20/04/2008 - 12:44

Sectarismo mediático: El silencio de los corderos

Carlos J. La Chica-Pareja

Carlos J. La Chica-Pareja
No se me entienda mal, no soy anti–libertad de expresión. Soy anti - totalitarismos mediáticos, populistas, demagogos e injuriosos. Porque me molesta aquél que tamiza todo a través de un solo prisma, siendo incapaz de abrir las orejeras ante el morral político que le da de comer, partidista y sectario como es. Porque me molesta el insulto fácil y chabacano, el ataque sistemático y continuo a la esfera de lo personal e íntimo, amparándose en una libertad de expresión transformada en verdugo del derecho al honor y a la propia imagen. Porque me molesta, en definitiva, que se atente a diario contra la inteligencia de la ciudadanía, queriéndonos hacer ver lo blanco negro y lo negro blanco, escudándose en una libertad de información mal entendida y tergiversada.

Estos profetas del micrófono y la pluma, estos “gurús” de vía estrecha, están corrompiendo al sistema de forma absoluta y a poco que se lo permitamos, acabarán convirtiendo la libertad y la democracia en una mera y ridícula apariencia. Tenemos que volver a recordar los principios básicos de la democracia, un sistema que no busca el que todos estemos de acuerdo sino el hacer posible la convivencia en desacuerdo, a través de un diálogo permanente. En la democracia hay que hablar mucho y si es preciso, demasiado, e incluso más y hay que partir de la base de que en temas controvertidos nadie puede tener ni la razón ni la verdad absoluta.

Pero hablar no es insultar. Para criticar la gestión de cualquier persona no hace falta acudir a la soecidad y mucho menos cuando tratan de hacernos comulgar con ruedas de molino, queriéndonos hacer tragar comentarios burdos y zafios como ingeniosos y socarrones. A mi particularmente no me importa si un político es mas gordo o más flaco, si es calvo o melenudo, cojo, tuerto o tartamudo, si le huelen los pies o si se lleva peor o mejor con su santa esposa; lo que realmente me interesa es saber si está gestionando bien o mal los intereses públicos que el pueblo le ha confiado. El resto me sobra.

Hoy por hoy el “vale todo” se ha convertido en algo distintivo, porque se piensa que así se obtiene audiencia. Se está primando la rareza sobre lo esencial. De esta manera, algunos medios optan por inclinarse al sectarismo porque tienen la convicción de que es una forma de hacerse con las audiencias, pero han olvidado que en la medida en que no depuran sus contenidos y no facilitan una versión descontaminada de los intereses añadidos, están intoxicando y yo diría que hasta corrompiendo a la opinión pública, propiciando la instigación del odio y del enfrentamiento.

Estamos viviendo un momento histórico donde los cambios sociológicos están incidiendo en la creciente complejidad de las comunidades humanas, lo cual impide de raíz respuestas y comportamientos intelectuales simplistas. Necesitamos gente dispuesta a pensar "ex novo". No debemos permitir que cuatro “cachanchanes” demagogos, incapaces de representarte a sí mismos, nos sigan condicionando, inculcándonos una inmensa cantidad de ideas manipuladas, sobrepasadas y estériles. Tenemos que educarnos a vivir sin asideros dogmáticos rígidos. Creo que ello es posible y puede que hasta reconfortante.

No debiéramos olvidar nunca que nosotros, los ciudadanos de a pié, somos los receptores en última instancia de la producción de los medios de comunicación, y estamos en lo obligación de añadir en el proceso de interpretación, nuestras propias ideas y posturas, impidiendo el que aunque en ocasiones se nos quiera dirigir y exaltar con ciertos relatos, ello no signifique necesariamente que el mensaje ideológico atraviese la piel de nuestras convicciones. Demostrándoles en definitiva a estos falsos informadores, que no somos un redil de corderos dispuestos a inmolarnos en la pira de su ignominia.

Carlos J. La-Chica Pareja es abogado del Ilustre Colegio de Las Palmas y profesor de la Academia Canaria de Seguridad.
 
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