01/02/2020 - 11:14

Romance a González Ruano

Ismael

Romance a González Ruano
José Luis González Ruano (Foto TA)

Don Luis, tu mirada rasgada,

azul azulia en blanca nube,

la voz, si tranquila, aún sonora,

tu altura atenta y amable.

 

Tú ya no podrás prestarla:

dijeron que te mandaste

a mudar hace unos días

y que no vuelves, como antes.

 

Si pudieran tras la muerte

ser los hombres animales

–así cantaba que ocurre

aquel sulmonense vate–

te imagino convertido

en uno nómada imparable:

reptando aquí algún callao

oteando allá un paraje;

o, cansado del guineo,

convertido ya en paisaje

hambriento de pasteles

de risco y arvejales.

 

Y si alguien despistado

buscando no te encontrase

habrá que decirle “Busca

mejor, por si no lo sabes:

que Ruano es ahora flor

entre verdes acebuches;

alisio que cae al vacío

de lo más alto de Telde

–vértigo caer que llaman

Caldera de los Marteles–;

y volando las alturas

ala dura de alta ave,

el nombre de su barranco

llamando con trino y gayre;

o quizá pulsión de agua

que bufa, arriba, al aire,

tras soplar la angosta roca

en la costa garitense;

caminante que persigue

la vieira y su pasaje

que bajando hasta Gáldar

subió desde Tunte antes;

que es ahora siete islas

indígenas y salvajes

que aún existen aquí

aunque ya nadie las guarde.

 

Es, en fin, palabra y verso,

escrita a ritmo de sales

es de tierra, de camino,

es de luz, de sol y aire;

palabra nunca perdida

si leemos en sus viajes

que es siempre herencia viva

de un viajero inexpugnable”.

 

Así figuro no duela

tu ausencia interminable...

Luis, tú encendiste en nosotros

la mirada del paisaje

algo crudo, o místico,

algo vivo, o histórico,

mesturado, parte y parte;

la posibilidad de una isla,

hondura de cada detalle,

viaje imposible al comienzo

y vida de los volcanes.

 

Ya marchado, te seguimos,

sigue andando, no te pares,

alegre nos vamos contigo

de nuevo empieza el viaje.

 

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