devolvieron la secretaría general del PSOE.

 

Desde allí, aunque ni siquiera podía lucir su oratoria en el Parlamento, Sánchez accedió a la presidencia del gobierno cuando la corrupción del PP y el presunto perjurio de Mariano Rajoy parecieron intolerables a todos los diputados excepto a los de Ciudadanos.

Ver a Pedro Sánchez de repente en La Moncloa hizo perder el juicio a la derecha  y el norte a la prensa. ¿Ahora qué hacemos?, se preguntaron los unos. ¿Ahora qué decimos?, se preguntaron los otros.  Mientras Sánchez defendía la política socialdemócrata desde el PSOE, unos y otros elaboraban sus discursos siguiendo un protocolo clarísimo. El objetivo  era eliminar a Pedro Sánchez de la política española para que el PSOE desapareciera con él. Luego la consigna era atacar a Pedro Sánchez por todos los flancos destacando, sobre todo, su desconcierto y la escasez de sus apariciones públicas.

 

¿Qué Mariano Rajoy y su PP descendían en cada encuesta como en rápel? Los poderes en la sombra de la derecha decidieron presentar a Albert Rivera como joven salvador de los valores patrios y de los intereses empresariales. Bastó que el poder económico le señalara como heredero al trono de La Moncloa para que la prensa colaborara en su entronización -sin anunciantes no hay prensa-. Una encuesta bien cocinada le encumbró, la prensa se puso a repetir su nombre con insistencia hipnótica y los ojos de la mayoría, teledirigida por los medios, empezaron a mirar a la nueva promesa; algunos con curiosidad, y los convencidos de derechas, con admiración.

 

Pero el que dio el empujón final a Mariano Rajoy y llegó a la cima cuando nadie lo imaginaba fue Pedro Sánchez. Tras un breve desconcierto, volaron nuevos argumentarios hacia los despachos pertinentes con la consigna de repetir hasta la náusea dos ideas fuerza: Sánchez no podrá gobernar con 84 diputados y tiene que convocar elecciones anticipadas. (Un día tuve la tentación de contar las veces que salía el 84 en las tertulias que escucho y los diarios que leo, pero los números no son lo mío y con las cifras altas me pierdo).  Pero la presión no consiguió que a Sánchez se le debilitara la voluntad de gobernar.

 

Y entonces ganó Pablo Casado la presidencia del PP. Joven, apuesto, con un currículum adecuadamente diseñado, se presentó y le presentó la prensa como salvador de los valores patrios y de los intereses empresariales. Entre Casado y Rivera se desató de inmediato una lucha cuerpo a cuerpo. Ambos defendían lo mismo y se presentaban con gran aparato fotográfico en los mismos sitios, pero Casado partía con ventaja. El PP es un partido consolidado en todo el territorio nacional. Rivera  y Ciudadanos son recién llegados.

 

Rivera se desesperó. Intentó atacar a Casado, pero le recomendaron prudencia. La derecha no debía mostrar la división que afectaba a la izquierda. El enemigo a derrotar era Pedro Sánchez y a eso se puso el desheredado soltando disparates sin tregua, desde la moción de censura  hasta el día de hoy.

 

Hoy y a esta hora, ni Casado ni Rivera ni la prensa saben qué hacer. Casado quiso desviar la atención de su presunto fraude para obtener un máster, lanzando sospechas  sobre la tesis doctoral de Pedro Sánchez. Rivera le siguió; también tenía un currículum engañosamente inflado que ocultar. ¿O fue primero Rivera  el que se puso a lanzar mierda? Ha sido tan escandaloso  y embrolladamente esperpéntico el asunto que ya no se sabe quién lo empezó, y tampoco importa. La prensa, que instaba a Casado a hacer público su dichoso trabajo de fin de máster, instó también a Sánchez a que publicara su tesis. La insistencia en ambos casos destacaba la equidistancia de presentadores, comentaristas y tertulianos, comunicando a oyentes y espectadores la idea de que se trataba de dos casos ética y jurídicamente iguales.

 

Pero, ay, que Pedro Sánchez publica su tesis y Casado se niega a publicar su trabajo.   Rivera ve el cielo abierto. Casado no tiene máster. Sánchez plagió su tesis.

 

Antes de publicar su tesis, Sánchez la somete a dos prestigiosos  programas de detección de plagio.  No hay plagio. ¿Qué hacemos? La prensa lo tiene fácil. La información que dan los medios sobre el resultado de los programas de detección empieza o termina siempre diciendo: “según La Moncloa” o “dice La Moncloa que”.   

