Las fiestas de junio

Antonio María González Padrón

Las fiestas de junio
Procesión de San Juan, en una imagen de archivo/Archivo.
Antonio María González Padrón

Desde que comenzó la primavera, allá por los días de abril, ha pasado algo más de mes y medio y se han ido sucediendo diferentes festividades.

 

Solo en mayo hemos tenido, entre otras, el día de San José Artesano (Primero de mayo) Nuestra Señora de Fátima (día 13) San Isidro Labrador (día 15) Santa Rita (día 22) María Auxiliadora (día 24) y San Fernando (día 30). La característica principal de todas ellas es la profusión de flores con que se adornan altares y tronos, pues no en vano la naturaleza se renueva de forma más que evidente en esta estación del año.

 

Ahora es llegado el mes de junio y hasta el día 21 sigue siendo primavera. Aunque por estos lares ya gozamos de días casi estivales, lo que permite a propios y extraños, disfrutar de nuestras playas como si no hubiese un mañana. La situación del litoral teldense a solo cinco kilómetros de la ciudad y a menos de trece de la capital de la Isla, le hacen ser elegido como lugar de disfrute para cientos, miles de personas. Nuestras playas, bien abrigadas y sin excesivos peligros, son lugares idóneos para el esparcimiento, en donde no faltan accesos bien planificados, duchas, aseos, etc. Por todo ello, año tras año, la Unión Europea reconoce sus excelencias dotándolas de flamantes banderas azules.

 

Ahora hablemos de otras cosas. Echemos un vistazo sobre las festividades de este mes. Comienza el mismo con una conmemoración cristiana de fecha variable, nos referimos al Corpus Christi. Aquí se muestra en todo su esplendor el ingenio de los creyentes y no creyentes a la hora de confeccionar las consabidas y populares alfombras callejeras. Cuando éramos sólo unos niños, hace de ésto entre cincuenta y cinco o sesenta años, estábamos deseosos de ser elegidos para la confección de uno de esos tapices. Dos barrios de nuestra ciudad competían abiertamente por ganar un concurso que jamás fue oficial. El señorial Barrio de San Juan y el mercantil de Los Llanos de San Gregorio se volcaban en la creación de alfombras de serrín y sal, aunque algunas cuantas se hacían con pétalos de las más diversas flores y césped cortado en menudito.

 

No es porque este Cronista sea del Barrio de Arriba, es decir de Los Llanos, pero tanto en extensión como en confección, nuestras alfombras eran las mejores. Los vecinos, ayudados por un guardia municipal, se distribuían los espacios asfaltados y empedrados de nuestras principales calles, a saber: Juan Diego de la Fuente, Ruíz, General Franco y Plaza de San Gregorio. El agente marcaba con una tiza las rayas o límites que ponían frontera entre las diferentes alfombras, dejando muy poco espacio entre unas y otras. Las más bellas eran las realizadas por La Acción Católica, la Adoración Nocturna, la OJE (Organización Juvenil Española), los Boys Scouts, el Colegio María Auxiliadora y también la del Colegio Labor.

 

La más espléndida y mayor en superficie era la que se realizaba entre la Parroquia Gregoriana y el M.I. Ayuntamiento de Telde en la Plaza del Barrio, siguiendo fielmente el diseño, que previamente había realizado sobre cartón nuestro querido y admirado José Arencibia Gil. Algunas familias de la zona buscaban acomodo entre las alfombras anteriormente mentadas, así las hijas de don Antonio Ramírez, comerciante del ramo de la electricidad, confeccionaban su propia alfombra, los herederos de don Gabino Guerra también y nuestro amigo Ignacio, verdadero artista de la decoración floral, ponía sumo cuidado en el tapiz que realizaba año tras año entre su casa familiar y la carbonería de su padre. En ésto de las alfombras destacaron los hermanos Manolo y Justiniano Rodríguez Guerra, hacedores de la ya nombrada alfombra de La Plaza de la Iglesia.

 

No se crean ustedes que era cosa de broma. En fechas anteriores a Corpus había que comprar todo lo necesario para la confección de esos tapices urbanos. Se elegían con sumo cuidado las flores para deshacerlas y tener pétalos suficientes de los más diversos colores y texturas. Y también se adquirían cantidades ingentes de serrín, que previamente tenían que ser teñidos con toda una paleta de colores, reservando el negro y marrón para el picón (lapilli volcánico) y el inmaculado blanco para la sal marina. Todos esperábamos con verdadera expectación y devoción el paso del Santísimo en su Custodia de plata sobre dorada y desde balcones y ventanas se lanzaban cientos de flores en tributo al Rey de los Cielos. Esta procesión era con mucho la mejor y más sentida de Los Llanos y a nivel de la ciudad, solo podía igualársele a la del Santísimo Cristo de Telde que salía allá por el catorce de septiembre, desde su Santuario en la Iglesia Matriz de San Juan Bautista.

 

El día trece de junio se celebra San Antonio de Padua. Y tenemos que lamentar que ya no se hace como antaño, pues algunas de las tradiciones se han ido olvidando. Tal vez, lo más característico eran las hogueras que se prendían en todo el entorno de la ciudad. Todo aquel que podía hacía su pequeño o gran acopio de maderas varias y cuantos elementos inflamables pudiera tener a mano y, tan pronto llegaba la oscuridad de la noche del día doce, se podían ver por aquí y por allá las hogueras de San Antonio. El día del Santo de Padua en todas y cada una de las panaderías se confeccionaban pequeños panecillos, que antes de ser donados gratuitamente a la feligresía, habían sido bendecidos por los respectivos Señores Curas Párrocos. Cerca de nuestra casa familiar se hallaba la emblemática Panadería de los Pérez. Allí, su propietario don Antonio Pérez, con todo el respeto, conocido por Antoñito, entregaba uno a uno, centenares, si no miles de panecillos con la advertencia que no eran para comer, sino para ser guardados en la despensa, como símbolo de la benevolencia del Creador y la firme creencia de que ese pan bendecido era la garantía de que estaríamos bien abastecido de comida durante todo el año en curso.

