28/03/2009 - 08:46

Ni olvido ni perdono (pero me guardo la malilla)

Domingo Ramírez Galindo

Domingo Ramírez Galindo

Me acaban de notificar mis abogados que el auto de sobreseimiento dictado en el caso Faycán, respecto a mi a dos de mis compañeros concejales, adquirió firmeza, al no se recurrido por el Fiscal. He leído y releído la providencia para asegurarme de ello, porque, como decía mi padre, los pleitos de justicia, mi hijo, ni se sabe cómo empiezan ni mucho menos cómo y cuando terminan.

Y tenía razón el viejo, porque éste es el momento en que ni sé por qué fui arrastrado por este torbellino que ha enturbiado casi 3 años de mi vida, en una etapa vital en la que cada año cuenta por tres o cuatro, ni por qué ahora me arroja fuera de su acción destructora.

Yo era antes de que toda esta pesadilla empezase el mismo que soy ahora. Ni más ni menos honrado. Ni más listo ni más tonto. Bueno, esto último no es del todo cierto. La verdad es que algunas cosas sí he aprendido. Sobre todo, he aprendido a callar lo poco que uno sabe. Dicen que un hombre vale más por lo que calla que por lo que dice. Que es dueño de sus silencios y esclavo de sus palabras. Pues, de aquí en adelante, me aplico el cuento.

Pero, volviendo a lo que decía, ni ahora soy más honrado por el hecho de que se haya sobreseído la causa contra mí, “por no haberse encontrado indicios de delito” en mi actuación al frente de la Concejalía de Servicios Municipales, Playas, Parques y Jardines y Participación Ciudadana del Ayuntamiento de Telde, como dice el auto en cuestión, ni cuando se me detuvo e imputó lo era menos.

Con la diferencia de que ahora, tras la investigación exhaustiva a la que mis actos, mi patrimonio y el de mi familia han sido sometidos, tengo “papeles” de honrado. Vamos, que el auto de sobreseimiento, de alguna forma viene a refrendar públicamente que soy persona decente, que, hasta hoy por lo menos, soy de fiar. En definitiva, que tengo certificado de buena conducta, como se decía en otros tiempos, por fortuna, hoy olvidados. La verdad es que a mi, a los míos y a quienes me conocen y aprecian (cuyo apoyo en todo este vía crucis jamás agradeceré lo suficiente) no nos hacía falta este certificado, obtenido tras un severo escrutinio, para saber quien soy o mejor, como era y soy. Pero, puesto que no pude evitar lo que me echaron arriba, prefiero verlo por el lado positivo. Yo he salido limpio de las imputaciones que se me hicieron, dentro y fuera del Juzgado. Quien desde ahora pusiera en cuestión mi honorabilidad, en relación con mi trayectoria política en el Ayuntamiento de Telde, no solo me estaría ofendiendo injusta y gratuitamente. Estaría contradiciendo el auto del Juez Instructor. Y eso, evidentemente, tendría consecuencias.

Mirando hacia atrás, no puedo reprimir una reflexión aviesa: ¿Cuántos de los que me condenaron antes de que la justicia se pronunciara, (quizá con el propósito de condicionarla con sus juicios paralelos), cuántos de los que me dieron palos, para atrás y para adelante, cuando no podía defenderme, periodistas y políticos incluidos, podrían pasar sin mácula la prueba del algodón que yo he pasado?. ¿Cuántos de los que, sin título para ello, se autoproclamaron referentes éticos para enfangar mi nombre, habrían pasado sin reproche el mismo escrutinio?. Me viene a la mente uno de ellos, muy “curto” él (vamos, que tiene mucha “curtura” porque es “profesó” o “mastro” Ciruela, o lo que sea, que uno ya no está seguro de nada) que, en un medio de comunicación, pretendió enfangar hasta mis antecedentes familiares que, en un alarde de ilustración y “curtura” de la suya, calificaba de “baja estopa”.