 

Hay que mantener la duda como sea demostrando lo rigurosos que son los periodistas de este país. ¿Y los que hicieron correr el bulo de que no había tesis? Algún garbanzo negro habrá. Hay de todo en la viña del Señor. “Pues si no hay plagio, hubo negro”, grita Rivera en el paroxismo de la desesperación. “Que Sánchez comparezca en el Congreso”, insiste. ¿Pero a qué va a comparecer, alma de Dios?

 

No ves que la tesis ya está on line? “Tiene muchas cosas que explicar”, machaca. “No hay nada claro”. No hay nada claro en la negra oscuridad de la mente de un hombre que se vio tocando el cielo y en una fracción de segundo se encontró condenado, como Moisés, a ver la Tierra Prometida de lejos sabiendo que nunca llegará a pisarla. A Rivera ya solo le queda poner su desventura en evidencia gritando disparates ante los micrófonos.

 

Hasta aquí el follón. Ya pueden gritar y patalear Casado y Rivera. Es posible que la prensa exprima el limón hasta que no quede ni una gota, o sea, hasta que perciban que el personal esta aburrido y harto del asunto. ¿Y después, qué?

 

Pedro Sánchez Pérez-Castejón y su gobierno seguirán gobernando, intentando reconstruir lo que destruyó el desgobierno del partido corrupto y su presidente. Es de esperar que la derecha siga embarrando con mentiras, con bulos, con lo que sea, con tal de que Sánchez tenga que adelantar elecciones y el adelanto les sirva para que, con la ayuda de la prensa,  puedan vender al personal la debilidad y el desconcierto del presidente socialista. Pero eso no es lo más grave.

 

La derecha con sus mentiras y la prensa con su falsa equidistancia están profundizando la brecha entre los políticos y la ciudadanía. Quieren convencernos de que todos los políticos son iguales y de que los ciudadanos no podemos hacer nada para regenerar la política del país. Quieren hundirnos en la resignación para que votemos por el partido que nos garantice seguridad y estabilidad, dejando al margen valores como la igualdad y la solidaridad. Ese convencimiento y esa resignación es lo que ha abierto las puertas a las dictaduras porque lo que se está cuestionando es la democracia.

 

Puede que Casado y Rivera sean solo dos jóvenes impacientes y mal formados, pero sus actos y sus palabras contra el presidente del gobierno, llegando hasta a la difamación, denotan una antimoral que amenaza con erradicar de nuestra sociedad los valores morales. ¿Parece una exageración? No debemos olvidar que el gobierno del PP eliminó de los colegios la Educación para la Ciudadanía y los Derechos Humanos aprobada por el Parlamento durante la presidencia de Zapatero.

 

María Mir-Rocafort es analista sociopolítica y articulista.

 

Comentarios

  • Catedrático
    17/09/2018 - 14:25

    Está usted desfasado. En los paraísos comunistas los títulos ya solo los regalamos a los hijos de los miembros del Politburo. A los demás se los vendemos a precio de oro.

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  • Francisco Jones
    16/09/2018 - 20:32

    Cuando quiera una segunda o tercera carrera iré a algún paraíso comunista ,para que me lo regalen y luego lo convaliden aquí. Faros de luz son los que nos marcan las políticas económicas de la izquierda,paro ,subvenciones y hambre,eso sí ,chaletacos con piscina para los jefes.Si de paso tengo avión y helicóptero mejor.Y el pueblo cada vez mas pobre ,ya vendrán otros con los recortes.

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  • Catedrático
    16/09/2018 - 12:41

    Anda!, Paco Jones es uno de los 2,375,412 expertos en tesis doctorales que han aparecido en Ejpaña esta semana.Ni las setas oiga. Y además ha tenido la deferencia de leerse la de Pedro Sánchez para hacernos un comentario autorizado y solvente. No sé qué haríamos sin estos faros de luz y conocimiento

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  • Francisco Jones
    15/09/2018 - 23:28

    Mientras los ataques sean al PP y Cs ,por los masters está bien ,pero cuando es por plagio y engaño del mismo presidente esta mal ,y es acoso ,mientras difamemos a los contrarios vale, pero si nos atacan a nosotros,que pidan perdón.Estoy cansado de la doble vara de medir de la izquierda y de su superioridad moral ,pero cuando los cazan por mentirosos,se inventan una mentira mas grande.Si tiene un poco de decencia,debería de dimitir este presidente ,no electo.

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