 

No debemos olvidar que Telde, la ciudad y su comarca, estaba bajo el signo y las enseñanzas catequéticas de la Orden Franciscana. Las principales iglesias de esta zona siempre contaban con una imagen de San Antonio y en todas las familias se rezaban jaculatorias en honor a éste, a la vez que se le pedía protección para evitar el hambre, tan temido. Así, los más pequeños de la casa aprendieron en sus años de más tierna infancia, la siguiente oración: San Antonio bendito/ tiene un niñito/ que ni come ni bebe/ y siempre gordito.

 

Por otro lado, San Antonio era patrón de las jóvenes casaderas, quienes acudían al Santo a pedirle un pronto enamoramiento y también un cercano matrimonio. En el barrio de El Tabaibal, a las puertas mismas de la hacienda-cortijo conocido como de las Tres Suertes, se había erigido, en pleno siglo XVIII, una ermita o casa de oración para el Santo. La obra contó con los dineros y el Mayorazgo de la familia Castillo-Olivares, que allí desde entonces, tuvieron sagrada sepultura. Tanto influyó el pequeño templo en la vida cotidiana de los lugareños que pronto desterraron el topónimo de El Tabaibal, trocándolo simplemente por San Antonio. Aunque en fechas más o menos recientes, se han combinado los dos y ahora no son pocos los que dicen o escriben San Antonio del Tabaibal.

 

Una aclaración: cuando la familia De la Nuez vende la hacienda de las Tres Suertes, llega a un acuerdo con el Ayuntamiento de Telde por el que se le entrega a éste las casas, almacenes, bodegas, jardines, etcétera, Y en este etcétera incluyeron algo que no era de ellos sino de la Iglesia Católica, nos referimos a la anteriormente mentada ermita. Ellos heredaron el Patronazgo de la familia Castillo-Olivares, lo que les obligaba a mantener el culto en ese lugar, así como sufragar los gastos de su fábrica y mantenimiento. Por esto este Cronista ya advirtió a nuestras autoridades que se había cometido un fraude de Ley, pues se firmó el documento de donación, aceptando la misma y haciendo registro de ella como propiedad del Ayuntamiento. Aquí queda dicho por undécima vez para que nadie se preste a engaño.

 

El día veintiuno de este mes la Iglesia Católica celebra la subida al Cielo de un joven jesuita italiano de noble familia, San Luis Gonzaga. Su imagen dotada de una belleza nívea, lo representa como el eterno mozalbete imberbe. De ahí que surgiera la expresión ¡Más bonito que un San Luis! Dicha por todos, cuando un joven poseía una belleza rayando la perfección estética. En la fecha antes indicada comienza el verano oficialmente. De ahí que sea fácilmente recordable.

 

El veinticuatro de junio nos prestamos a conmemorar el nacimiento de San Juan Bautista. Son fiestas principales en Telde y otras localidades tales como: Arucas, Tenoya y Tenteniguada.

 

La gubia del imaginero orotavense Fernando Estévez, creó para los teldenses una magnífica talla, en donde el barroco y el neoclásico se entremezclan para dar con la clave de una belleza fuera de lo común. La actual imagen del copatrono de la ciudad no es la primera que hubo. En otro lugar hemos escrito sobre ello, aquí solo reflejar que es la cuarta que ocupa el Altar Mayor de nuestra Iglesia Matriz.

 

Al ser fiestas principales y coincidir con el Bellesmen o Beñesmen (fiesta de la recolección del pueblo canarii) esta festividad tiene mucho de mágica y así en las vísperas por la noche se prenden múltiples hogueras, entre las que destaca la llamada del Ayuntamiento, en el cauce central del Barranco Real, muy cerca del famoso Puente de los Siete Ojos, en la antigua entrada de la ciudad. Antes de la procesión del Santo por las calles del Barrio Fundacional, se celebra una bien nutrida feria de ganado y demás animales domésticos, que puede ganar o perder prestancia según el año y las ganas de autoridades y ganaderos. También se levanta casetas de feriantes en las inmediaciones de El Cubillo, aunque antiguamente se hacía en la Plaza-Alameda de San Juan y en el periodo de los años sesenta-setenta, también estuvieron ubicadas en El Quinto.

 

Para concluir este repaso por las festividades de junio, vayámonos hasta El Ejido y allí celebremos al Apóstol San Pedro, primer Papa de la Iglesia Cristiana. La imagen del Santo comparte patronazgo con Nuestra Señora del Carmen. Si hay una constante en todas o casi todas las fiestas de este mes, esas son las hogueras, pues no en vano a San Pedro y a San Pablo se les felicita con enormes piras de fuego candente en sus vísperas. Así, el veintiocho por la noche aparece de nuevo iluminado el cielo teldense. Y el veintinueve, el Santo, con las llaves del Cielo en las manos, recorre ese popular barrio teldense.

 

Sobre las fiestas tendenses en general, existe un largo artículo en el Anuario Crónicas de Canarias del año 2017. Allí tienen cumplida información mucho más detallada, para regocijo de todos.

 

Las fiestas en general son periodos de asueto y convivencia, en donde creyentes o no se dan en ser felices por unos días, renovando así amistades y cordialidades.

 

Antonio María González Padrón es licenciado en Historia del Arte, cronista oficial de Telde, Hijo Predilecto de esta ciudad y académico correspondiente de la Real Academia de la Historia.

 

Enviar Comentario

X