Y otro que hoy es alcalde, publicó, con todo lujo de detalles, un tríptico que se repartió por miles de ejemplares en Telde, (por cierto, me gustaría saber de dónde sacaba el dinero para financiar tan caros libelos) en el que se me acusaba a mí y a mis hijos de haber incrementado injustificadamente mi patrimonio desde mi llegada, como concejal, al Ayuntamiento de Telde. Después tuvo, hay que reconocerlo, el detalle de tragarse sus acusaciones, reconocer que era incierto lo que sobre mí se publicaba y pedirme disculpas ante el Juzgado, a través de su abogado, al que envió solo al juicio de conciliación, porque él no tuvo la gallardía de acudir personalmente. ¡Ah! y también accedió a pagarme UN EURO que le solicité como indemnización. Bueno, realmente, aún me lo debe, porque nunca me lo pago.

Dije antes y sigo diciendo ahora que no soy más rico que cuando entré en la política. Que lo poco que tengo lo conseguí con mis esfuerzo y el de mi familia, antes de entrar en la política. Y no solo lo digo yo. La instrucción del caso Faycán me avala, tras la investigación patrimonial de que he sido objeto. Seguro que Uds., como a mí, se les viene a la cabeza el nombre de alguno que otro que, de repente, iba a tener problemillas para justificar el origen de su patrimonio, el de aquí y el de allí (y yo y muchos de Uds.,nos entendemos), si se les pasase por el mismo tamiz.

Ahora que el temporal, al menos de momento, ha amainado, me siento más sosegado. No me siento alegre, porque aún hay compañeros míos sufriendo lo que yo sufrí hasta hace poco. Espero y deseo de todo corazón que sea por poco tiempo.

Y desde ese sosiego, no olvido ni perdono la forma inicua en que fui detenido. En mi casa y delante de mi mujer y de mis hijos. A la vista de mis vecinos. Sin mediar orden judicial para ello. Y con los medios de comunicación, convenientemente avisados, esperando a la puerta. Fue una detención innecesaria y afrentosa que pudo y debió haberse evitado. Vulneró por activa y por pasiva lo que, en materia de citaciones y detenciones, prescribe la Ley de Enjuiciamiento Criminal. Y por lo que está apareciendo estos días en los medios de comunicación, parece ser que no soy el único que piensa así. Si se confirmase las acusaciones del inspector Vargas, instructor del caso Faycán, contra alguno de sus jefes y compañeros, podría decirse, sin temor a exagerar ni delinquir, que mi detención, en la forma en que se produjo, habría sido una canallada, cuyos responsables tienen nombre y apellidos.

Y no me estoy refiriendo a los funcionarios que practicaron materialmente mi detención, cuyo trato profesional y hasta humano para conmigo, habida cuenta de la circunstancia, agradecí entonces y agradezco ahora.

Tampoco me estoy refiriendo al Juez Instructor, que no ordenó mi detención y que, tras apenas diez minutos de interrogatorio, decretó, primero, mi libertad bajo fianza, después rebajó el importe de ésta, luego la suprimió y finalmente, tras la pertinente investigación, me ha exculpado.

Los responsables son otros. Son los que decidieron, ellos sabrán por qué, proceder a mi detención y a la de otros compañeros, en la forma en que se hizo, cuando con una simple citación para comparecer en Comisaría habría bastado. Parece ser en El Día, la Comisaría Jefa ha reconocido que “algunos detalles” de la instrucción podrían haberse hecho “de otra manera”. Si se refiere a mi detención y a la de mis compañeros, mejor que no se canse dando explicaciones. A nadie va a convencer. En este caso, “el detalle” no es anécdota, es categoría.

Por razones que solo ellos saben decidieron practicar las detenciones en la forma en que las llevaron a cabo. Yo soy del campo, pero no de tan arriba. Así es que no se esfuerce en reconocer, a medias, errores. A otro perro con ese hueso. Haberlo pensado antes. Tiempo, ocasión y conocimientos tuvieron. Ahora, que cada palo aguante su vela.

