29/01/2012 - 07:33

Quiosco de la Música en San Telmo

Jose Francisco Fernández Belda

Jose Francisco Fernández Belda
Desde que se remodeló el histórico Quiosco de la Música situado en el Parque de San Telmo de Las Palmas de Gran Canaria, ha sido objeto de comentarios, frecuentemente desfavorables, por parte de los que conocimos lo que era y lo que representaba para la vida cotidiana antes de que lo reconstruyeran.
 
Con su actual estructura ya no puede cumplir una de las funciones sociales fundamentales que por entonces cubría. Era un lugar de encuentro de los mayores para jugar al dominó o hacer “footing mental” ejercitándose con el ajedrez entre sorbo y sorbo del “buchito” de café o de un más sustancioso “guanijay” para sentar las madres, afirmaban con mucha seriedad los jugadores a modo de disculpa, mientras los curiosos “golisneaban y novelereaban” a su alrededor, mirando por encima de sus hombros.
 
Incluso recordamos aquel sentimiento inicial de estupor, la sentida indignación ciudadana después, cuando se quiso sustituir ese Quiosco por un mamotreto de hormigón modernísimo, probablemente una construcción singular y curiosa de las que se publican en las revistas de la especialidad, pero que al sentir popular no le parecía que fuera justo junto a la Ermita del Parque de San Telmo el lugar idóneo para su emplazamiento, colisionando frontalmente con la memoria colectiva aún viva y cercana de entonces. De aquella interesante función social hoy ya no queda casi nada, sólo jóvenes sentados el la plataforma superior, “botados” dirán algunos, y de San Juan a Corpus algún concierto de la Banda Municipal, la de música aclaro.
 
Aunque estamos en tiempos de crisis y no parece que el Ayuntamiento esté para muchos gastos, tal vez se podría reconvertir de nuevo ese lugar en algo de lo que antiguamente fue y que en parte está cubriendo el otro café quiosco modernista. Lo que se sugiere aquí es volver a reconstruir la parte inferior en un local apto para actividades lúdicas y comerciales, respetando, por supuesto, la estructura superior y la función primordial de dar conciertos.
 
En concreto podría habilitarse el espacio así recuperado con dos actividades. Una podría volver a ser un bar cafetería para prestar servicio a las mesas montadas en el exterior, como era antaño. La otra actividad podría ser la venta de artesanía canaria, trasladando la tienda que la FEDAC tiene a trasmano en la calle Domingo J. Navarro. No cabe la menor duda que, siendo una zona de paso casi obligada para los turistas que van hacia Vegueta desde la estación de guaguas, las posibilidades de incrementar su cifra de negocio resultaría muy probablemente sustancialmente incrementada. En este caso, entre el canon que pagara el concesionario de los servicios de bar y la parte que aportaría el Cabildo de Gran Canaria, patrono de la FEDAC en concepto de alquiler, podría amortizarse el coste de la obra.
 
A mi modesto entender, esa remodelación serviría para añadir un doble atractivo a la entrada de Triana, una zona nueva de ocio y la promoción y venta de recuerdos de Canarias basados en la creatividad y en la artesanía, dos valores turísticos que engloban los souvenir que compran los visitantes a los que muchos se empeñan en querer venderles lo que no quieren comprar. Pero esa es otra cuestión, ahora toca sugerir esta remodelación a las autoridades a las que correspondan, que con tantas competencias dispersas, ni se sabe quienes son hasta que alguien comienza el peregrinar de ventanillas mientras le dicen, unos sonrientes otros como si les debiera usted dinero, que quien lo ha de atender estará desayunando y le sugieren el vuelva usted mañana que del que ya se quejaba Mariano José de Larra.
 
José Francisco Fernández Belda es ingeniero industrial y graduado social.
 
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