Y responsabilizo también a los que obtuvieron rédito de que mi detención y las de mis citados compañeros se produjeran en la forma en que se produjeron. “Cui prodest scelus, hic fecit”, que quiere decir más o menos, “aquel a quien beneficia el crimen, ese fue el que lo hizo”. El latinajo éste no es mío. Es cosa de uno de mis abogados que le tiene afición al latín. Pero como me gustó la explicación, aquí se la traigo. Cui prodest? ¿A quién benefició políticamente mi detención y la de mis compañeros?. Pues eso. A lo mejor se nos vienen a la cabeza los mismos nombres.

Y a lo mejor, también, con un poco de suerte y dependiendo de los resultados que arroje la investigación de los hechos denunciados por el citado policía, hasta vamos a poder ver esos nombres escritos negro sobre blanco. Y a sus dueños y/o dueñas sentados en el banquillo purgando sus culpas. A todos ellos, ni los olvido ni los perdono.

Tampoco olvido ni perdono a los que, cínicamente, decían compadecerme, porque me consideraba un cadáver político. Ni a ellos, ni a los que se apuntaron a lancearme, muy valientes ellos, cuando me creían muerto. A todos ellos les recuerdo que no estoy muerto. Que aquí me tienen para lo que gusten mandar. Ni les pido que se disculpen, ni aceptaría sus disculpas. Ellos solitos se retractaron. Podría preguntarles: Y ahora ¿qué? Pero ni eso. Sería perder el tiempo y a mi edad, tengo que aprovechar el poco que me quede.

Y por encima de todo, no podré olvidar mientras viva el apoyo de los míos. De mi familia y de las personas (muchísimas más de las que hubiera imaginado) que creyeron en mi inocencia y me confortaron en esta larga travesía. Gracias eternas a todos ellos.

Finalizo repitiendo que esta experiencia me ha enseñado, por encima de todo, a tener la boca cerrada. A callarme lo poco que sé o aquello de lo que me haya podido enterar. Seguí en esto el consejo de mis abogados y no me ha ido mal. Insisto en lo que antes dije: Un hombre vale más por lo que calla que por lo que dice. De ahí lo de que me guardo la malilla.

Y nada más tengo que decir. Esta será, tras mi exculpación, mi primera y última aparición en los medios de comunicación, en relación con este asunto. Lo que tenía que decir, lo he dicho. Y de la misma forma que, cuando me vinieron mal dadas, me mamé la tranca solito (con el apoyo y ayuda de los míos), ahora me niego a dejarme instrumentalizar en guerras de otros. En las guerras medievales, los asaltos a las puertas de la fortaleza se hacía utilizando arietes de pesadas maderas. Ganarán los sitiadores o los sitiados, una cosa era segura: el que acababa siempre astillado era el ariete. Pues bien, no está en mi ánimo ser ariete de nadie. Y el que quiera que lo entienda.

Y si el destino me deparase la oportunidad de volver a asumir responsabilidades públicas, pido a Dios que me dé fuerza y voluntad para perseverar en el propósito que ahora formulo: Que mis obras hablen siempre por mí.

En el pasado he sido censurado (posiblemente con razón, en algunas ocasiones) por la forma en que he expresado mis opiniones. También se me acusó de corrupto, acusaciones éstas a las que ha contestado el auto judicial exculpándome. Pero nunca hubo nadie que me tildase de vago o incompetente en el desempeño de mi cometido. Pues lo dicho, Domingo. Zapatero a tus zapatos. Si vuelvo a la política activa, en el puesto que se me encomiende, será para ser lo único que se hacer bien: servir, trabajar, gestionar. Los discurso, las algaradas y los rifirrafes mediáticos, para otros.

Y que Uds. y yo lo veamos. 

Domingo Ramírez Galindo fue concejal del Partido Popular de Telde.

 

Comentarios

  • Falconis en genitivo
    29/03/2009 - 21:07

    Lo mejor es estar siempre en buenas compaas, y el que se acerca a la hoguera acaba calcinndose las manos. Queda muy claro que en poltica existen siempre los maestros de la triquiuela y los aficionados, a estos les acompaan siempre inteligencias artificiales, qu suerte ha tenido usted de no pertenecer cien por cien al grupo de los amateurs cogidos con las manos en la masa. La justicia le ha sealado como exento de ser parte del oprobio. Qu mejor momento para pasar pgina y dedicarse a prosperar por mejores caminos, cosa legtima. Limtese a ver cmo gobiernan los maestros, porque en Telde jams mandar una mano honesta, llmese como se llame, sea del color que sea.

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  • Ciudadano Kent
    29/03/2009 - 09:01

    Ahora, es cuando es fcil aparecer diciendo que se est de tu lado Domingo, ahora que ha pasado todo, te aparecern amigos desde debajo de las piedras. Me parece totalmente correcta la postura que dices adoptar en lo sucesivo. (Seguro que dos seores que ahora no estn y que fueron grandes amigos, se alegran del desenlace de la situacin, donde quiera que estn). Yo no aado nada a todo ello, slo el mismo silencio e incredulidad que aad en el inicio de todo el caso. Un abrazo.

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  • ana avelino
    28/03/2009 - 16:22

    Don domingo felicitarle por ser uno de lo tres que escaparon, de los treinta y site que quedan imputados.Todos los que le conocemos a usted sabemos de su" intachahabilidad " hombres como usted nesecita Telde,pero con la vista mejor revisada ,pues usted que siempre ha sido avispado para los negocios ,para donde miraban mientras tanto.Esto en vez del PP,parecia la ONCE porque mientras a los ciudadnos no se les escapaba detalle ustedes ,tan contentos silbando, de corazon lo felicito y siento lo mal que usted lo ha pasado no vuelva a la politica y se quita usted de disgusto,pero parece que a esto no se porque ,les siguen cogiendo el gusto,Su enunciado esta perfectamente de acuerdo con los ciudadanos.No olvido ni perdono.Nostros tampoco don Domingo faltaria mas y de la malilla que hace gala mal esta aclararlo NO PERDONE PIDA PERDON POR SUS COMPAEROS IMPUTADOS.

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  • Antonio Rafael
    28/03/2009 - 13:40

    Demostrado. Le encanta la notoriedad. Telde tiene unos 100.000 habitantes, pero los que llevamos en la ciudad de los faycanes ms de tres dcadas, nos conocemos todos, y sabemos de que pata cojea cada uno. Como Bien dice Zapatero a tu zapatos; pone de manifiesto que los percances le ha hecho amigo de los "juegos de palabras" las que en su da tanto le molest y le molestan. Sin acritud.

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  • ANGELOSA
    28/03/2009 - 13:12

    Siempre me parecio usted muy prepotente, y nunca nos llevamos bien, pero ahora me doy cuenta de q era yo quien estaba equivocada, y desde aqui le pido perdon, porque este discurso o aclaramiento, me ha abierto los ojos, y me ha parecido muy humano, ademas le doy la razon en todo porque a la vista esta q la tiene, totalmente.. le deseo toda la suerte del mundo y mucha fuerza para tirar hacia adelante, y con la cabeza muy alta..

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  • Zenaida amador
    28/03/2009 - 11:51

    Se que tiene edad suficiente para tomar sus desiciones, pero quiere una recomendacin, olvide y persone, porque usted ser el nico que sufrir las consecuencias don domingo, solo mire al futuro con optimismo, estese tranquilo, que todos acabaremos en nuestro lugar, les guste a algunos o no. Nos queda pendiente conocernos y hablar. Le felicito nuevamente.

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  • Sensato
    28/03/2009 - 10:36

    Los discurso, las algaradas y los rifirrafes mediticos, para otros... Sr. Ramrez a caso se refiere con stas insinuaciones a paco santana? Pues ss que me parece serio Domingo Ramrez, si en realidad reprueba el comportamiento meditico del rehn de radiobasura.

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